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Mejora en baños públicos termales en Taco Ralo

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LA GACETA

En los últimos años, se escucha hablar con alguna frecuencia de la necesidad de motorizar la industria sin chimeneas porque puede convertirse en uno de los motores de la economía de una provincia o de una nación. El turismo pone en movimiento el comercio, la hotelería, la gastronomía, genera empleo directo e indirecto, estimula la actividad cultural y artesanal, así como el mejoramiento de los servicios. Por esa razón, es ponderable cuando una localidad, agraciada por la naturaleza, ha dado un paso, aunque sea pequeño, hacia su desarrollo.

En nuestra edición de ayer, informamos que en una esquina de la plaza de Taco Ralo, se reconstruyó el edificio donde funcionan las duchas termales, con sectores para jacuzzi y otro para duchas escocesas; solo falta el mobiliario -que llegará en breve- para abrirlos al uso constante al público. Se reparó también el pozo surgente que en la década del 90, había sido hundido e inutilizado.

Según la comisionada rural, paralelamente a las obras de los baños públicos termales, que comenzaron en la gestión anterior, se efectuó la ampliación de escuelas, la remodelación de la plaza y el complejo. “Tenemos el 80% de las calles pavimentadas y se concretó la red de agua potable para las zonas rurales”, afirmó.

La hostería que fue remodelada hace tres años, cuenta con una sala de reuniones, una pileta y otros servicios para el visitante. La producción caprina como principal actividad en la zona; funciona un frigorífico caprino, una mini fábrica de quesos y las autoridades comunales proyectan la construcción del almacén de campo, a la vera de la ruta 157.

Pero no solo en Taco Ralo, ubicado a 122 km de la capital, hay aguas termales, también en los parajes de La Paloma, La Iguana, La Cañada, Páez y Viltrán. El más envidiado es el de Puesto del Medio, a 17 km del casco céntrico, las aguas alcanzan en ese lugar los 53° C y fue catalogado, por expertos termalistas japoneses como el segundo mejor surgente del mundo. Se cuenta que esta zona era una parada obligada de los incas.

La idea de desarrollar el turismo en Taco Ralo data de hace 44 años, por lo menos cuando el gobierno de Oscar Sarrulle inauguró la hostería. El 15 de julio de 1972, el secretario de Turismo, Canosa Serafini, anunció que Taco Ralo sería equipada para convertirse en una “verdadera ciudad turística”. El centro cívico proyectado iba albergar el correo el juzgado de paz, y la oficina comunal. Se construiría una capilla, una confitería, pileta de natación, baños termales públicos y locales comerciales. “Todo este complejo será enriquecido por la atracción de un casino. Las aguas termales de Taco Ralo y las localidades vecinas tienen un valor extraordinario para la balneoterapia. Sus propiedades y características térmicas y químicas son conocidas por todos”, afirmó entonces el funcionario.

Luego no hubo una decisión política para explotar esta “mina de oro” que en manos de dirigentes progresistas y con visión de futuro se hubiese convertido en un polo de atracción importante y en un aporte nada desdeñable a la economía provincial. Es destacable, por cierto, la labor de las autoridades comunales para sacar de la postergación a este pueblo de 5.000 almas, pero sería importante que hubiese un proyecto trascendente que contemplara inversiones significativas para desarrollar en toda su magnitud este don con que la naturaleza ha premiado a Tucumán.