El Quijote no podía faltar en la entrega del Cervantes

Eduardo Mendoza recibió el premio y aludió una y otra vez al personaje.

21 Abr 2017
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EN ALCALÁ DE HENARES. El rey Felipe VI y su esposa aplauden a Mendoza. reuters

Había prometido que su discurso sería una “lección cervantina” y así fue: el escritor español Eduardo Mendoza recibió el Premio Cervantes de manos del rey Felipe VI, y lo hizo recordando lo reveladoras que han sido sus lecturas del Quijote. En el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), cuna de Miguel de Cervantes, Mendoza reconoció que no pecaba de insincero al decir que nunca esperó recibir el galardón. “En mis escritos he practicado con reincidencia el género humorístico y estaba convencido de que eso me pondría a salvo de muchas responsabilidades. Ya veo que me equivoqué”, señaló.

Los “designios de los hados literarios”, como resaltó en su discurso el rey, quisieron que el año pasado se anunciara el nombre de Mendoza coincidiendo con el cuarto centenario de la muerte de Cervantes. “Precisamente en el humor, cumbre de toda inteligencia literaria, es donde el autor barcelonés exhibe su condición de escritor cervantino”, añadió el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo.

Mendoza, que el pasado enero cumplió 74 años, también aludió al humor del Quijote, pero a ese que va más allá de algunos “espléndidos episodios jocosos” como el de los molinos de viento. Y es que según afirmó, el humor en la mirada de Cervantes sobre el mundo reclama de inmediato una complicidad entre autor y lector, imponiendo una relación secreta que nace con el “Quijote” constituyendo “la esencia de lo que denominamos la novela moderna”.

El autor de “La verdad sobre el caso Savolta”, “Riña de gatos” o “Sin noticias de Gurb” contó cómo aprendió de Cervantes que se podía contar cualquier cosa sin forzar la prosa, con claridad, sencillez, musicalidad y elegancia.

Con humildad, Mendoza alertó contra la vanidad -“una forma de llegar a necio dando un rodeo”-, pues premios como el Cervantes “entrañan un riesgo inverso al que corrió don Quijote: creerse protagonista de un relato más bonito que la realidad”. Y él seguirá siendo el de siempre: “Eduardo Mendoza, de profesión, sus labores”.

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