Débilmente fuertes

El oficialismo flaquea. Adelanta comicios y compra gobernadores para enfrentar al campo. Pero la errática oposición hace que esa desesperación parezca lucidez política. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.

21 Mar 2009
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Hay un chiste. Es de los 90. Dios se le aparecía a Fidel Castro, a Bill Clinton y a Carlos Menem y les pedía que comunicaran a sus pueblos que advenía el fin del mundo. Luego, el cubano daba dos malas noticias a su gente: se terminaba el mundo y Dios existía. El norteamericano, en cambio, daba una mala y otra buena: llegaba el fin de los tiempos, pero había un Creador. Y el riojano, huelga decirlo, daba dos excelentes novedades: Dios existía y lo había nombrado su vocero.
Esta humorada siempre deja un gustito amargo. Esa resaca es la impresión de que, en el plano de la realidad, el más despierto, el más "vivo", el que mejor reacciona ante la adversidad, no siempre es el más bueno. O el menos malo. Porque el chiste no denuncia que los líderes extranjeros son muy crédulos: exhibe que los gobernantes argentinos a menudo pecan de ser excesivamente desvergonzados. Por cierto, mucho de eso se vio en los últimos días en el siempre surrealista escenario de la política nacional y provincial.

Sin respeto
Cuando el kirchnerismo anunció su propuesta de adelantar a junio los comicios previstos para octubre, hizo dos cosas. Primero, volvió a manifestar su alegre desprecio tanto por las instituciones (las elecciones y sus cronogramas son reducidos a un fixture deportivo que cambia de un día para otro) como por la seguridad jurídica (su esencia es la previsibilidad, cosa que en este país no se consigue). Segundo, tramitaba certificado de pobreza política, con todos los argentinos como testigos. Es más: días antes, el gobernador, José Alperovich, había confesado que no sabía qué iba a pasar en agosto, financieramente hablando. Luego, la Presidenta manifestaba que era mejor no esperar tanto y votar a mediados de año, nomás. No era ningún chiste. Ni causaba ninguna gracia.
Sin embargo, a pocos días de que el kirchnerismo mostró su debilidad, y de que el alperovichismo confirmó que tenía un socio pobre como contraparte nacional, los oficialistas se animaron a relatar otro cuento. Uno en el que la primera noticia era que anticipaban los comicios. Y la segunda consistía en que hacían eso porque son muy pícaros. En un principio sonaba a broma. Ahora, cada vez hay más gente que se pregunta si, acaso, no es efectivamente así.
¿Qué pasa para que una maniobra desesperada pueda insinuarse como una magistral jugada política? Pasa la oposición.

Sin unidad
Dicho de otro modo, ¿qué más tiene que pasar para que la oposición le saque ventaja al oficialismo? El oficialismo confesó que no puede garantizar estabilidad -léase gobernabilidad- más allá de mediados de año, y la oposición dice mucho pero hace nada. En el orden nacional, después de cinco años consecutivos de kirchnerismo, no ha logrado unificar la personería política de un grupo sustancial de dirigentes que se traduzca en un espacio político que represente una verdadera alternativa de poder. Lo opuesto a los Kirchner ¿es la UCR, el vicepresidente Julio Cobos, el senador santafesino Carlos Reutemann, la mística Elisa Carrió o el triunvirato Macri - Solá - De Narváez? Una cosa es cierta: la unidad kirchnerista es lo opuesto a la dispersión opositora.
Exactamente lo mismo ocurre en Tucumán. Se advierte cuando se somete a las distintas expresiones políticas a una pregunta básica: ¿cómo los encuentra el eventual anticipo de los comicios? Sin unidad a la vista. Fernando Juri ensayó la convocatoria a un frente opositor, y está buscando una joven pata radical, pero su nominación senatorial es indeclinable. José Cano consiguió una medida judicial importante que tumba la retroactividad de la suba tarifaria de la luz, pero su partido sigue intervenido y con las típicas peleas intestinas previas a toda elección general. Por estos días, aparece sumamente lejana la posibilidad de que el ex vicegobernador y el actual legislador puedan encontrar coincidencias electorales, lo cual tranquiliza mucho a la Casa de Gobierno, dado que las encuestas que consumen a diario ?según fuentes oficiosas- dicen que sólo una yunta entre el radical y el peronista puede dañar comicialmente al alperovichismo.
Como esos cauces no parecen encaminados a desembocar en una misma cuenca, en FR comenzaron a calentarse los motores y la luchas fratricidas. Ante la posibilidad cierta de eludir las internas para que sean los órganos del partido los que definan las listas de candidatos, Ricardo Bussi parece tener la sartén por el mango. Pero, de todas maneras, las peleas entre él y su hermano, Luis José, resultan abrasivas para el ya erosionado partido de la derecha provincial.
El Partido Socialista, por un lado, y la Democracia Cristiana, por otro, tienen avanzadas conversaciones con la UCR, pero con la línea de Cano, concretamente. Y José Ignacio García Hamilton aún no mostró las cartas. Otro que tampoco lo hizo es José Ricardo Falú. En los partidos de la izquierda, la unidad de fuerzas es un sueño eterno.

