"Son muchas las personas que hicieron de los perros de la calle sus mascotas"

Muchos los observan de lejos y ni se les acercan. Otros los ignoran y no faltan aquellos que los maltratan. Sin embargo, hay vecinos que se apiadan de los perros callejeros: los cuidan, los alimentan, los bautizan, les dan una cucha calentita para las noches heladas y hasta los adoptan. Te contamos las historias de tres personas a las que les duele ver animales abandonados.

11 Ago 2012
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MANSA. "Bremer es el más acariciable de todos; lo llamamos así por la suavidad de su piel", dijo Ángel Cuezzo. LA GACETA / FOTOS DE ANALÍA JARAMILLO

La Negra, Manchi y Bremer se recuestan en la entrada de la farmacia Corrientes, donde el sol puede colarse entre los árboles para ofrecerles algo de calor durante las mañanas frías de agosto. Sultán, que se caracteriza por su fuerte carácter y su pelaje negro azabache, prefiere estar detrás del mostrador, vigilando receloso -aunque manso- a los compradores que Ángel Cuezzo atiende con amabilidad. No es una postal inusual para los vecinos de la zona. Ellos conocen a Angelito, un devoto protector de los perros de la calle, y a cada uno de los pichichos que resguardan esas veredas de Barrio Norte.

"No sé que voy a hacer con ellos", lamenta el dueño de la farmacia, que ya parece una veterinaria por las enormes bolsas de alimento que hay a un lado de la vidriera, las cuchas de cartón o de tela que ocupan espacios inusuales, como un estante o un baño, y los platos y las mantas que se desparraman por todo el negocio. Desde hace 15 años Ángel se instaló en la esquina de Corrientes y Muñecas, pero por estos días decidió que era el momento indicado para vender su farmacia y jubilarse. Su única preocupación es el futuro de los nueve perros que duermen y se alimentan en el local diariamente. "Desde siempre he adoptado perritos. Ellos son mis compañeros, atienden conmigo, les doy de comer, me cuidan, les hablo y hasta les puse nombre. Creo que lo que más los lastima es la indiferencia de la gente, que no los cuida, que los golpea, que los rechaza. Ellos son mansos y cariñosos, no hacen mal a nadie, y ya son parte de mi familia. Tener que separarme de mis perros me entristece", lamentó el farmacéutico. Comentó que no es el único que se encarga de esos pequeños compañeros. "En el edificio de al lado de la farmacia hay un grupo de personas muy amables, que también están preocupadas por el destino de los perros. Los hacen dormir en sus departamentos por las noches, les dan cariño y los alimentan", detalló.

Además, hay una familia que los vacuna y les da de comer en Santiago y Monteagudo. "Como les digo, no somos solo nosotros, son muchas las personas que hicieron de estos animalitos callejeros sus propias mascotas", relató Ángel, mientras mostraba a LA GACETA las fotos de cada uno de los perros con los que se encariñó durante 15 años.

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