Puede ser casualidad (pero quizás “ella” se las ingenió): la primera semana de agosto, el mes de la Madre Tierra, se dedica a generar conciencia sobre la importancia de dar -y recibir- “la teta”. No solo para el bebé; también para la madre, para la salud de la humanidad y del ambiente: la leche materna se produce sin dejar huella de carbono; es un recurso renovable, no necesita envases y no genera desechos.

Eso no es todo: “Si hubiera una nueva vacuna que previniera más de 1 millón de muertes infantiles por año, y que además fuera barata, segura y administrada por vía oral, y que no necesitara una cadena de frío, sería una política imperativa de la salud pública. La lactancia materna puede hacer esto y más”, afirma en un artículo de la revista The Lancet Elizabeth Nelson, cofundadora de la iniciativa “La leche materna es mejor”.

De qué hablamos

La Semana Mundial de la Lactancia Materna, instaurada en 1992, está vigente en más de 120 países y termina el 7 de agosto, aniversario de la Declaración de Innocenti. Se trata de un documento firmado por la OMS y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en agosto de 1990 sobre la protección, el fomento y el apoyo de la lactancia materna. ¿Por qué tenemos que proteger, fomentar y apoyar algo supuestamente tan “natural” como dar la teta? Una respuesta posible está en el lema planteado para 2022: “Impulsemos la lactancia materna: apoyando y educando”.

“Entre las dificultades que encuentran las familias para sostenerla aparece el hecho de que la lactancia está rodeada de mitos, creencias erróneas y temores -cuenta la neonatóloga Claudia Quinteros, de la Unidad de Lactancia de la Maternidad tucumana-. Es muy importante ayudar a las madres a enfrentarlos; y es muy importante no esperar al parto para ello, pues después de tener a su bebé, la mamá está ocupada en otra cosa”.

“El embarazo, entonces, es la oportunidad de oro: la mamá está receptiva, ávida de saber... Los talleres (que se dictan en la Maternidad) son una gran herramienta, y en ellos cumplen un rol importante profesionales no médicos: obstetras, enfermeras, nutricionistas especializadas...”, agrega. “Muchas veces, aunque la información y la decisión de amamantar estén, los contextos dificultan la lactancia”, advierte Carolina Courel, licenciada en Nutrición y especialista en lactancia. “Esos contextos van desde las internaciones innecesarias y la demora en la puesta al pecho, hasta el regreso al trabajo”, agrega y resalta: “es normal al principio sentir angustia, la sensación de que no se puede todo...”.

En ese marco -agrega-, un consejo es pensar con tiempo qué cosas pueden ser necesarias, a las cuales es posible anticiparse.

La comunicación es clave

“Gobiernos, sistemas de salud, lugares de trabajo y comunidades deben estar informados, educados y empoderados para fortalecer sus capacidades de proporcionar y sostener entornos amigables con la lactancia”, dice la OMS. Quinteros es más específica: el proceso de lactancia (que idealmente dura dos años) necesita mucho apoyo. “No solo el acompañamiento físico; y no solo de la familia y de los amigos. Hace falta soporte en lo laboral y también en lo social”, advierte.

Resalta dos derechos que están cubiertos por ley (pero no siempre se cumplen) y que sería importante profundizar: las licencias y los espacios amigables, como salas de lactancia y guarderías. “Las instituciones con más de 20 mujeres en edad fértil deberían contar con espacios de apoyo”, destaca. Insiste en un punto: la capacitación del personal de salud.

“A veces los equipos no tienen las habilidades necesarias para apoyar el amamantamiento. Hay frases -lamentablemente frecuentes- que son como un golpe, y destruyen la confianza de la madre en su capacidad de amamantar: ‘tu leche parece que no lo llena; ‘tu leche es muy clarita’ ‘tus pechos son muy pequeños’...”, enumera. “Es indispensable que se brinde capacitación al personal de salud, tanto en información actualizada como en los modos de realizar la consejería”, advierte.

Recordar los beneficios

Según Unicef, la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses (y combinada hasta los 24) puede evitar anualmente la muerte de 1,3 millón de niños menores de cinco años. Y no solo beneficia el desarrollo físico e intelectual de los chicos: sufren menos enfermedades infecciosas y tienen menos probabilidades de padecer, cuando sean grandes, enfermedades crónicas como obesidad, diabetes y cáncer.

Darle la teta también le hace bien a la madre: “protege del cáncer de mama y del de ovario; de la depresión posparto, de la anemia, de la hipertensión, de la osteoporosis y de la artritis reumatoidea”, resalta el Ministerio de Salud de la Nación. Además ayuda a recuperar el peso anterior al embarazo.