Tras las rejas también hay espacio para el romance

Tras las rejas también hay espacio para el romance

Protagonistas de algunos de los casos policiales más resonantes de este siglo formaron pareja en prisión. Cómo son las relaciones en contexto de encierro.

CONTRA TODO. Susana del Carmen Acosta y Marcos Daniel Fernández (antes Susana del Valle) contrajeron matrimonio en el penal de mujeres. CONTRA TODO. Susana del Carmen Acosta y Marcos Daniel Fernández (antes Susana del Valle) contrajeron matrimonio en el penal de mujeres.

Una prisión tucumana es lo más parecido a un infierno. El hacinamiento y la violencia forman parte de ese mundo rodeado de altos muros y cuyos límites no son imaginarios, ya que están impuestos por los barrotes y las puertas cerradas con candados. Aún así, hay lugar para el amor. Algunos nacen en contexto de encierro, otros perduran con el paso del tiempo y hay muchos que terminan consolidándose en ceremonias civiles y religiosas que van generando entre los internos más o igual alegría que las visitas conyugales.

Protagonistas de los crímenes más resonantes registrados durante este siglo en Tucumán terminaron casándose o formando pareja detrás de las rejas. Pablo “El Loco” Amín fue condenado a cadena perpetua por el femicidio de su pareja, María Marta Arias, (octubre de 2007). En los últimos días de diciembre de 2018 Amín contrajo enlace en el penal con la mujer a la que había conocido en los días de visita. En la actualidad siguen unidos y tienen una hija en común.

OTRO CASO. El santiagueño Pablo Amín se casó y tiene una hija. OTRO CASO. El santiagueño Pablo Amín se casó y tiene una hija.

El caso de Carlos Conti es bastante particular. El joven, condenado a perpetua en 2004 por el homicidio de los remiseros Claudio Pereyra y Carlos Salazar, también se enamoró en contexto de encierro. Su caso es llamativo por una razón: eligió a la pareja de su compañero de celda.

Conti, ex estudiante universitario, y Amín, tal como lo indican las normas, comenzaron a gozar de salidas transitorias. Ambos visitan a su pareja cada vez que abandonan el penal de Villa Urquiza para reafirmar vínculos y pensar cómo será la vida una vez que recuperen la libertad.

Marcos Daniel Fernández (antes Nélida del Valle) y Susana del Carmen Acosta eran pareja antes de que asesinaran a la docente Ángela Beatriz Argañaraz en julio de 2006. Mantenían la relación oculta para evitar que la sociedad les diera la espalda. En diciembre de 2009 recibieron la condena a 20 años de prisión. En 2013, en una ceremonia realizada en la cárcel de mujeres, contrajeron matrimonio. Liliana Argañaraz, hermana de la víctima -cuyo cuerpo nunca pudo ser encontrado-, dijo que con ese acto terminaron de sellar un pacto de silencio que se mantiene.

“El contexto de este caso fue muy complicado por la mirada excesivamente prejuiciosa que existía en esos momentos”, explicó el defensor de las condenadas Gustavo Morales. “Actualmente, con matices menores, sigue reinando esa perspectiva en la sociedad”, destacó. El profesional indicó que gracias a los cambios legislativos Marcos y Susana pudieron contraer matrimonio. “No hubo ningún pacto de silencio, ellas decidieron convertir esa historia de amor en una unión conyugal. Como defensor y como miembro de la sociedad, celebro que esa relación no sólo se haya mantenido con el paso del tiempo, sino que pudo prolongarse con una hija y, recientemente, un nieto”, apuntó.

Más recientes

Hubo otros dos casos que sirven para demostrar que los muros de una prisión no pueden frenar el amor. Esteban Balvi fue condenado a perpetua en julio de 2003 por haber asesinado a su mujer Ana Beatriz Maza. Según la investigación, Balvi golpeó a su pareja cuando transitaban por la ruta 38 en un camión. A la altura de la localidad de Rumi Punco la tiró al pavimento y la arrolló con el pesado vehículo.

Al tener una conducta ejemplar, Balvi pudo ingresar a una cooperativa de trabajo que funciona en la cárcel de Concepción. Cuando realizaba esa tarea conoció a una mujer con la que, según sus cuidadores, “pegó onda”. Se casaron hace menos de dos años en la unidad penitenciaria.

Jimena Fernández está acusada, junto a su ex pareja Miguel “Miguelón” Figueroa, del homicidio de Ramiro Ledesma, ocurrido en marzo de 2021. Por estar esperando y por haber tenido un hijo del supuesto narco, a ella le otorgaron el arresto domiciliario. La imputada violó ese beneficio para visitar a su ex pareja en el penal de Villa Urquiza. “Quedó demostrado que lo hizo bajo presión. La había amenazado con matarla y atacar a toda su familia si no lo visitaba en la cárcel”, señalaron los defensores de la joven, Camilo Atim y Florencia Abdala.

