Desventuras de una salteña en Buenos Aires

Enredos y pasiones en una Argentina de principios del siglo XX

13 Ago 2017
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LA CLAVE. “Con mis personajes, de distintos estratos sociales, etnias y orígenes, armo un grupo con el que voy recorriendo la historia”, dice Ramos.

NOVELA

LA BOCA ROJA DEL RIACHUELO

GRACIELA RAMOS

(Suma de Letras - Buenos Aires) 

Desde los comienzos de la literatura nacional argentina las ficciones sirvieron para contar la historia a partir de las pasiones privadas. Las historias de amor se convierten en historias patrióticas.

La novela sentimental es uno de los géneros más valorados por los lectores, en especial la novela romántico-histórica, que proviene de la Amalia, de José Mármol. Ficciones fundacionales aparecieron a lo largo del siglo XIX uniendo amor y patria, incluso aconsejadas por figuras como Mitre. Esos romances, como señala Doris Sommer, fueron parte de la educación ciudadana.

En el siglo XX el género continúo siendo exitoso. En nuestros tiempos las editoriales le han dedicado un enorme espacio, teniendo en cuenta el entusiasmo y la fidelidad del público. Hoy constatamos la existencia multitudinarios festivales de novela romántica hasta blogs armados por las lectoras (por ejemplo fans de autoras de novelas románticas).

En conflicto en muchos casos con los espacios académicos y la “alta” literatura, la novela sentimental argentina -a diferencia del folletín a lo Corín Tellado- sigue mezclando la historia local con los romances y enredos, culminando casi siempre en el final feliz, en la salida “ordenada”-matrimonio, hijos-. Esto se repite en otros ámbitos del melodrama como la telenovela. No se pueden dejar de mencionar nombres como los de Florencia Bonelli, Gloria Casañas y Viviana Rivero. En ese grupo se sitúa la cordobesa Graciela Ramos, quien ha publicado cuatro novelas.

Muerte, amor, reencuentro

La boca roja del Riachuelo no decepcionará a lectores en busca de enredos y pasiones con telones históricos. Como lo señala el título la mayor parte de la acción se desarrolla en La Boca. Aunque la protagonista, Rosa María, una joven culta, llega de Salta, huyendo de una familia bien posicionada. Su caída en la red de tratas La Varsovia resulta inevitable. Allí conoce a mujeres judías provenientes de Varsovia atrapadas con falsas promesas y encerradas en el burdel Las Camelias.

Ayudadas por sus amigos obreros huirán para convertirse en obreras y militantes libres. Mientras tanto conocerán en una milonga a un grupo de jóvenes de clase alta. Juan, el hijo de un poderoso hombre, que a su vez pertenece a los grupos de derecha xenófobos que golpean a extranjeros y rojos.

El fondo histórico es el primer gobierno de Yrigoyen y los acontecimientos de la Semana Trágica donde se enfrentan la anarquía y la oligarquía, los inmigrantes y trabajadores con los patrones. No elude Ramos la discusión de la patria, como ella misma reconoce en una entrevista: “Con mis personajes, de distintos estratos sociales, etnias y orígenes, armo un grupo con el que voy recorriendo la historia y es ahí que pongo a la patria sobre la mesa”.

Los personajes sufren todo tipo de peripecias: desde muertes hasta reencuentros; desde amores hasta reconocimientos. La cuestión de la identidad siempre está en el medio. La historia de Rosa y Juan va a suponer la conversión de ambos y la vuelta a Salta.

Virginia Woolf, al hablar de la novela y las mujeres, señala la existencia de tres direcciones diferentes; las mujeres y lo que parecen; las mujeres y las novelas que se escriben sobre ellas y las mujeres y las novelas que ellas escriben. En el caso que nos ocupa -las novelas que escriben las mujeres- tiene que ver con las novelas (o el mito) que de las mujeres se ha hecho tanto desde fuera como desde dentro del género. Rosa María se aparta solo por unos años de su destino pero acaba por volver al lugar del que nunca debió salir y en ese movimiento redime a todos los demás personajes.

© LA GACETA

Carmen Perilli

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