Una creencia es la sensación de certidumbre acerca del significado de una experiencia, situación o sentimiento concretos. Esas certezas a las que nos aferramos gravitan fuertemente en nuestras vidas. Por ejemplo, nuestras ideas acerca de lo que es posible de alguna manera marcan hasta dónde podemos fijarnos una meta.
En el terreno de la sexualidad abundan creencias de todo tipo. Muchas de ellas limitadoras y tan exactas e indudables como la antigua idea de nuestros antepasados respecto de la tierra plana. Ocurre que, por muy erróneas que sean, parecen escritas sobre piedra. ¡Cómo nos cuesta soltarlas! ¡Hasta qué punto hemos llegado a identificarnos con ellas!
Sexualmente hablando: Derecho al orgasmoCuanto más inconsciente e incuestionable es una creencia, más poder suele poseer. Es como tener un ladrón en la casa sin saberlo: acabará por llevarse todo. Si una creencia es positiva y fortalecedora, bienvenida sea. El problema se presenta cuando son convicciones negativas: las que nos meten miedo, vergüenza, temor, inseguridad, ansiedad… y que, en lugar de ayudarnos a expandir nuestro espíritu, nos contraen.
Un ejercicio interesante para tomar conciencia de las creencias, conscientes e inconscientes, que sostienen ciertas connotaciones negativas en torno a la sexualidad, tiene que ver con identificar los mandatos, instrucciones y aserciones que hemos recibido a lo largo de nuestra vida en este sentido.
Lo recomendable es sentarnos cómodos y respirar hondo mientras nos vamos centrando en la espiración y nos relajamos. Se trata de mirar un poco el pasado, la infancia y desenterrar incidentes, comentarios o conductas que tuvieran que ver con la percepción del cuerpo, las funciones corporales y la conducta sexual.
Sexualmente hablando: El síndrome de la impostora“No te toqués ahí”, “no te vistás de manera provocativa”, “si mostrás menos, serás más atractiva”, “el hombre propone, la mujer dispone”, “masturbarse es un pecado”, “las partes íntimas del cuerpo son sucias”, “no tenés casi tetas”, “todo te queda mejor si sos flaca”… Sin duda todos tenemos mucho para evocar al respecto, incluyendo las innumerables señales no verbales que también nos dejaban mensajes fuertes en torno a la sexualidad.
Las personas que han educado a niños o pasan tiempo con ellos, pueden agregar el recuerdo de incidentes o comentarios similares que les hicieron alguna vez. Pensar también en experiencias del estilo en las que oímos o vimos a nuestros propios padres dirigirse a otros niños, hijos, o nietos, con este tipo de actitud. Luego, en una hoja de papel -o en la computadora- hacer tres columnas con los títulos: mandatos, instrucciones y aserciones. Bajo cada columna, escribir una lista de los mensajes recibidos sobre el cuerpo y el sexo. Incluir tanto lo verbal como lo no verbal.
Sexualmente hablando: ¡A liberarse de los roles!Después, examinar la lista y buscar consistencias y conflictos entre las tres columnas. Por ejemplo, podemos haber recibido el mandato “no actués de forma sexy”, pero, de forma no verbal, también la instrucción de “ser sexy”, y al mismo tiempo la aserción “una chica sexy es una puta”. Parecido a lo que ocurre con la consabida mayor importancia que supuestamente tiene “lo de adentro” en las personas, en contradicción con lo mucho que se habla del cuerpo de los demás: si están gordos, flacas, o debieran vestirse de tal o cual manera.
Al ser conscientes de los mensajes contradictorios o establecer consistencias, se entienden mejor las actitudes y creencias que se han desarrollado acerca del cuerpo y la sexualidad. Incluso es posible que empecemos a percibir la actuación de estos mensajes en la vida diaria, en situaciones en las que antes lo ignorábamos. El proceso puede ser doloroso: poner luz sobre pensamientos, sentimientos y conductas que nos condicionan tanto y que, para colmo de males, parecen estar fueran de nuestro control, ¡Como si fueran ellos los que nos controlan! La recompensa está en que, una vez que sabemos de su existencia, podemos empezar a cambiarlos. La toma de conciencia es solo el primer paso, es verdad. Pero es un paso gigantesco, sin el cual no hay evolución posible.