La plaza de la discordia

10 Oct 2019 Por Marcelo Aguaysol

Un referente político de peso que se come las uñas para que el acto que se preparó para recibir al líder salga de la mejor manera posible. Mira desde su vehículo hacia el parque 9 de Julio y observa que uno de los principales candidatos a diputado nacional por Tucumán trota a pesar de la tórrida jornada del lunes. La imagen sirve para dimensionar las preocupaciones de uno y la tranquilidad de los otros a casi tres semanas de las elecciones generales. Hacia las cúpulas, aquel lunes marcó un punto de inflexión.

Del lado de Juntos por el Cambio, la campaña encendió sus motores para quemar los últimos cartuchos de una batalla que fue gravitante para el estado de ánimo de la gestión nacional. La diferencia de 15 puntos en las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) a nivel nacional y de 35 puntos en el caso tucumano respecto de los candidatos del Frente de Todos ha impactado con fuerza en el corazón de la gestión de la Casa Rosada. Eso llevó a que el presidente Mauricio Macri abandonara su despacho y saliera a recorrer 30 ciudades del país. También alentó a los referentes del espacio a que se despierten y traten de pelear, electoralmente, hasta el domingo 27 para llegar a la segunda vuelta, prevista para el 24 de noviembre. Cuentan en el oficialismo nacional que Macri no imaginaba un escenario como el observado la noche del lunes en plaza Independencia. Tucumán siempre ha sido un territorio hostil para Cambiemos. Incluso en tiempos de relaciones cercanas entre Nación y provincia. Ahora pisar fuerte en el distrito gobernado por el justicialista Juan Manzur es casi una obsesión presidencial. Entre los jefes de distritos subnacionales, el tucumano es el más cercano colaborador de Alberto Fernández. De allí el embate amarillo contra la gestión local. Sin embargo, Manzur no entra en la polémica. Pero, a la vez, deja al libre albedrío las opiniones de sus colaboradores.

Uno de los enfrentamientos más duros fue, precisamente el que protagonizaron el vicegobernador Osvaldo Jaldo y el Ministerio de Transporte, a cargo del ultramacrista Guillermo Dietrich. “Tiene que traer respuestas para los 150 empleados de UTA despedidos por los recortes a los subsidios al transporte”, le espetó Jaldo a Macri el mismo día de la visita. Desde Transporte no tardaron en contestar. “El gobierno provincial debe rendiciones de cuenta por los subsidios que recibió en agosto. Sin eso, no puede cobrar los subsidios que le corresponden de septiembre y octubre que suman $ 106 millones para el transporte público”, comunicaron sin medias tintas. El presidente de la Legislatura, en ejercicio del Poder Ejecutivo, quedó en offside. Pidió explicaciones a los funcionarios del área, sin encontrar respuestas convincentes. Los destinatarios de sus mensajes fueron nada menos que el ministro de Seguridad, Claudio Maley, y el secretario de Transporte de la provincia, Benjamín Nieva. No es la primera vez que esta situación y contestación nacional sucede. El silencio de Manzur otorga concesiones que, a la larga, tienen sus costos políticos cuando se trata de controversias electorales. El gobernador se montó más en la campaña nacional que en la local. Tal vez haya un exceso de confianza por los resultados de las PASO.

En el Partido Justicialista se percibe eso. En cada recorrida, en cada reunión. “No están en juego sólo cinco bancas de diputados; está en juego un proyecto y la tranquilidad de la gestión de todos ustedes”, afirman los principales referentes peronistas cada vez que convocan a los intendentes, que pronto renovarán sus cargos -de la mayoría de los casos-, tras la victoria en las provinciales del 9 de junio. La plaza del “Sí, se puede” ha sido un toque de atención para los organizadores de la campaña del Frente de Todos. Desde Buenos Aires, varios referentes políticos pidieron explicaciones acerca de la ola amarilla en “tierras de Juan”. Éste y sus allegados llegaron a responder: “no hay que preocuparse”. El miedo y la adrenalina, no obstante, son sensaciones que siempre están presentes en el período preelectoral. No habrá el financiamiento de la campaña montada en junio pasado, pero sí ese discurso de que Macri representa la pobreza y Fernández la esperanza. También el otro, que Fernández es volver al pasado y Macri una apuesta al futuro. En el medio, el dilema del electorado. ¿a quién voto? La respuesta sigue siendo tácita.

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