Sin duda, es una de las palabras más pronunciadas en las últimas décadas por los argentinos. Esa plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos o la discusión o trato en busca de avenencia, se han convertido en algo casi imposible de cumplir en nuestro país. El diálogo es fundamental en las relaciones humanas para lograr un crecimiento espiritual personal y con el otro. Es sinónimo de comunicación. Una persona o una comunidad aisladas pierden la noción general de la realidad y se quedan con una cara de ese gran prisma.

Tedeum: la política le dio la espalda al pedido de la Iglesia

La invitación al diálogo a la clase dirigente, que incluye a políticos, empresarios, sindicalistas, industriales, está presente constantemente. El 25 de mayo que evoca al primer grito patrio ocurrido en 1810, y que se celebró este jueves, la convocatoria se repitió a través de los representantes de la Iglesia Católica ante las autoridades provinciales y nacionales. “Rogamos a quienes poseen mayores responsabilidades que tengan la grandeza de pensar en el sufrimiento de muchos, más que en los intereses mezquinos. La gente necesita recibir propuestas concretas y realistas más que soluciones tan seductoras como inconsistentes. También espera que se sienten a escucharse y a discutir con respeto hasta encontrar puntos en común. Ansía caminar hacia un proyecto estratégico de desarrollo, que abra un horizonte de esperanza, dignidad, paz social, trabajo y prosperidad, privilegiando a los tirados al borde del camino”, dijo en su homilía Roberto Ferrari, obispo auxiliar de Tucumán.

En la catedral metropolitana de Buenos Aires, Mario Poli, arzobispo de esa ciudad señaló: “Cuando priman intereses particulares sobre el bien común o cuando el afán de dominio se impone por encima del diálogo y la justicia se menoscaba la dignidad de las personas e indefectiblemente, crece la pobreza en sus diversas manifestaciones… Ante un nuevo proceso electoral para elegir a quienes aspiran conducir la Nación, vemos una inmejorable oportunidad para que los candidatos manifiesten su vocación de servicio y aprovechen sus palabras para hacer docencia democrática, con propuestas claras y realistas, sin descalificar a los que compiten; con un lenguaje nuevo que promueva la solidaridad y devuelva al pueblo la confianza y el deseo de participar en la construcción de un destino común”.

Estas expresiones se renuevan casi todos los años en la conmemoración de las dos máximas fechas patrias: el 25 de Mayo y el 9 de Julio, que evoca la declaración de la independencia. Sin embargo, nunca logran el efecto esperado. Los mismos “receptores” hablan de la necesidad de un diálogo que no se concreta, mientras la grieta se profundiza en tiempos electorales, donde el oponente es un blanco a desprestigiar apelando con frecuencia a descalificaciones viles.

La Iglesia reclamó a la clase política diálogo y grandeza para superar la angustiante crisis social

Hay una suerte de imposibilidad de dialogar que se refleja en la realidad traumática y cada vez más angustiante que vivimos. Una buena parte de la sociedad les viene reclamando a sus dirigentes que lleguen a acuerdos que permitan sacar del pozo a este país en que se halla hace mucho tiempo. La sordera es elocuente. Los monólogos del poder y de la oposición sólo han logrado una relación autista, alimentada por posiciones confrontativas y descalificadoras, que causan perjuicio a la mayor parte de la sociedad. Creemos que sin una autocrítica sincera y si no se ceden actitudes que parecieran ser irreductibles, en pro del beneficio colectivo, será difícil capitalizar el fracaso y avanzar hacia la calidad de vida y el progreso tan deseados.