Shauin y Adrián sellaron su amor en el aire

Shauin y Adrián sellaron su amor en el aire

La pareja de pilotos voló desde Loma Bola hasta un country de Villa Nougués, donde los esperaba el juez que iba a casarlos. Los invitados a la fiesta aplaudieron cuando la novia desprendió la cola de su vestido desde el parapente. Una bandada de pájaros se sumó a la celebración.

TODOS LOS DETALLES. Hasta en la torta se reflejó la pasión por el vuelo. GENTILEZA LUCHO POSSO TODOS LOS DETALLES. Hasta en la torta se reflejó la pasión por el vuelo. GENTILEZA LUCHO POSSO
09 Agosto 2009
Los invitados miraban hacia arriba. En el cielo, 13 parapentes volaban en círculo junto a varios pájaros que habían encontrado la misma corriente térmica que los pilotos. En tierra, nadie sabía en cuál de todas esas velas volaba la pareja a la que todos esperaban. De golpe, la cola blanca del vestido se soltó y comenzó a colgar en el aire. En ese momento estallaron los aplausos. Minutos después, Shauin Kao y Adrián Acosta aterrizaron frente a la carpa donde los esperaba el juez de paz para casarlos.
Esta pareja optó por llegar a su casamiento, que se realizó el domingo 2 de agosto, de una manera muy particular: lo hicieron volando. Ambos son pilotos de parapente y decidieron darle un toque especial a ese día que ya de por sí es muy excepcional.
"La idea se nos ocurrió en una cena con amigos, que también son pilotos. Nos pareció que estaba bueno hacer algo distinto en la ceremonia", explicó Shauin. Ella tiene 29 años y nació en Taiwan, pero está naturalizada en Argentina. Adrián tiene 43 y es abogado. Se conocieron hace cuatro años. Desde entonces no sólo los une el amor, sino también la pasión por el vuelo. El es un eximio piloto de aladelta (tiene el récord nacional de distancia de vuelo) y ella practica parapente desde los 18 años, aunque a los 16 ya había tenido su primera experiencia de vértigo: saltó en paracaídas en Miami, Estados Unidos.

Paso a paso
La ceremonia comenzó en la casa de ella, donde los novios siguieron los pasos de un rito tradicional oriental. Adrián la fue a buscar y en cuanto llegó se hizo un rito de agradecimiento a los padres de ella por haberla criado y educado. Luego, el papá le entregó la mano de su hija al novio. Por último, al subirse al auto, Shauin arrojó hacia atrás un abanico que simboliza que deja atrás todo su pasado.
Desde allí se dirigieron a Loma Bola, donde los aguardaban 12 pilotos amigos. Ellos se montaron en un parapente biplaza y despegaron.
"El día estaba espectacular. El vuelo fue perfecto. Además, el diseñador había tenido en cuenta nuestra idea e hizo el vestido de una manera especial, para que entre en el arnés de la silla", explicó Shauin.
El vuelo
Los novios y su cortejo volaron hacia un country que se encuentra en el camino que va hacia Villa Nougués. Allí los esperaban todos los invitados. "Cuando estábamos llegando al lugar de la fiesta, encontramos una corriente térmica espectacular. Todos comenzamos a volar en círculos sobre la carpa y se nos sumó una bandada de pájaros. Fue algo increíble", relató Adrián. En ese momento, la novia decidió soltar la cola del vestido para que la reconocieran desde abajo.
"Aterrizamos primero nosotros frente a la puerta de la carpa y después todos nuestros amigos. Por suerte, todo salió perfecto", señaló Adrián.
Para este matrimonio, el vuelo es una forma de vida. "Como toda pasión, influye en todo lo que hacemos cotidianamente. Desde el momento en el que te levantás estás mirando el cielo para ver si el día está lindo para volar. Los pilotos sólo nos sentimos totalmente libres cuando estamos en el aire. Es una sensación indescriptible", afirmó Shauin. Y debe ser cierto, porque aunque afirman que no presionarán a sus futuros hijos para que practiquen este deporte, ambos dicen tener el presentimiento de que sus vástagos serán eximios pilotos.

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