Romina Yan murió el 28 de septiembre de 2010 tras sufrir una aneurisma. La actriz, hija de la productora Cris Morena, estaba casada con Darío Giordano y tenía tres hijos: Franco, Valentina y Azul. Hoy tienen 23, 21 y 17 años respectivamente y sorprende el parecido con su mamá. 

Romina Yan y Darío Giordano se casaron en 1998 y en 2000 nació Franco. "Mi sueño es tener cuatro hijos, pero no sé si me va a dar el tiempo", dijo la actriz. Parte de su deseo se cumplió: en 2002 llegó Valentino y en 2006, Azul. Mientras se ocupaba de su familia siguió trabajando en diversas ficciones. Hasta que el 28 de septiembre de 2010 sufrió un aneurisma: murió a los 36 años.

Según su abuela, Cris Morena, Franco es igual a Romi en el carácter y físicamente y encima con el pelo largo, se los ve idénticos. Valentín tiene los mismos ojos y Azul es muy parecida en su personalidad.

Franco, el hijo mayor de Romina Yan Infobae

A qué se dedica Franco, el hijo mayor de Romina Yan

Franco tiene 23 años, es músico, compositor y actor. Creció en una familia integrada por muchas figuras importantes del espectáculo, como su tatarabuelo, Jaime Yankelevich, uno de los fundadores de la televisión argentina.

Se formó en actuación y participó en producciones como El Potro, la película de Rodrigo, protagonizada por Rodrigo Romero, Florencia Peña, Jimena Barón, Daniel Aráoz y Fernán Mirás. Además, protagonizó con Oscar Luque la serie Photograph, del director Jona Muia, producida por Strike Contenidos.

Franco Giordano, el hijo de Romina Yan, hizo comedia musical en Madrid

Franco también estudió actuación en Londres durante cuatro años y en 2022 debutó en Los puentes de Madison, un mega musical que hizo temporada teatral en la Gran Vía de Madrid.

"Nunca dudé de que quería dedicarme a esto, estoy seguro que es algo que uno trae en el ADN, sin dudas. Además siempre, por mi familia, estuve ligado a la profesión", contó en una entrevista con Clarín.

En sus redes sociales, el hijo de Romina Yan suele postear videos tocando diversos instrumentos, como la guitarra o el violín. "A los 8 años tuve una quiebre, en el que me di cuenta realmente de que quería dedicarme a esto mientras estaba en el patio de casa con mi mamá, repasando obras y canciones", recuerda. Frecuentar los sets de grabación o ir a los teatros a ver las obras de su abuela Cris y ver todo el proceso creativo, no hicieron más que potenciar sus ganas de estar en un escenario.