La investigación abre nuevas puertas en la enfermedad arterial

La investigación abre nuevas puertas en la enfermedad arterial ARCHIVO
Hace 7 Hs

Juan L. Marcotullio

marcotulliojuan@gmail.com

Durante décadas aprendimos a convivir con una idea casi incuestionable: cuando una arteria se obstruye de manera severa y el problema progresa, no queda más remedio que abrirla. Bisturí o metal. Angioplastia con stent o cirugía de bypass. Estas herramientas, verdaderas conquistas de la cardiología moderna, han salvado y siguen salvando millones de vidas.

Como cardiólogo, y desde la experiencia personal, esta fue la realidad cotidiana con la que convivimos durante décadas. Desde los años 80, cuando comencé mi formación, hasta nuestros días, una obstrucción arterial significativa encontraba su solución fundamentalmente en la intervención mecánica: dilatar la arteria, colocar un stent o realizar un bypass. Ese fue, y sigue siendo, el camino correcto en innumerables situaciones clínicas.

Por eso resulta particularmente llamativo que hoy la medicina comience a explorar nuevas preguntas. En enero de 2026, un grupo de investigadores del Washington University School of Medicine de St. Louis publicó en la revista “Science” un trabajo experimental que propone una mirada diferente sobre la enfermedad arterial. Se trata de una inmunoterapia capaz de reducir la placa arteriosclerótica en modelos animales, una línea de investigación que, de confirmarse en el futuro en seres humanos, podría abrir un nuevo horizonte terapéutico.

La placa arteriosclerótica no es un simple depósito de grasa adherido a la pared de la arteria. Es una lesión viva y dinámica, en la que participan lípidos, células inflamatorias, componentes del sistema inmune y una compleja red de señales bioquímicas. Por ello, desde hace algunos años, la arteriosclerosis dejó de entenderse solo como un problema metabólico para ser considerada también una enfermedad inflamatoria e inmunológica.

Partiendo de esta concepción, los investigadores trabajaron de manera experimental con fármacos capaces de reducir o modificar las placas arteriales sin recurrir a procedimientos invasivos. El fundamento de este enfoque es que la placa contiene células del sistema inmune, lo que abre la posibilidad de intervenir sobre ella de manera similar a como hoy se hace en enfermedades autoinmunes o en la oncología moderna.

Placas más estables

En los modelos animales se utilizaron anticuerpos diseñados para actuar sobre células específicas de la pared arterial. Los resultados mostraron una disminución de la carga de placa y de la inflamación local, junto con una mayor estabilidad de la lesión. Este último aspecto es especialmente relevante, ya que las placas más estables tienen menor probabilidad de romperse y desencadenar eventos cardiovasculares agudos.

Es fundamental ser claros y prudentes. Estos tratamientos no están disponibles aún para su uso en seres humanos ni reemplazan a las terapias actuales, como la angioplastia o el bypass, que continúan siendo pilares fundamentales del tratamiento de la enfermedad coronaria. Se trata de investigaciones en etapas iniciales. Sin embargo, quienes trabajamos desde hace años en el campo de la cardiología recibimos estas noticias con genuino beneplácito, porque amplían el horizonte y nos invitan a pensar en nuevas estrategias para el futuro.

Nada de esto invalida los principios clásicos de la prevención cardiovascular. El estilo de vida cardiosaludable, una alimentación adecuada, la actividad física regular y el control de los factores de riesgo, sigue siendo la base insustituible.

Pero estos nuevos desarrollos obligan a revisar una idea arraigada durante siglos: la de pensar a las arterias como simples cañerías que se tapan con el paso del tiempo. Hoy sabemos que el proceso es mucho más complejo. Inflamación, inmunidad, biología celular y años de exposición a distintos factores confluyen en la enfermedad arterial. La investigación científica abre nuevas puertas y plantea preguntas que, hasta hace poco, parecían impensadas. Como tantas veces en la historia de la medicina, será el tiempo, y la ciencia, quien termine de responderlas para el bien de la humanidad toda aunque con seguridad provendrá de Occidente y/o EEUU.

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