Metáforas de la política

03 Dic 2019 Por Luis María Ruiz

A los dirigentes políticos les gustan las metáforas. Mucho. Es un recurso lingüístico que permite decir las cosas, a veces con cierta elegancia, otras con algo de humor, aunque sin decirlas de manera directa. No suelen caracterizarse por su originalidad -de hecho, son más bien recurrentes, reutilizables y adaptables-, pero cumplen su cometido: salir del paso a la hora de dar un mensaje, por lo general, poco feliz.

La toma de deuda, como los $3.000 millones que le prestó el Banco Macro a la Provincia, era un “paraguas” por si las finanzas se tornaban “tormentosas”. La expresión resulta bastante más simpática que admitir alguna falla en la administración de los recursos públicos, o cuanto menos en su planificación. ¿Estaba en condiciones el Estado provincial de afrontar el pago de miles de ayudas sociales de $ 3.000 antes de las elecciones provinciales del 9 de junio, sin más requisitos que la bendición de algún candidato y la presentación de un par de fotocopias? Con el diario del lunes, está claro que no. Al final, hubo que sacar un crédito a altas tasas para hacer frente a los salarios estatales. Para decirlo en jerga política, terminó costando más caro el collar que el perro. Falta saber cuánto más caro, porque si bien el ministro de Economía dio algunas explicaciones, la cifra final es incierta.

Un round, un gol, un misterio

Las olimpíadas de las metáforas se juegan en la Legislatura, donde la palabra es la materia prima.

La nueva composición debutó en el recinto 11 días atrás. Fue el primer round. Los boxeadores todavía se están estudiando, sostiene un protagonista -reconocido conocedor de la faena parlamentaria- para fundamentar por qué aún es pronto para profundizar en el análisis de las disputas de poder en la Cámara provincial. De todos modos, lo que genera preocupación de cara a fin de año es la política de “austeridad” anunciada por el vicegobernador, Osvaldo Jaldo, con respecto a las finanzas de la Cámara. De movida, se habla de un recorte de 1.000 cargos políticos con relación a la gestión que se marchó el 27 de octubre. La sequía tiene mal a la tropa, graficó otro representante del pueblo, de amplio despacho en la casa de las leyes. La cuestión es que los propios legisladores deben confiar en la respuestas que reciben, aunque sean a libro cerrado, cuando van en busca de recursos. Algunos ya pusieron la mira sobre el boleto estudiantil que solventan las arcas legislativas, vigente desde que LA GACETA reveló la existencia de un “ahorro” oculto de $ 240 millones por excedentes financieros. Fue un golazo, describe un peronista, en alusión al efecto que tuvo el anuncio de aquel beneficio, en marzo de 2018, para miles y miles de familias del interior. Sin embargo, según este legislador, comenzó a ganar adeptos la idea de transferir esa responsabilidad -resignando partidas presupuestarias- al Poder Ejecutivo. Así, por un lado se efectivizaría el ajuste legislativo; y por otro, se delegaría una tarea que poco se ajusta a las funciones centrales de un cuerpo parlamentario. Otra vez, las dudas giran en torno a los números. En la Cámara provincial daban por hecho que el boleto gratuito insumía $500 millones anuales, hasta que escucharon al ministro Eduardo Garvich detallar, al ser consultado por la prensa sobre los subsidios al transporte, que cada mes el Ejecutivo aporta $130 millones; la Nación, $54 millones; y la Legislatura, $24 millones para asistir a los alumnos del interior. Si desde Muñecas 951 otorgan el boleto nueve de los 12 meses, el monto sería de $216 millones. Menos de la mitad de lo que, según los dichos oficiales, es la partida prevista para este histórico beneficio. Develar el misterio sería sencillo: sólo hay que darle publicidad al presupuesto del Poder Legislativo y mostrar su nivel de ejecución.

Por otro carril van las discusiones políticas dentro del bloque peronista. La foto reciente de Manzur y Jaldo con Alberto Fernández fue un mensaje fuerte para la tropa del PJ, acostumbrada a la conducción vertical y personalista. El que decide es Juan, dice un legislador. A todo lo consulta con Osvaldo, advierte otro. Más que contradictorias, estas versiones resultan complementarias. Incluso la posibilidad de llamar a una reforma constitucional, que asomaba como único motivo de tensiones entre el gobernador y el vicegobernador, parece haber pedido vigencia, aunque el tema permanezca latente y algunos hasta se animen a decir que sobran los porotos para, dado el momento, instalar el debate. No existe la confrontación permanente de las épocas de Díaz Lozano, de Topa o Juri, interpreta un legislador que peina canas. Por eso, si el Presidente electo descarta la designación de los tucumanos propuestos para su gabinete, al golpe lo acusarán ambos referentes. Eran muchos los que esperaban la bendición y poca el agua bendita, graficó un justicialista desde el edificio de los vidrios oscuros.

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