"Me voy, la flaca se va, Evita se va a descansar"

La enfermera que cuidó a "Evita" recordó los últimos días de la "abanderada de los humildes", a la que el peronismo hoy le rendirá tributo

26 Jul 2012

BUENOS AIRES.- María Eugenia Alvarez, la enfermera que cuidó a Eva Duarte de Perón hasta su muerte, recordó, durante una charla en la Legislatura porteña, los últimos días de "Evita", sus palabras finales y el momento en que falleció, a las 20.25 del 26 de julio de 1952, a los 33 años.

"Me voy, la flaca se va, Evita se va a descansar", fue la frase que, según Alvarez, la ex primera dama dijo a su mucama Hilda Cabrera de Ferrari antes de entrar en el coma que la llevó a la muerte. "Fue un momento muy fuerte, pero muy fuerte. Quedó como 'angelada', bellísima y su rostro con una paz increíble", destacó la mujer que cuidó a Evita en sus últimos días. "No tuvo estertor como lo tienen otros enfermos, fue como si se hubiera dormido, hasta que no hubo más pulso, ni más respiración. Se fue tranquila", contó, según reprodujo el sitio "www.parlamentario.com".

"El maestro (médico) Ricardo Finochietto (1882-1962) le tomó el pulso para tener la seguridad absoluta, y en ese momento vi que los ojitos de Evita lagrimearon y pensé 'serán sus últimas lágrimas, ¿hacia dónde irán?' Recordé que debajo de la almohada estaba su pañuelo. Lo saqué y sequé sus lágrimas, pero no opté por ponerlo otra vez debajo de la almohada sino que lo guardé en mi bolsillo. Hoy he decidido dejarlo donde debe estar, en el Museo Evita", dijo visiblemente emocionada la última enfermera de Evita, recordando los sucesos de cuando tenía 23 años.

Alvarez relató que "en su mesita de luz estaba la banderita de brillantes que le había obsequiado la CGT y una fotografía suya como protagonista de la película 'La Pródiga'. Adoraba ese film y por eso tenía la fotografía en su mesa de luz. En el momento de su muerte vi la foto y la metí en el bolsillo de mi delantal. Me dije: 'Yo me robo la foto', así lo pensé y así lo hice. En ese momento pensé en tomar la banderita y dársela al General (por Perón), pero finalmente no lo hice, quizás así se hubiera salvado del saqueo. Después de guardar sus lágrimas en un pañuelo y su foto, vi que el General lloraba como un niño y llegó a decirme: 'Qué solo me quedo, María Eugenia'.

"¡Qué razón tenía ese hombre! A partir de ese momento, su más fiel compañera ya no iba a estar más, la mujer que más lo amaba y respetaba en el mundo ya no estaba. Y este hombre lloraba, es tremendo ver llorar a un hombre, nunca había visto llorar a alguien así. Ese hombre de la República ¡cómo lloraba sentado en la silla de su dormitorio!", relató la ex enfermera, ante el silencio que reinaba en el recinto legislativo porteño donde se presentó.

"Evita era una mujer fuerte, era tan flaquita que no sé de dónde sacaba la fuerza, era muy fuerte. Y tenía un buen carácter, tenía autoridad. Era una mujer educada, jamás la escuché decir una mala palabra como lo vi en algunas películas que hicieron sobre su vida", reveló.

María Eugenia destacó el "amor" que había entre Perón y Evita". "Nunca me voy a olvidar el amor que había entre ellos dos, ella le decía 'Juancito' y él 'Negrita'; él estaba muy enamorado, cada vez que ella le pedía algo, él le decía sí mi Negrita", evocó. Con sus 87 años y una experiencia de vida inigualable, María Eugenia trasmitió la emoción que sintió desde el primer día que la conoció. "Puedo afirmar que si había alguien enamorado, ese fue Perón de Eva, y ella de él", contó la enfermera.

La historia de la señora Álvarez es singular. Fue la enfermera personal de Evita en los momentos más críticos de su intensa vida y, por pedido de ella fue la Regente de la Escuela de Enfermera "7 de mayo" de la Fundación Eva Perón, entre 1951 y 1955, siendo la responsable de la formación de 900 auxiliares de la salud. (Télam-Especial)

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