Sin discurso
El alperovichismo, en cambio, tiene otra respuesta para la misma pregunta referida a cómo enfrenar el anticipo de los comicios: la primera dama lidera la lista de senadores, y el ministro Osvaldo Jaldo y la diputada Stella Maris Córdoba ocupan los primeros términos de la nómina de diputados. Lo demás, ya lo expuso en detalle LA GACETA durante esta semana, es un hervidero de rumores. Tal vez reste sumar la versión de que el concejal capitalino Hugo Cabral será postulante a diputado nacional suplente, por expreso pedido del presidente del Concejo, Ramón Cano, quien reclamó un lugar para los ediles de la capital. Pero, nombres más, nombres menos, "la base está".
Por supuesto, el alperovichismo no es precisamente una meritocracia. Sin embargo, no es menos cierto que el Gobierno se esfuerza por no mostrar fisuras. Sin chistar, sumó a Córdoba a la lista de diputados por expreso pedido de Néstor Kirchner, que sacó factura por la ausencia del tucumano en el acto de Catamarca, previo a la revolcada que les propinó el gobernador Eduardo Brizuela del Moral. "Ushted shabe que yo shoy un sholdado de Joshé Alperovich", cuentan que le dijo el pingüino cuando fue a llevarle explicaciones. "Sholo le pido un lugar para Stellita", lo remachó.
Ahora bien, que los opositores aún no tengan definiciones, cuando restan menos de 100 días para ir a las urnas, ni siquiera es lo más complicado del escenario político. Problemas, lo que se dice problemas, tienen desde el jueves, cuando la Presidenta, Cristina Fernández, decretó que las retenciones a la exportación de la soja serán coparticipadas a las provincias. Esa disposición prácticamente ha dejado sin discurso a buena parte de la oposición.

Sin fidelidades
La medida oficial, por un lado, cumple con el reclamo de varios sectores ruralistas referido a que se distribuya entre las provincias, y para la realización de obras, el dinero de las retenciones. Indudablemente, la Presidenta pudo hacer esto hace un año, pero eso no contradice lo anterior. Además, se sabe, el kirchnerismo atrasa. Y, más importante aún, lo decretado pauta que, en adelante, cuando se hable de reducir los porcentajes de esas retenciones, se estará hablando de disminuir la coparticipación de las provincias, y nada menos que en fondos para infraestructura social.
Claro está, los productores podrán seguir manifestando legítimamente que la Nación se declara su socia por la fuerza y que, sin arriesgar nada, se queda con uno de cada tres dólares de lo que ellos venden en el exterior. Sin embargo, puede darse por sentado que la dialéctica demagógica del Gobierno planteará la discusión en términos de "más rentabilidad para el campo; o más hospitales, escuelas, cloacas, viviendas, rutas y agua potable para la gente". Es más: la Presidencia empezó a sacarle el cuerpo a la pelea. La discusión, ahora, será entre los productores y los gobernadores. Esos a los que la Nación acaba de prometerles más plata en tiempos de crisis y de elecciones.

Sin aprender
Con independencia de las posturas, lo cierto es que las reglas de juego han cambiado y la discusión en torno de las retenciones se ha tornado más compleja. Ya no es "Presidencia vs. Campo", porque hay nuevos elementos, cuya importancia no debe ser relativizada. En el medio quedó la oposición, que tenía en el reclamo por la federalización de las retenciones ?ahora concedida-, y en la baja de esa quita a los sojeros ?ahora complicada-, el eje de su discurso. De un discurso que, justamente, no había sido construido sino directamente adoptado del campo porque, en realidad, eran los productores y no los dirigentes políticos opositores quienes marcaban ?y siguen marcando- la agenda política. Luego, el anuncio presidencial desacomodó a los ruralistas y, directamente, desestructuró a los opositores.
Para ponerlo en otros términos, lo que el kirchnerismo hizo el jueves fue, nuevamente, exponer su debilidad en todo su esplendor. La Presidenta confesó, a todo el país, que su Gobierno no puede contra el reclamo del campo. Y, en consecuencia, se apoyó en los gobernadores para que ellos den la pelea. A cambio de su fidelidad, les entrega ahora el 30% de las retenciones, que antes ella se guardaba enteras para su uso discrecional. Con ello, también demostró que no tiene aliados entre los mandatarios provinciales, sino socios a los que debe pagarles y bien.
Pero el errático comportamiento de una oposición que por momentos parece no buscar el poder (en Tucumán, todos los opositores quieren salir segundos y ni uno solo convocó a ganarle al alperovichismo) puede hacer que los peores momentos del oficialismo luzcan como sus horas más lúcidas. Entonces, que la Presidencia apele desesperadamente al apoyo de los gobernadores parecerá, en breve, una brillante jugada. Un oficialismo que, aun en este escenario, tiene dos buenas noticias para darse: se adelantan las elecciones y la oposición nada parece haber aprendido.

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