San Martín tuvo una buena reacción e ilusionó a sus hinchas

El "Santo" se repuso del paso en falso en Junín y resolvió casi “de taquito” un duelo difícil.

09 Sep 2019 Por Bruno Farano
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LO RESOLVIÓ BIEN. Riestra vino a plantear un juego friccionado, pero San Martín hizo lo que debía y terminó festejando. LA GACETA / HÉCTOR PERALTA

Un sabio refrán asegura que quien se levanta con fuerzas luego de una caída, tarde o temprano alcanza el éxito. Es cierto que es muy temprano para determinar qué será de San Martín en esta Primera Nacional. Pero ayer, en La Ciudadela, y pese a que llegaba precedido de una dura cachetada, el equipo dio muestras de fortaleza anímica y mental para sacar las garras y dejar en claro que no tiene pensado negociar su idea de ser protagonista.

El “Santo” no ganó un partido cualquiera. Lo hizo con autoridad, manejando el balón casi a su antojo y sacando adelante ese tipo de juegos que siempre son un dolor de cabeza en Bolívar y Pellegrini.

Que los dirigidos por Favio Orsi y Sergio Gómez no hayan pasado ningún “sofocón” en el duelo contra Riestra es más que saludable. Sobre todo teniendo en cuenta que sobre sus espaldas pudo llegar a haber pesado ese traspié de hace una semana en Junín, contra Sarmiento. Por eso, que San Martín no haya entrado en el nerviosismo clásico en este tipo de situaciones es una buena señal. Los “Blanquinegros” de Villa Soldati son un equipo tosco, aguerrido, que no se pone colorado y destruye cualquier atisbo de buen fútbol, apelando a esas mañas marca registrada de los equipos que empaparon de sudor las canchas de la Primera B Metropolitana.

Consciente de ello, la idea de los entrenadores fue clara. Manejar la pelota, ensanchar la cancha y tener mucha movilidad, para generar desequilibrio de mitad de cancha hacia adelante, intentando encontrar huecos en una zona donde la visita sobrepobló de piernas.

Así, con Juan Mercier como eje, adelantó unos metros al cuarteto Gonzalo Rodríguez-Matías Fissore-Nicolás Castro-Fernando Brandán quienes rotaron hasta encontrar lo que buscaban. Ellos, sumados a las buenas proyecciones de Pier Barrios (el mejor hombre de la cancha) y Lucas Diarte, terminaron por quebrar a un equipo que aguantó hasta donde pudo.

Otro punto positivo es que San Martín supo pegar en los momentos justos. Como boxeador que sabe que tiene que “liquidar” a un oponente cuyo libreto es cansarlo hasta encontrar el momento de meter el KO, el “Santo” pegó dos uppercut justos que definieron la lucha y llevaron tranquilidad a sus hinchas. Luciano Pons volvió a convertir (en la recta final de la primera etapa) y Barrios (en la primera jugada del complemento) encontró la sonrisa que le había negado el arquero de Sarmiento hace ocho días.

Gracias a esos dos mazazos, el juego se rompió y el segundo tiempo estuvo de más. Riestra tiró la toalla sabiendo que no contaba con las armas necesarias para desarticular una defensa que volvió a demostrar la solidez que se le elogió en la pretemporada y en el juego con Villa Dálmine; y San Martín evitó un desgaste mayor, sabiendo que el duelo estaba controlado, y apostó todas sus fichas a ampliar la diferencia de contragolpe.

Tuvo un par de situaciones, pero le faltó un poquito de justeza en el último toque. Pero a esta altura, a casi nadie en el estadio le importa mucho ese ítem.

Después de un tropiezo, lo esencial es asumir culpas y demostrar fortaleza para dar los próximos pasos. Eso hizo ayer San Martín, ahora tiene tiempo y ánimo para seguir creciendo.

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