Una estudio llevado a cabo en la Universidad de Berkeley, California, descubrió que la privación del sueño conduce a una reducción en la generosidad, según publica en su portal la BBC Mundo. Los investigadores hicieron una prueba para ver cuán amables eran las personas cuando estaban cansadas de tres maneras diferentes.
En el primer estudio, privaron de sueño a 21 voluntarios durante 24 horas y luego les preguntaron qué tan dispuestos estarían a colaborar en una variedad de escenarios, como ayudar a un extraño a cargar sus bolsas de compras.
Les pidieron a los participantes que repitieran el cuestionario de altruismo después de una noche de sueño normal. Los investigadores también estudiaron los niveles de actividad cerebral de los 21 participantes utilizando imágenes de resonancia magnética funcional.
Después, 171 voluntarios reclutados en internet llevaron un diario de su sueño antes de realizar el mismo cuestionario. En ambos experimentos, los investigadores encontraron que los participantes cansados puntuaron más bajo en el cuestionario de altruismo.
Este fue el caso independientemente de los rasgos de empatía de los participantes y de si la persona a la que se suponía que debían ayudar era un extraño o alguien familiar para ellos.
Corta duración
Finalmente, los investigadores analizaron más de 3,8 millones de donaciones benéficas realizadas en EEUU antes y después de que se cambiaron los relojes para el verano, lo que hace que todos pierdan una hora de sueño.
Las donaciones disminuyeron el 10% en los días posteriores al cambio de reloj en comparación con las semanas anteriores y posteriores a la transición.
El análisis de imágenes de resonancia magnética funcional dio como resultado que la privación del sueño parece estar relacionada con una actividad reducida en el área del cerebro vinculada a la cognición social, que regula nuestras interacciones sociales con los demás.
El cambio en la actividad cerebral no se relacionó con la calidad del sueño, solo con la cantidad. La buena noticia es que este efecto es de corta duración y desaparece una vez que volvemos a nuestro patrón normal de sueño.
Hace tiempo que se estableció que el sueño es fundamental para muchos aspectos de nuestra salud y bienestar. Esto se demostró en 1959, cuando el DJ estadounidense Peter Tripp se mantuvo despierto para transmitir en vivo desde el Time Square de Nueva York durante 201 horas seguidas.
El récord de Peter fue batido en 1964 por Randy Gardner, un adolescente que permaneció despierto durante 260 horas (casi 11 días) para un proyecto de la feria de ciencias de la escuela.
Randy y Peter se mostraron bien a lo largo de sus respectivas experiencias. Pero a medida que avanzaba el desafío, comenzaron a arrastrar las palabras, a veces se confundían y les costaba completar tareas simples como recitar el alfabeto.
Ambos también tuvieron alucinaciones vívidas. Peter vio telarañas en sus zapatos y creyó que un cajón del escritorio se había incendiado.
Ahora sabemos que la falta de sueño está relacionada con problemas de salud mental, como alucinaciones y psicosis. Peter y Randy parecieron recuperarse de sus terribles experiencias, pero las investigaciones muestran que la privación severa del sueño a largo plazo puede provocar problemas neurológicos duraderos.
Peligros concretos
Desde los experimentos de estos artistas, la investigación fue demostrando que la falta de sueño afecta la mayoría de los aspectos de nuestro comportamiento, y no menos importantes nuestras habilidades básicas de pensamiento, como la memoria y la toma de decisiones.
En 1988, la Asociación de Sociedades Profesionales del Sueño publicó un informe en la revista Sleep, en el que advirtió que dormir mal lleva a un mayor riesgo de tener un accidente, como una colisión en la ruta o un percance haciendo arreglos en el hogar.
Un estudio de 2015 comparó el número de accidentes de tráfico mortales en EEUU justo después de que los relojes cambiaron al horario de verano, cuando los relojes se adelantan y se pierde en ese país una hora de sueño, y encontró un aumento significativo en el número de accidentes al día siguiente.
Todo tiene sentido
Los psicólogos creen que la amabilidad y la generosidad son parte de nuestra cognición social, un conjunto complejo de procesos que controlan cómo interactuamos con los demás y cómo tomamos decisiones sobre nuestro comportamiento hacia ellos.
Estas decisiones se basan en muchos factores. Cada uno de estos factores se ve afectado por lo bien que dormimos; todos los aspectos de la memoria de situaciones anteriores; la calidad de nuestras decisiones; lo impulsivos que somos y sobre todo nuestras emociones y lo bien que podemos regularlas.
Es de esperar que la cantidad de dinero que se esté dispuesto a donar también sea sensible al sueño.
Así que la próxima vez que un amigo te pida que hagas una donación para su maratón que busca recaudar fondos por una buena causa, duerme bien antes de darle una respuesta.