Los hilos de la randa atrapan sueños y conservan tradiciones

Con un bastidor casero. Rosa Pedraza de Arévalo teje desde hace más de 60 años. Sus trabajos han viajado por todo el mundo y recibieron un premio de la Unesco.

23 Feb 2005 13
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MANOS DE HADA. Una rama, aguja e hilo son los elementos que usa Rosa de Arévalo para tejer sus randas.

Una leyenda indígena dice que los buenos sueños conocen el camino y pasan a través de la red; en cambio, los malos sueños se pierden, quedan atrapados en la red y desaparecen con las primeras horas del día, cuando se van deslizando por las plumas...
Con un bastidor casero, hecho con rama seca y flexible, un palito que va regulando el tamaño de la malla o urdimbre, una aguja, hilo de algodón y algunas plumas de pájaros, la conocida randera tucumana Rosa Elvira Pedraza de Arévalo teje el "Cazador de sueños", antigua artesanía que simboliza la leyenda y que, según Rosa, debe colgarse dentro de la casa "para impedir que nos alcancen los malos sueños...".
Y, como las pesadillas no conocen de fronteras, los tejidos que fabrica Rosa con sus manos cuidan los sueños en las casas de holandeses, japoneses, alemanes, austríacos, belgas, ingleses y norteamericanos, entre otros.

Elogios y premios
Turistas y empresarios argentinos y extranjeros que, a su paso por Tucumán se enamoraron de las randas que la artesana tejía frente al público, se llevaron algunas de recuerdo. Y no se fueron en silencio. Cada uno, en su lengua de origen, escribió elogios y otras dedicatorias que Rosa guarda celosamente en dos álbumes de recuerdos, que forman parte de su carta de presentación.
La destreza y la creatividad de esta mujer en el oficio de randera le bastaron para representar a Tucumán y alcanzar importantes galardones en cuanta muestra de artesanías viene participando desde hace 25 años.
Entre los reconocimientos más importantes que mereció figuran el Premio de la Unesco, que obtuvo en la Feria de Artesanías de América Latina 2001; el Primer Premio Nacional de la Feria de Maestros Artesanos de los 90 y recientemente recibió "La Rueca de Plata 2005", en la Fiesta Nacional de la Artesanía que se organizó en Colón, Entre Ríos.

Aprendió jugando
Rosa recibió a LA GACETA en su casa, y rememoró cómo se inició en la randa, en Villa Quinteros -su pueblo natal-, en el departamento de Monteros. Mientras tanto, mostraba finos tapetes de todos los tamaños, cuellos, pañuelos, baberos, manteles, puntillas, chalinas y una variedad de prendas y de objetos decorativos para el hogar. "Soy la única de siete hermanas que a los seis años aprendió a tejer randas (ahora tiene 68 años). Me enseñaron mi madre, Mercedes Costilla, y mi abuela, Carmen Pacheco. Aprendí jugando, tejiendo puntillas para los vestidos de mi muñeca, y desde entonces nunca abandoné este trabajo", cuenta orgullosa la mujer, que a los 18 años se recibió de maestra especial en manualidades en el colegio Cristo Rey de Aguilares.
Rosa lamenta que Paula, única mujer entre sus cuatro hijos, conociendo el arte de la randa no continúe con la tradición familiar por falta de tiempo, y sólo se dedique a ejercer el profesorado de Inglés.