Al mal tiempo: el asado está listo

Al mal tiempo: el asado está listo

El asado está listo. Los tres amigos tienen todo dispuesto pero el compadre pide unas palabras.

“En El Eternauta, hay una escena inquietante: el ‘mano’ contempla objetos humanos con una mezcla de fascinación y extrañeza. Es una mesa cualquiera, con un sifón y una cafetera. Lo que para nosotros es trivial para él es maravilla. No sólo porque sean técnicamente complejos, sino porque condensan siglos de cultura, historia y sentido sin que quienes los usan reparen en ello.

“Ese es el punto filosófico fuerte: lo cotidiano no nos asombra porque está demasiado cerca. La infraestructura que sostiene nuestra vida se vuelve invisible por repetición. Quisiera hablar antes de empezar acerca de la soda y el hielo que trajo aquí nuestro amigo.” Se sintió una risa de gastada.

“La soda, convengamos, no reclama el protagonismo de la escena; más bien la sostiene. “Más claro echale soda” no es un dicho casual Esta paz suya se pone a prueba al mezclarse con el vino. En esa asimetría, el vino aporta carácter y la soda función. La mezcla no es necesariamente destrucción del sabor; es reducción de densidad. Pero seamos honestos: el debate sobre el vino con soda es una discusión moral disfrazada de gusto. Porque, y este es el punto, hay vinos que no merecen ser sodeados y sodas que no merecen ciertos vinos.”

Como saben, desde el punto de vista técnico, la persistencia del gas ha generado mitos y soluciones ingeniosas. La primera idea fue una obra de arte: aquí se conoce como la Chinchibirra. Era una soda limonada de los años del ñaupa, que no se abría de afuera para adentro, sino que tenía una bolilla que había que apretar. Se rellenaba en fábrica con sólo equilibrar las presiones y un golpecito de gas. Cuando paraba entonces la botella se levantaba el bolillón. ¿Genial no? Después claro el sifón, una genialidad.

“Vamos a la otra ofrenda del amigo, el hielo” agregó con una enorme sonrisa, “ el hielo es otro milagro que naturalizamos. Durante milenios fue privilegio monárquico o accidente geográfico. Frederic Tudor, el ‘Rey del Hielo’, cortaba bloques del lago Wenham y los mandaba a la India. De ahí el gran comienzo de ‘Cien años de Soledad’ desde luego. El hielo se cosechaba. Hoy tenemos hielo rollito, con agujerito central para aumentar superficie de contacto y eficiencia térmica. Termodinámica popular.”

¡Qué decir de los avances en términos enológicos…! ¡Desde el vino a granel que viajaba en trenes hasta este merlot tope de gama que traje hoy, hay siglos de evolución!

Aplausos breves. Hambre. Entonces viene el remate. “Ahora vos Pitola decime una cosa: si Pepe hizo semejante asado y yo traje dos vinazos, ¿cómo puede ser que vos sátrapa al que sólo pedimos hielo y soda, traigas cinco descartables de hielo de pescadores compradas en la ruta y dos sodas caliente con tapa a rosca?”.

En medio de las carcajadas, el aludido se levanta, rompe la botella congelada contra el piso, la descuartiza y rescata una porción significativa de Groenlandia, que deposita con solemnidad en el vaso del gran vino. La da vuelta con el dedo hasta que calza. Luego toma la botella de soda, la da vuelta y la abre apenas, dejando que el líquido salga, recorra la tapa inmunda y caiga en el vaso como una fuga de agua mal tapada por un trapo atado. Brinda y dice:

-A ver si El Eternauta se da tanta maña.

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