Una plaza tan abandonada que ni siquiera tiene nombre

Una plaza tan abandonada que ni siquiera tiene nombre

Vecinos del barrio Ojo de Agua denuncian que la Municipalidad abandonó la plaza, que cumplió más de 50 años. Pasaron cuatro meses y no volvieron a cortar el pasto

BASURAL. Los vecinos acusan a los carreros por la cantidad de escombros y de ramas secas acumuladas. la gaceta / fotos de josé nuno BASURAL. Los vecinos acusan a los carreros por la cantidad de escombros y de ramas secas acumuladas. la gaceta / fotos de josé nuno
01 Marzo 2017

De la plaza del barrio Ojo de Agua (calle Pablo Rojas Paz entre San Lorenzo y Las Piedras) sólo quedan herrumbradas y añosas estructuras de hamacas y pasamanos. No hay bancos para que las parejas se sienten. Los pastos, en algunos lugares, llegan hasta a las rodillas. Caminar sin pisar o patear basura se vuelve una tarea complicada. Tan descuidada está, dice Héctor Ricce, que hasta se olvidaron de inaugurarla y de bautizarla.

Desde hace 50 años que Ricce vive en el barrio Ojo de Agua. “Desde que me casé”, rememora. Asegura que nunca pudo ver juegos ni niños en la plaza. “Antes era el punto donde nos juntábamos con otros vecinos del barrio para reclamar por las cloacas cuando no funcionaban”, comentó. “Ahora es un lugar totalmente abandonado. No lo pueden usar ni los propios vecinos”, contó.

Falta de mantenimiento

Justo en frente de la plaza se encuentra la casa de Marcelo y Tadeo Navarro, padre e hijo respectivamente. Ellos viven desde hace dos años en el barrio.

“La última vez que vi que cortaran el césped -recuerda Tadeo-fue en noviembre. Los últimos cuatros meses estuvo en ese estado porque no vinieron más”.

El problema, según Marcelo, es la falta de un mantenimiento constante en el espacio: “llueve seguido y vuelve a crecer el pasto. No tiene sentido que vengan con esa frecuencia”.

¿Alguna vez fue mantenida constantemente?, se les consultó a los vecinos. Todos coincidieron en que en 2015, meses antes de las elecciones, fue la última vez en el que el pasto estuvo corto. “Era porque venían los de la cooperativa Argentina Trabaja a limpiar. Ellos dejaban la plaza en buen estado”, afirmó Marcelo.

Un basural


Rodrigo Gallardo, de tres años, juega con sus padres en el zaguán de su casa, ubicada a 50 metros de la plaza. Rodrigo es uno de los niños que nunca pudo jugar ahí. Ni su madre, Mónica Sánchez, ni su padre tuvieron la posibilidad de llevarlo a pasear por allí. “No pueden ir chicos por la cantidad de cosas que tiran. Se pueden enfermar. Toda la gente que pasa por acá tira su basura, algunos son vecinos. También vienen carreros que arrojan todas las ramas a los costados”, dijo Mónica.

Según los vecinos del barrio Ojo de Agua, la droga y los asaltos están a la orden del día. “Los arrebatos son moneda corriente”, indicó Marcelo Navarro.

Sánchez, por su lado, señaló como principal problema a los adolescentes de otros barrios que se juntar a consumir alcohol y drogas. “Usan la plaza para esconderse. Se ocultan en la parte de atrás, donde están los yuyos altos y no se los ve”, añadió Tadeo.

Además, de escondite, añade Marcelo, la plaza sería usada para desarmar motos al aire libre. “La otra vez vi que llegaban en tres motos y terminaban yéndose en dos. La Policía se ve poco por aquí. El problema -expresó- es que la plaza se convirtió en tierra de malvivientes”.

“No está abandonada”

El secretario de Servicios Públicos del municipio capitalino, Carlos Arnedo, dijo que en la capital no existen plazas abandonadas. “Puede ser que le esté faltando cortar el pasto, pero eso no quiere decir que esté abandonada”, aseveró.

Según el funcionario, los pastos altos se producen por las numerosas tormentas que se dan durante esta época del año. “Llueve seguido y el pasto crece permanentemente”, explicó.

También afirmó que es una tarea complicada dar abasto con todos los espacios verdes que administran. “Tenemos 307 plazas y cinco parques. Entre diciembre y marzo, temporada alta, cortamos tres o cuatro veces el pasto. El problema es que si vos cortás hoy, mañana ya está alto”, relató.

Arnedo negó que por la zona haya pasado personal de Argentina Trabaja. “La manutención la hace la Dirección de Espacios Verdes, que está dentro de la Secretaría de Servicios Públicos”, asegura. El funcionario se comprometió a enviar empleados para que corten el césped.

Una jungla en San Lorenzo al 3.500

En el cruce de las calles San Lorenzo y Gerónimo Helguera, nace una especie de jungla urbana. Son aproximadamente 150 metros de pastizales por San Lorenzo, hasta desembocar en la avenida Adolfo de la Vega.

En algunos puntos los matorrales alcanzan varios metros de altura. Los vecinos denuncian que es un hábitat para las alimañas y la basura que arrojan quienes pasan por la zona. También cuentan que muchos carreros paran y arrojan los desechos en el lugar.

Según Carlos Raya, quien vive en una casa lindera al baldío, los matorrales están así desde que él se mudó, desde hace 10 o 12 años. “Todo tipo de alimañas se encuentran ahí”, indicó.

Raya comentó que se vio obligado a cortar los yuyos de la esquina porque se convirtió en una costumbre que tiren basura al lado de su casa. Además, debió abrir un pequeño espacio para que sea posible el paso. Mencionó haber realizado numerosas denuncias en la Municipalidad. “Llamé a Espacios Verdes, pero no me escuchan. El municipio cobra por la limpieza de ese baldío, pero no lo hace”, protestó.

El secretario de Servicios Públicos de la capital, Carlos Arnedo, dijo que el problema es que los pastizales están dentro de un terreno privado. “Son los propietarios los que deben hacerse cargo. La Municipalidad no puede actuar de oficio, ya tuvimos problemas por intervenir en terrenos privados”, explicó. “En estos casos, el vecino debe presentar una denuncia en la Dirección de Catastro y Edificación -apuntó-. En caso de que no cambie la situación, se multa al propietario”.

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