Desconocidos

El director del Servicio Penitenciario, Antonio Quinteros, informó que anualmente se realizan entre 25 y 30 casamientos en las unidades penitenciarias de la provincia. “Tienen que pedir autorización y si cumplen con todas las disposiciones no sólo lo autorizamos, sino que lo alentamos”, explicó el funcionario. Explicó que un juez de paz realiza las uniones civiles en el interior del penal y luego se casan por la religión que cada uno practica. “Siempre es motivo de alegría para ellos, para sus familiares y para el resto de la población”, acotó el comisario retirado en una charla con LA GACETA.

La jueza de Ejecución Alicia Merched fue categórica. “Es muy importante que los internos se casen. Forma parte de su rehabilitación. Está demostrado que es muy beneficioso porque formar una familia les da otra visión de la realidad. También baja en ellos el nivel de agresividad”, sostuvo la magistrada.

Los que pocos conocen es que también hay relaciones intercarcelarias. Actualmente hay cuatro parejas que siguen con su relación a pesar de que están privados de su libertad. Periódicamente, los hombres son trasladados desde Villa Urquiza a la cárcel de mujeres o viceversa para que puedan verse. Pasa lo mismo con un detenido que está alojado en la seccional 3ª.

Jorge Luis Borges, condenado por el crimen del profesor de tenis Pablo Aiziczon, cursa dos carreras universitarias en simultáneo y hasta el año pasado visitaba a una mujer que cumple condena por el mismo delito.

Hay otros casos particulares. Dos internas de la cárcel de Mujeres no sólo tienen un permiso especial para estar más cerca, sino que además ya iniciaron las gestiones para casarse legalmente.

Un problema

La crisis carcelaria también atenta contra las visitas conyugales, antes llamadas visitas higiénicas. Solo tres unidades cuentan con un espacio para que los internos se fundan en la pasión. En los otros establecimientos los internos mantienen relaciones sexuales en celdas comunes (ver nota aparte).

“Estos encuentros íntimos son responsabilidad de las autoridades del Servicio Penitenciario, nosotros debemos controlarlos”, comentó Merched. “De todas maneras no consideramos prudentes que sucedan en espacios comunes. Hay numerosos antecedentes de crímenes cometidos en estas circunstancias en todo el país, no sólo en nuestra provincia”, agregó la magistrada.

En Tucumán, según pudo establecer LA GACETA, se registraron dos femicidios. En 2001, en la cárcel de Concepción, Marcelino Cárdenas mató a su pareja por una supuesta infidelidad. Y en 2016 se registró en Villa Urquiza uno de los casos más aberrantes de los últimos años.

Henry Coronado, que esperaba ser enjuiciado por haber acabado con la vida de su ex mujer, mató a la pareja de esos días y luego se quitó la vida. Los internos aún recuerdan esa tragedia. “El hijo en común de la pareja quedó a nuestro cuidado durante varias horas hasta que vinieron a retirarlo sus familiares. Nunca más supimos de ellos”, indicó un detenido.

Pero más allá de estos capítulos negros, hay más historias de amor que seguramente serán títulos cuando terminen de concretarse. Por ejemplo, Maximiliano “Maxi” Abraham, condenado a perpetua por haber acabado con la vida de dos policías en el parque 9 de Julio, espera la autorización para dar el sí con su pareja en el penal de Villa Urquiza.

Cómo es el protocolo para que se concreten las visitas conyugales en las cárceles

“No todos los detenidos están autorizados a tener visitas conyugales. Para ello deben superar ciertos requisitos”, argumentó el director del Servicio Penitenciario, Antonio Quinteros. El funcionario explicó además que las posibilidades de estos encuentros íntimos están sujetos a la situación de cada una de las unidades, a causa de la crisis carcelaria de la provincia.

Las unidades 2 y 9 de Villa Urquiza y la 4 de mujeres tienen habitaciones acondicionadas para tal fin. “Para acceder a una visita de estas características los internos deben presentar una nota solicitando el encuentro. Un equipo interdisciplinario la analiza y por último el Concejo, que conoce el comportamiento del solicitante, tiene la última palabra. Desde ya que no siempre son aceptadas”, explicó Quinteros en una entrevista con LA GACETA.

La realidad indica que sólo el 30% de las unidades carcelarias cuenta con una habitación para que se concreten las visitas conyugales. Para ello, las autoridades confeccionan una lista y les dan turnos a los internos.

“Los que tienen posibilidades traen un colchón, si no utilizan el provisto. También se les da un tiempo para que higienicen la habitación”, destacaron fuentes del Servicio Penitenciario. En las unidades que no cuentan con este espacio los presos mantienen relaciones con su pareja en las celdas que ocupan. “Se monta una vigilancia reservada y se les asegura privacidad”, agregaron.

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