Una interna que desnuda la falta de gestión y de previsibilidad

El jefe de Gabinete sigue en el ojo de la tormenta. Las malas lecturas de la realidad sobre el agro y la inflación han sido algunas de las características del último período. Por Hugo E. Grimaldi - Agencia DyN.

20 Abr 2008
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BUENOS AIRES. - El humo lo contamina todo, nubla las visiones y hace el aire irrespirable. Mientras el campo grita "traición" y duda cada vez más de las intenciones del Gobierno, y la opinión pública se pregunta si verdaderamente fueron ellos los culpables de los incendios, cómo hicieron los productores rurales para que el viento soplara del Noroeste para complicarle la vida a los habitantes de la Capital Federal y deteriorar aún más la imagen gubernamental, el gran set de interrogantes de los últimos días en materia política se ha centrado alrededor de la figura de Alberto Fernández.
Las operaciones de prensa en contra y a favor del Jefe de Gabinete siguen cruzando de un lado para el otro y se mezclan con el fastidio y la sensación de impotencia de los consumidores que, en medio de los tironeos de las internas del poder, perciben que el bolsillo aguanta cada día menos.
¿De dónde salieron los rumores que devalúan a Fernández por derecha y por izquierda? ¿Alguien busca correrlo de la escena política? ¿Por qué? ¿Será parte toda esta ofensiva de un operativo mayor destinado a oxigenar el elenco de ministros, tras el desgaste gubernamental y un bien perceptible cambio de expectativas?
Sobre ninguna de estas cosas se habría especulado seguramente si las soluciones a los problemas que han puesto en jaque a la presidenta de la Nación durante su corto período constitucional hubieran sido encaradas con mayor racionalidad y con menos visceralidad por parte del Gobierno, especialmente en cómo se interpretó la adhesión de grandes capas de la clase media urbana a la cruzada del agro.
La imposición de las retenciones móviles fueron el punto de quiebre de una situación que ya venía dislocada por el derrape inflacionario y por el poco tino de esconder la realidad debajo de la alfombra, a partir de índices de precios esgrimidos ante testigos privilegiados de la situación parados frente al mostrador. La advertencia de las cacerolas en contra de la presión tributaria tuvo más que ver con la memoria económica y con el temor del "antes que me vuelva a tocar" que con Cecilia Pando de Mercado.
Las malas lecturas de la realidad sobre el agro y la inflación y las consecuentes reacciones, entre ellas el castigo a la misión de la prensa, han sido otra de las características del último período, junto a la profundización del divorcio con el mundo, la falta de inversiones y, sobre todo, la notoria parálisis para construir previsibilidad. Todo apareció de golpe, como un disloque en dominó que llegó para acosar a un esquema de gobierno que, por continuidad, está a punto de ingresar en su sexto año.
Para enmarcar el caso Fernández dentro del internismo que ha terminado de aflorar en medio de todas estas tensiones, hay que recordar previamente que el funcionario ha sido y es, a la hora de la toma de decisiones, una de las cuatro personas más influyentes de la Argentina y que, aunque está en el mismo escalón del secretario técnico y legal de la Presidencia, Carlos Zanini, por lógica tiene por encima al matrimonio Kirchner. También hay que recordar que nada se hace en el Gobierno sin el aval del vértice de la pirámide, que incluye una centralización de decisiones tal que, sumado a un férreo control de las declaraciones, le impide vuelo propio y creatividad a todos los que quedan por debajo, ministros y secretarios incluidos, quienes, castrados en palabra y acción, sólo se mueven si la venia se los permite. Ante la escalada de deterioros varios, que en cualquier gobierno podrían maquillarse con el refresh de un cambio de gabinete, un esquema de este tipo no permite resolver de inmediato una situación de crisis, ya que los Kirchner, por decisión propia, son sus propios fusibles. Ante esta alternativa, si un cambio de figuras ministeriales podría no ser efectivo, al Gobierno le quedan dos caminos por igual de peligrosos: no hacer nada o patear el tablero, a lo Chávez. El sacrificio de un integrante de la cúpula podría ser una alternativa intermedia y en ese sentido en los últimos días fueron muy claras las embestidas varias contra Alberto F., desde aquella patriada casi solitaria del gobernador de Chubut, Mario Das Neves hasta la última crítica muy fuerte del peronismo de la Capital Federal, que se suponía "albertista", pegándole por su supuesta poca influencia para conseguir más asientos para el distrito en la conducción del PJ. En el revitalizado justicialismo creen, sin dudas, que todas estas manifestaciones anti-Fernández han contado con "el aval de Puerto Madero", es decir de Néstor Kirchner.

