Sexualmente hablando: mejores opciones

Sexualmente hablando: mejores opciones

Desde hace unos años el término FOMO (acrónimo de “fear of missing out”, es decir, “miedo a perderse algo”), acuñado por el autor estadounidense Patrick McGinnis, se ha incorporado al lenguaje corriente. Describe una sensación de malestar, generada principalmente por el uso de las redes sociales: al ver las publicaciones de otros y compararnos, podemos sentir que los demás están viviendo todo tipo de experiencias excitantes y que nosotros… hemos quedado afuera.

En la misma línea -obra de McGinnis también- ha surgido otro acrónimo: FOBO (“fear of better options” o “miedo a mejores opciones”). Se trata de un fenómeno social, muy actual, que alude a la ansiedad -y a menudo, parálisis- que produce el hecho de tener demasiadas opciones. Lo que nos lleva a dudar acerca de qué decisión tomar, por miedo a equivocarnos o no estar advirtiendo la existencia de una alternativa más perfecta. Esto conduce a una sensación de insatisfacción y, por supuesto, a la postergación en la toma de decisiones (procrastinación mediante).

El FOBO puede afectar nuestros pequeños dilemas de cada día (qué película ver, de qué color pintarnos las uñas, cuáles fotos borrar del celular), pero también se manifiesta en las elecciones importantes (respecto al trabajo o a una relación de pareja, por ejemplo). La pregunta que ronda siempre es… ¿y si existe algo mejor?

Mal de ricos

McGinnis explica: “El FOBO no es nada nuevo. Durante mucho tiempo, las personas han reflexionado sobre decisiones importantes en la vida, como casarse, aceptar un trabajo o comprar una casa, con la esperanza de encontrar una opción ligeramente mejor o radicalmente mejor. Hoy, con tantas opciones, no sólo intentamos optimizar con quién nos casamos o dónde trabajamos o vivimos, sino que intentamos optimizar casi todos los aspectos de nuestra vida y dedicamos una cantidad excesiva de tiempo y energía en el proceso”.

Está claro que, como reza el dicho, “elegir es renunciar” y aquí radica la obsesión de los que padecen FOBO… no quieren perder. Mientras exista la posibilidad de algo mejor, no están dispuestos soltar. Y a más de uno, obligado a elegir, lo invadirá luego cierto arrepentimiento y la falta de confianza en haber hecho lo correcto. Un infierno.

Pero eso sí, un infierno exclusivo de los privilegiados. “FOBO es una aflicción de riqueza -sostiene McGinnis-. Para tenerlo debes tener opciones. Entonces, cuanto más rico eres, más poderoso eres, más opciones tienes”.

Lo perfecto…

La forma de superar este sesgo limitante es, ni más ni menos, enfocarse en lo “suficientemente bueno”. Ya lo dice el refrán popular: “lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Y es que postergar ciertas decisiones también es una forma de decidir y estas dilaciones suelen tener su impacto negativo, entre otras cosas, por el estrés que provocan y por la pérdida de tiempo y energía que suponen.

Se trata entonces de aceptar que es imposible contar con la información -total y completa- que nos permita tomar aquella “mejor” decisión con la que fantaseamos, cualquiera sea el asunto.

“Nunca se puede predecir lo que va a pasar”, dice McGinnis. “Se toma la mejor decisión posible y luego se reconoce que el futuro contará su propia historia”, añade. Y, como casi todos lo hemos comprobado, lo que ocurre suele resultar mejor de lo que podíamos anticipar.

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