De jóvenes idealistas a influyentes figuras de la vida tucumana

En su libro, Marcela Vignoli recorre las primeras décadas de la Sociedad Sarmiento, entidad clave en el mapa cultural y político de la provincia.

16 May 2015 6
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OBRA. Vignoli muestra el libro, editado por el sello rosarino Prohistoria. la gaceta / foto de inés quinteros orio

Mientras se sumergía en la vida de la Sociedad Sarmiento, en el marco de un proyecto del Instituto Superior de Estudios Sociales respaldado por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, a Marcela Vignoli la atenazaba la curiosidad. ¿Quiénes iban a las reuniones? ¿Qué mociones se trataban? Como esas, las preguntas iban acumulándose. El proyecto colectivo derivó en tesis doctoral, en la que Vignoli respondió cada interrogante hasta desmenuzar los años iniciáticos de la Sarmiento, tiempos en los que influyó decisivamente en la política, la cultura y la sociedad provincial. Ya con forma de libro, la investigación interpela al Tucumán de ayer y al de hoy.

Desde la tapa de “Sociabilidad y cultura política - La Sociedad Sarmiento de Tucumán, 1884-1914”, los antiguos socios miran muy serios. Elegantes, circunspectos, iluminados gracias a los generosos ventanales que aún hoy jerarquizan Congreso primera cuadra. Pero los comienzos de la Sarmiento carecieron de ese glamour cuasiacadémico. Los 15 fundadores eran, en su mayoría, alumnos o egresados del Colegio Nacional y de la Escuela Normal. Jóvenes de entre 15 y 22 años provenientes de sectores medios que fueron adquiriendo la impronta de la Generación del 80, aunque con enriquecedores matices. La historia de la Sarmiento es esforzada y cambiante. La clase de desafío que un historiador necesita.

¿Cómo logró esa asociación tan modesta, que empezó funcionando en la pensión que cobijaba a José Fierro y a Fidel Díaz, transformarse en actor central de la vida tucumana? ¿De qué manera se construyó el prestigio que hizo de la Sarmiento la piedra basal de la futura UNT? Vignoli se propuso recorrer ese camino con información de primera mano. Consiguió las actas de las reuniones, a las que sumó bibliografía y artículos de la prensa contemporánea para armar el rompecabezas. Por medio de la voz de los protagonistas surgió la pintura de una Sarmiento distinta de la que cualquiera puede imaginar.

“El espíritu de la Sarmiento fundacional pasa por la educación como un motor del cambio social -explica Vignoli, docente e investigadora del Conicet-. Para sus socios, la educación tenía un deber ser civilizador. Por ejemplo, propulsaron una escuela nocturna para obreros que funcionó durante dos años. Mostraban una sensibilidad particular por los trabajadores del azúcar y buscaban fórmulas para cambiar sus vidas. Fue así que formaron una especie de agenda de los problemas sociales, adelantándose muchos años a la implantación del socialismo y el anarquismo en Tucumán. Hablaban del acceso del obrero a la educación y al ahorro. Sí, era una mirada paternalista, pero la acompañaba una propuesta de cambio social”.

Las temáticas que se tocaban en la Sarmiento eran amplísimas, al compás del crecimiento de su biblioteca y de su masa societaria. Los miembros abrazaron la causa del patriotismo y se apropiaron de fechas y escenarios emblemáticos, como la Casa Histórica, decididos a colocar a Tucumán en el mapa histórico nacional. Ocupar ese espacio público fue uno de los caminos que encontró la entidad para empezar a dialogar con el poder. Desde 1890, cuando las elites se incorporan a la Sociedad, esa charla se tornó fluida y permanente.

La cultura formaba parte del ADN de la Sarmiento, que se proponía dejar la política puertas afuera pero, en la práctica, exudaba política. Cuando la elite económica y profesional de la provincia se integra a la filas de la institución ya no hubo lugar para los eufemismos.

A Vignoli le interesa estudiar los procesos asociativos para entender al Tucumán que fue. De hecho, su nuevo proyecto de investigación aborda al Círculo del Magisterio. En el caso de la Sarmiento, subraya que las mujeres fueron incorporadas en 1902, pero no contaban con una membresía plena. Tenían voz, pero no voto. Otro nexo que quedó explícito fue el de la Sarmiento con la masonería. Eran rasgos distintivos de la época.

¿Por qué abordar este libro hoy? “La Sarmiento refleja las esperanzas de aquella generación, los sueños de sectores medios de la capital provincial y del interior -destaca la autora-. También el valor de la educación pública. Me interesó explicar ese tiempo, un período signado por cambios sociales, inmigración, leyes laicas, un proyecto liberal que los jóvenes abrazan y resignifican. Además, propone repensar la idea de que al orden conservador lo componía una elite compacta, porque ese mundo era mucho más heterogéneo”.

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