Murió Nina, la "guardiana del cerro"

La mujer vivía en la subida al taficillo y era una muy querida y respetada. Video.

28 Sep 2013
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UN EMBLEMA. Nina protegía a quienes subían al cerro. FOTO GENTILEZA DE RICARDO YANCE

Era un ícono de Tafí Viejo. Un personaje muy querido, ligado inexorablemente al bosque y al cerro. Una guardiana. Petrona Lucinda Velardez, más conocida como "Nina", falleció esta mañana en un sanatorio privado y sus restos están siendo velados en la Casa de la Cultura de esa ciudad. Su muerte causó un profundo pesar entre los vecinos de esa ciudad. Tanto que su deceso fue anunciado con la sirena de los Talleres Ferroviarios. Durante la tarde, funcionarios municipales, vecinos, artistas y deportistas fueron colmando la casa para despedir a la "dueña del cerro".

Se especula que tenía 93 años. "No tenía documentos, pero ella siempre decía que había nacido en Yerba Buena alrededor 1920", cuenta Carlos "Tití" Enrico. Cuando tenía cuatro años, se fue a vivir al puesto que su abuelo tenía en la cima del cerro taficeño. Allí habitó toda su vida. "Fue una verdadera guardiana de nuestro bosque, al que conocía como nadie. Incluso delegaciones de estudiantes universitarios la visitaban en su rancho para conocer los secretos de esa parte del cerro. Ella fue una anfitriona ejemplar, porque siempre recibía a los excursionistas con empanadas, mate, bollos y quesillo que ella misma elaboraba", agrega Enrico. Tanto saber acumuló la Nina, que la UNT la nombró guardaparques. Incluso cobraba una jubilación con esa categoría.

Pero, paradójicamente, la Nina no sabía leer ni escribir. Apenas sabía trazar su nombre. Sin embargo, su sabiduría era proverbial. "Siempre nos aconsejaba como encarar una travesía al cerro. Recuerdo algo que me quedó grabado para siempre. Nos decía que jamás hay que subir al cerro cuando la niebla es roja. Y cuando le preguntábamos por qué, callaba. Como si escondiera un gran secreto", cuenta Enrico.

Sus últimos años lo pasó lejos del puesto. Su familia –un primo y dos sobrinos- y sus amigos le recomendaron bajar a la ciudad, pero ella no quiso. Se instaló en una casa al pie del cerro, cerca de la Hostería Municipal, pero todos los días volvía al bosque. Era como si quisiera quedarse ahí para siempre. En su momento, el poeta y compositor Osvaldo "Chichí" Costello, le dedicó un poema que la pinta en cuerpo y alma: "Es como una sombra lenta que se deshoja en la tarde / volando el verde, pasa la Nina Velardez / y de noche se le vuela la pena en el horizonte / Nina Velardez, tu corazón es el monte".

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