Crece el número de personas que toman Viagra en el país

Inquietud por el uso recreativo del fármaco.

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22 Septiembre 2010
Los números son terminantes, y no dejan lugar a dudas. El consumo de inhibidores de la fosfodiesterasa-5 que se emplean para el tratamiento de la disfunción eréctil -como el sildenafil, más conocido por su nombre comercial anglosajón: Viagra- está en franco aumento, y crece superando por mucho al promedio de crecimiento del mercado farmacéutico argentino, en el que esta familia de drogas representa el 0,7% -siete de cada mil- de las ventas.

Veamos los números. De 2009 a 2010, siempre según fuentes confiables de la industria farmacéutica, las ventas de estos medicamentos aumentaron un 9 %. En los últimos 12 meses se vendieron nada menos que 2.568 unidades de estos medicamentos cuyos precio promedio ronda en la Argentina los $ 35, un 20% más de lo que costaban el año pasado.

Pero lo que a muchos preocupa es que dentro de este fenómeno ocupa un lugar importante el llamado uso "recreativo", esto es su consumo por parte personas sin problemas de salud sexual y sin indicación médica.

El uso recreativo, según muestra un reciente estudio de investigadores del Instituto Médico Especializado (IME), crece fundamentalmente entre los jóvenes argentinos, que recurren a estos fármacos para mejorar su performance sexual.

Según el estudio en cuestión, cuyas conclusiones acaba de publicar la revista Journal of Sexual Medicine, el 21,5% de los jóvenes porteños de entre 18 y 30 años han consumido al menos una vez un medicamento de la familia de los inhibidores de la fosfodiesterasa-5.

Como era de esperar, el más utilizado es el sildenafil (lo consumió el 81,5% de los que reconocieron usar estas drogas), del que existen en el mercado local unas 50 versiones distintas; y es, además de todo, el más barato. El vardenafil y el tadalafil son los otros inhibidores de la fosfodiesterasa-5 cuyo uso está aprobado por las autoridades sanitarias y que se encuentran en el mercado.

La encuesta, conducida por los doctores Amado Bechara, Adolfo Casabé, Walter De Bonis, Adrián Helien y María Victoria Bertolino, mostró también que un 53,4% de los encuestados que reconocieron usar estos fármacos los había combinado con bebidas alcohólicas, psicotrópicos y marihuana.

"No sabemos cuál puede ser el efecto sobre la salud de estas combinaciones", advirtió Bechara, jefe del Sector Disfunciones Sexuales del Hospital Carlos Durand de Buenos Aires.

Aún así, hay estudios que sugieren que tanto el alcohol como la marihuana pueden potenciar el más peligroso de los efectos secundarios del sildenafil: un descenso de la presión arterial que en personas con dolencias cardíacas preexistentes puede llevar al desmayo o, incluso, a la muerte.

Un dato aún más inquietante es que sólo al 4,3% de los encuestados que usaron estos medicamentos se lo había indicado un médico; el resto lo había conseguido a través de amigos, Internet o, principalmente, comprándolo en farmacias que (contra lo que indica la ley) no reclamaban a los compradores la receta de la medicación. Y en todos los casos, se trataba de personas sanas que no necesitaban el medicamento.

Las circunstancias
¿Se puede indicar el uso de inhibidores de la fosfodiesterasa-5 en personas que no tienen problemas de disfunción eréctil? "Existe a veces la posibilidad de indicarlos en determinadas circunstancias. Uno en la práctica lo vive -respondió el doctor Bechara-. Se trata de aquel paciente que consulta porque tiene próxima una situación especial, como un encuentro sexual con una nueva pareja y quiere estar un poco más seguro, en esos casos puntuales uno puede evaluar la posibilidad de indicarlos. En esos casos, en general tiene que ver mucho con la seguridad o inseguridad de la persona, uno lo evalúa y explica los alcances de la medicación. Es una forma de ayudar, de que la respuesta eréctil ese asegure un poco más."

De todos modos, aclaró este médico urólogo especialista en disfunción eréctil, "esto es un uso bajo control médico, y cuando hablamos de uso recreacional estamos hablando de aquel paciente que recurre al medicamento sin tener un problema de salud y sin control médico".

Ese paciente es el que sólo quiere mejorar su rendimiento, y que no consulta al médico, sino que en todo caso consigue el medicamento a través de un amigo o lo compra sin receta en la farmacia. Esto se ve confirmado por el estudio del IME, que halló que el 75,4% y el 17,4% de los encuestados dijeron haber conseguido las pastillas por las esas vías.

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