El fiel escudero
Los rumores sobre la situación aludían a un reemplazo del funcionario en el puesto que ocupa desde hace casi cinco años por el propio ex presidente, quien así pasaría a desempeñar su rol de fiel escudero de Cristina, pero dentro del mismo Gobierno. Otra vertiente para las versiones fue lo que se dio en llamar en la City el jueves pasado "el maquiavelismo del mismo Alberto", quien querría convertirse, según la especie, en el nuevo embajador argentino en Italia, tras el traslado a Buenos Aires del hoy vicecanciller, Victorio Tacchetti.
¿De qué se lo acusa al Jefe de Gabinete? Entre otras cosas de pensar, como lo hacen muchos empresarios, que el modelo kirchnerista perdió la iniciativa política y que hay serios problemas de gestión en la Administración que estarían tirando por la borda buena parte de lo que se ha construido en materia económica. Desde afuera, la sensación es que el Gobierno no sabe, no puede o no quiere abandonar el esquema de confrontación permanente para construir un segundo escalón de su modelo, esta vez con mayor articulación del sector privado.
También se le endilga a Fernández poseer, nada más ni nada menos, que una dosis excesiva de blandura, aunque es dable sospechar que ha tomado este papel para contrapesar en el diálogo con el campo a la topadora kirchnerista, Guillermo Moreno, quien cada vez que se sienta a una mesa es para generar provocación y discordia. Aunque nunca lo ha dicho, es probable que, en la intimidad, a la fina cintura política del Jefe de Gabinete le dé verdadera vergüenza el modo de proceder del secretario Moreno, aunque sepa, como sabe, que es uno de los arietes preferidos de Néstor Kirchner.
No obstante, Fernández -junto al reaparecido Martín Lousteau- fue el encargado de anunciar el viernes cómo se van a instrumentar las compensaciones para los pequeños y medianos productores, un anuncio que las entidades ruralistas no terminan de digerir, no sólo por los 60 días que se tardarán, con suerte, para cobrarlas, sino por el modo en que se avanzó en la cuestión, ya que en las diferentes mesas de acercamiento con el Gobierno, incluidas las que hicieron con Fernández, nunca se había tocado este tema. Esta política del hecho consumado la asimilan a la imposición de las retenciones móviles y la "primereada" gubernamental los ha hecho estallar de furia nuevamente. Lousteau sabe que el principal problema de la economía es la inflación que, como los remaches defectuosos del Titanic, está dejando pasar el agua de a poco hacia el interior del buque. Su misión más delicada hoy es cerrar los compartimentos estancos para evitar que suceda lo inevitable. Por eso ha comenzado a disponer mecanismos algo más ortodoxos, aunque no se diga que son tales, como el control del gasto, la mejora de algunas tarifas que permitan eliminar subsidios y ciertos mecanismos de canje de deuda que soslayen la falta de financiamiento externo, por ahora más que complicado, ya que Venezuela acaba de darle la espalda al gobierno argentino en el caso Sidor (Techint).

Ministro en la picota
Tampoco el ministro de Economía salió indemne de los rumores de salida del Gobierno, ya que se lo reconoce "hombre" de Alberto, pero además quedó marginado en las negociaciones con el campo. Sin embargo, todo indica que Lousteau se ha ganado un espacio propio, al menos en el reconocimiento de la Presidenta, aunque no sería tan así en cuanto a la consideración de Néstor Kirchner. Otra funcionaria del riñón "albertista", también protagonista de estas últimas horas, ha sido la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti quien ha vuelto a cumplir un rol de extrema ineficiencia en la crisis de los incendios de los pastizales de las islas Lechiguanas, en la frontera litigiosa entre Entre Ríos y Buenos Aires. Más allá de sus imputaciones ideológicas, que además parecieron fuera de contexto, ya que ni ella parecía creer lo que decía cuando habló del "lucro" de los productores como fundamento de los incendios, su gran pecado fue subestimar la situación, ya que no solicitó en tiempo y forma que se ataque el fuego, que ya estaba encendido y propagado desde la semana anterior, aún sabiendo que el humo proveniente de las islas había sido el motivo principal de aquel primer grave accidente en cadena del miércoles 9 de abril, con 4 muertos, 25 heridos y con 20 camiones, 25 autos y dos micros involucrados.
Su gran obsesión -y también la del ministro del Interior, Florencio Randazzo- fue probar antes que otra cosa que la responsabilidad no había sido del Gobierno y la funcionaria ni siquiera se preocupó por viajar a la zona del desastre, adonde concurrió ahora, aunque no por decisión propia, sino porque se lo ordenó la presidenta de la Nación.
Ni María Julia Alsogaray podría haberlo hecho peor. Quienes saben de agricultura señalan que la modalidad de incendiar terrenos se realiza en la zona siempre después de agosto, para aprovechar el rebrote de primavera y explican que ahora el que más sufrirá será el ganado, ya que después del fuego no quedan pasturas, por lo que no habría servido dejar a los animales sin alimento durante el invierno. Tan conspirativos como lo es el Gobierno, muchos productores dicen que la mano negra del primer fósforo fue de carácter oficial, para ponerlos en la picota ante la opinión pública.
Entre culpas repartidas, lo cierto y muy grave es que la gente del primer conglomerado urbano del país está sufriendo por la falta de oxígeno y por la calidad del aire que respira. Cosas del mercado, los barbijos protectores, que valían $ 0,35 cada uno en las farmacias, este viernes se cotizaban $ 2,50. Más allá del ejemplo, 600% más...¡qué no se entere Moreno! (DyN)
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