El tiburón que camina desató fiebre de ecoturismo en Papúa

La historia del escualo de Indonesia sorprendió ayer a los asistentes al foro en Tucumán. Alonso, de Conservation International, destaca las oportunidades económicas asociadas al inventario de la biodiversidad.

ESTRELLA DE LA JORNADA. El Hemiscyllium fue hallado en 2006 y ahora es una gran atracción, relató la estadounidense Leeanne Alonso. LA GACETA ESTRELLA DE LA JORNADA. El Hemiscyllium fue hallado en 2006 y ahora es una gran atracción, relató la estadounidense Leeanne Alonso. LA GACETA
25 Noviembre 2010
Dejó boquiabiertos a todos con sus características dos aletas triangulares erectas sobre el lomo, sus cuatro "patas" y esta descripción: "Hemiscyllium Galei, el tiburón que camina". Desde luego no se paseaba por San Miguel de Tucumán (el suceso hubiese sido un hito surrealista en la historia de la ciudad), pero estaba ahí, en la pantalla gigante, en pose para la foto submarina, como si fuese consciente de su incuestionable popularidad.

Pero hasta 2006, nadie lo conocía. Fue una expedición de la ONG Conservation International (CI) la que lo descubrió. Hemiscyllium habita en la plataforma marina de Papúa (Indonesia), y en principio se alimenta de camarones, cangrejos, caracoles y peces pequeños -no se sabe si le gustan los pies-. "El hallazgo revolucionó a las poblaciones próximas al hábitat del tiburón peatón", ha comentado la estadounidense Leeanne Alonso, doctora en Biología Evolutiva y miembro de CI, en la conferencia que brindó ayer en el I Congreso Latinoamericano (IV Argentino) sobre Conservación de la Biodiversidad.

El raro tiburón extasió a la prensa. Se ganó la amistad del público sin hacer otra cosa que existir (¡imaginen si pudiese desnudarse!). Se consagró el 20 de septiembre de 2007, en una subasta en el Museo de Oceanografía de Mónaco, donde un postor pagó medio millón de dólares por el derecho a ponerle un nombre. Ese dinero financió un par de barcos que, en el presente, sirven para impartir educación ambiental y desarrollar el ecoturismo en esa zona marginal, tropical y geográficamente comprendida dentro de Oceanía.

El caso es una de las insignias de CI -vale la pena echar un vistazo en su portal www.conservation.org-, que, desde hace dos décadas, lleva adelante evaluaciones rápidas de biodiversidad en lugares de lo más remotos. Alonso, que es experta en el estudio de hormigas, explica los pormenores de unas expediciones que nada tienen que envidiar a los documentales de Discovery Channel. Esos inventarios de seres vivos han propiciado todo tipo de acciones de conservación: desde dos reservas indígenas en Vilcabamba (Perú) hasta la creación del Parque Nacional Madidi en Bolivia, que abarca un área de 1,8 millones de hectáreas. A lo largo de su historia, CI ha descubierto más de 1.200 especies.

"Los hallazgos generan oportunidades productivas, por ejemplo, en el terreno del ecoturismo, además de concientizar a la población sobre la importancia de mantener la biodiversidad y ejercer presión sobre los gobiernos", explicó Alonso en un castellano bastante fluido. Según su experiencia, la divulgación de los descubrimientos es una buena noticia que no puede faltar en el diario. "Las especies bonitas tienen carisma y debemos explotar ese atributo para beneficio de la naturaleza", ha añadido. El tiburón caminante entra en esa mediática categoría.

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