CENIZAS. Una muestra de artes plásticas fue quemada, luego de que los cuadros fueron colocados en el centro del escenario.(ARCHIVO LA GACETA)
15 Agosto 2006 Seguir en 

Con las primeras luces de la madrugada del 15 de agosto de 1981 se tuvo clara la verdadera magnitud de los daños que el incendio declarado horas antes en el Teatro de la Paz había producido en las instalaciones.
"Ver el teatro incendiado nos destrozó; sentimos un inmenso dolor, porque perdíamos algo que estaba muy incorporado a nuestras vidas", dice, a 25 años del siniestro, la actriz Norah Castaldo, quien junto con su colega Juan Carlos Torres Garavat había emprendido en 1979 la aventura de concretar el sueño de la sala propia.
El Teatro de la Paz había sido fundado en 1978 por Lito Socolsky, incansable emprendedor que ya había incursionado con éxito en la producción teatral independiente. Pero las finanzas de la nueva sala no marchaban adecuadamente, por lo que Castaldo y Torres Garavat se hicieron cargo del emprendimiento.
"Habíamos cumplido el sueño del teatro propio, que nos permitiría elegir la programación y hacer las cosas que nos interesaban. Al mismo tiempo, experimentamos lo difícil que era llevar adelante la actividad privada en una época en la que no existían ayudas como los subsidios que ahora entrega el Instituto Nacional del Teatro", recuerda Castaldo.
En efecto, la actividad de la sala era intensa: en 1979 se puso en escena "El tema eran las rosas", bajo la dirección del actor y director porteño José María Gutiérrez.
Por el Teatro de la Paz pasaron, entre muchos otros, Pepe Soriano, Beto Gianola, Myriam de Urquijo, Cecilia Rosetto o José María Vilches, este último en una de sus últimas presentaciones antes de morir.A ello se sumaban exposiciones de plástica, charlas, ciclos de cine y talleres de teatro, con lo que la sala mantenía una actividad constante.
El incendio, según las pericias practicadas, fue provocado intencionalmente: los expertos reconocieron la presencia de líquido inflamable. Los cuadros de María Eugenia Juárez que estaban expuestos fueron amontonados en el escenario para ser quemados; varios testigos -transeúntes y taxistas de la zona de Tribunales- dijeron haber visto que los autores del ataque habían roto una de las puertas de vidrio y habían ingresado al local antes de que las llamas comenzaran a devorarlo velozmente.
Norah Castaldo está segura de que el teatro fue víctima de un atentado porque su imagen quedó asociada con la de Teatro Abierto -pocos días antes se había producido el incendio intencional del teatro El Picadero, en Buenos Aires-, y que la actividad de la sala no era vista con buenos ojos por algunos sectores del gobierno de facto.
Sin embargo, los actores no se desmoralizaron y poco después repusieron en la sala de la biblioteca Alberdi la obra "Viejo mundo", que se estaba representando en el momento del siniestro. Pocos días antes de que se cumpliera un año del ataque, la sala, remodelada según el diseño de Julio César Augier, reabrió con el nombre de Teatro Arena Pablo Podestá. En 1984, con la llegada de la democracia, Torres Garavat se hizo cargo de la dirección técnica del teatro San Martín, y Castaldo asumió la titularidad de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, con lo que la sociedad se disolvió.
"Torres Garavat se había jugado al dejar su carrera en Buenos Aires para instalarse en Tucumán; es también en homenaje a su memoria que vale recordar hoy aquella experiencia", expresó Castaldo.
"Ver el teatro incendiado nos destrozó; sentimos un inmenso dolor, porque perdíamos algo que estaba muy incorporado a nuestras vidas", dice, a 25 años del siniestro, la actriz Norah Castaldo, quien junto con su colega Juan Carlos Torres Garavat había emprendido en 1979 la aventura de concretar el sueño de la sala propia.
El Teatro de la Paz había sido fundado en 1978 por Lito Socolsky, incansable emprendedor que ya había incursionado con éxito en la producción teatral independiente. Pero las finanzas de la nueva sala no marchaban adecuadamente, por lo que Castaldo y Torres Garavat se hicieron cargo del emprendimiento.
"Habíamos cumplido el sueño del teatro propio, que nos permitiría elegir la programación y hacer las cosas que nos interesaban. Al mismo tiempo, experimentamos lo difícil que era llevar adelante la actividad privada en una época en la que no existían ayudas como los subsidios que ahora entrega el Instituto Nacional del Teatro", recuerda Castaldo.
En efecto, la actividad de la sala era intensa: en 1979 se puso en escena "El tema eran las rosas", bajo la dirección del actor y director porteño José María Gutiérrez.
Por el Teatro de la Paz pasaron, entre muchos otros, Pepe Soriano, Beto Gianola, Myriam de Urquijo, Cecilia Rosetto o José María Vilches, este último en una de sus últimas presentaciones antes de morir.A ello se sumaban exposiciones de plástica, charlas, ciclos de cine y talleres de teatro, con lo que la sala mantenía una actividad constante.
El incendio, según las pericias practicadas, fue provocado intencionalmente: los expertos reconocieron la presencia de líquido inflamable. Los cuadros de María Eugenia Juárez que estaban expuestos fueron amontonados en el escenario para ser quemados; varios testigos -transeúntes y taxistas de la zona de Tribunales- dijeron haber visto que los autores del ataque habían roto una de las puertas de vidrio y habían ingresado al local antes de que las llamas comenzaran a devorarlo velozmente.
Norah Castaldo está segura de que el teatro fue víctima de un atentado porque su imagen quedó asociada con la de Teatro Abierto -pocos días antes se había producido el incendio intencional del teatro El Picadero, en Buenos Aires-, y que la actividad de la sala no era vista con buenos ojos por algunos sectores del gobierno de facto.
Sin embargo, los actores no se desmoralizaron y poco después repusieron en la sala de la biblioteca Alberdi la obra "Viejo mundo", que se estaba representando en el momento del siniestro. Pocos días antes de que se cumpliera un año del ataque, la sala, remodelada según el diseño de Julio César Augier, reabrió con el nombre de Teatro Arena Pablo Podestá. En 1984, con la llegada de la democracia, Torres Garavat se hizo cargo de la dirección técnica del teatro San Martín, y Castaldo asumió la titularidad de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, con lo que la sociedad se disolvió.
"Torres Garavat se había jugado al dejar su carrera en Buenos Aires para instalarse en Tucumán; es también en homenaje a su memoria que vale recordar hoy aquella experiencia", expresó Castaldo.
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