Los vecinos "embalaron" al asaltante

Un joven delincuente ingresó a una forrajería en barrio Sur, pero todo le salió mal; la empleada resistió el atraco y terminó atrapado. Los comerciantes y residentes de la zona piden más cámaras de seguridad y una mayor presencia de policías día y noche

19 May 2012
"Esta es zona liberada", afirma Silvio, un comerciante de General Paz al 1.000 que pidió reserva de su apellido. En esa cuadra, todavía no salen de su asombro después de lo que vieron el miércoles a la siesta. Lo que no sabían en ese momento, era que se trataba del segundo de tres asaltos en un solo día dentro de un trayecto de 300 metros.

Eran las 14 y Liliana estaba por cerrar las puertas de la forrajería que inauguró hace poco más de un mes. Se ubicó en la habitación trasera del local para lavar algunos utensilios, cuando su empleada, otra mujer de 21 años, recibió la inesperada visita de un ladrón.

"El chico llegó en una moto roja y entró a preguntar los precios de los alimentos, después sacó un cortaplumas y empezó a pedir que le den la plata", cuenta la propietaria del negocio. Al escuchar los gritos, ella salió hacia el salón y encontró al intruso, que tenía acorralada a su amiga contra la pared y apuntándole con una navaja.

Lejos de asustarse, Liliana tomó coraje y decidió enfrentar al asaltante. "Le pegué varias veces en la cabeza, después forcejeamos y terminamos los tres peleándonos en el piso", relata la mujer de 28 años, de estatura mediana (menos de 1.60 metros). Los alaridos de Liliana y su amiga alarmaron a los vecinos de la zona. Inmediatamente cruzó la calle el portero del edificio de enfrente. Por detrás llegó Silvio, que tiene una pizzería a esa misma altura.

Los hombres consiguieron quitarle el arma blanca al ladrón y lo redujeron. "Sacamos dos banderas de 'Dogui' y, con una cinta de embalar, lo envolvimos entero, quedó como un paquete. No podía mover ni los braxzos ni las piernas", detalla Silvio. El asaltante permaneció así durante unos 20 minutos, que fue lo que tardó en llegar la Policía. Mientras tanto, el joven imploraba que lo dejaran ir. "Nos decía que todo era una broma, que pedía perdón y que llamemos a su papá", recuerda Liliana.

Asaltos y amenazas

La dueña del local duda si mostrar su cara o no. Es que horas después de la detención, un grupo de familiares del ladrón apareció en la forrajería. "Querían destrozar todo, nos decían que nosotras lo habíamos asaltado al chico, que le habíamos quitado el celular y que nos iban a matar y a quemar el local si no levantábamos la denuncia", asegura.

No conformes con eso, a medianoche, Silvio vio a dos individuos rondar el negocio asaltado. "En ese momento hice sonar la alarma de mi camioneta y se fueron a la esquina. Pero ahí asaltaron a un señor, mientras nosotros los veíamos desde acá", cuenta. Según el comerciante, se cansó de llamar a la Policía y nunca lo atendieron. "Estaba tan indignado que me fui a la comisaría (Seccional 2ª) y me prometieron que iban a poner custodia en la cuadra", explicó.

Piden cámaras

Tanto Silvio como Liliana sostienen que los asaltos y arrebatos son "cosas de todos los días" en esa zona de barrio Sur. Por eso piden que la Policía les garantice un mínimo de protección. "Ruego que instalen las cámaras de seguridad en toda esta cuadra", agrega el hombre.

La panadería que funciona en la esquina de la cuadra confirma los dichos del resto de los comerciantes. En varias oportunidades apareció en LA GACETA como uno de los blancos preferidos de los delincuentes a la hora de cometer robos en ese sector de la ciudad.

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