La coyuntura no le dio tiempo a muchos a subirse a los botes. Algunos pudieron salir airosos de la reestructuración; otros tomaron otros rumbos sorprendidos por las decisiones presidenciales, adoptadas más con gestos que con palabras. Varios ministros naufragaron en esta expedición que, según el mercado y los analistas políticos, llevaba a ese barco llamado “Frente de Todos” a chocar con un iceberg. Otros navegan, incómodos o esperando nuevas señales que los lleven a la costa. En este último estado se encuentra Juan Manzur, un sobreviviente de la depuración que Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner hicieron para intentar llegar al puerto de 2023, pagando el menor costo político posible. Llamó la atención la pasividad del tucumano que, en momentos más complicados para la Casa Rosada, se refugió en Tucumán durante los fines de semana más traumáticos de la actual gestión de Gobierno. “Va a seguir corriendo mucha agua por debajo del puente”, dijo el jefe de Gabinete de la Nación a un grupo de dirigentes con los cuales compartió un asado en la que analizaron la situación local y nacional. La reunión fue en un municipio del interior. El gobernador en uso de licencia retornará esta noche a la Ciudad de Buenos Aires.
Manzur está tranquilo. Sus colaboradores señalan que la relación con el Presidente marcha viento en popa, más allá de las turbulencias políticas y económicas del momento. También tiene contactos permanentes con Cristina, a quien se le atribuye gran parte de la movida que hoy se está observando en el gabinete de Alberto Fernández. ¿Y con Sergio Massa? La relación con el nominado ministro de Economía, Agricultura y Desarrollo Productivo siempre ha sido cercana. Hay quienes sostienen, sin embargo, que las movidas que ha realizado el tigrense no hicieron más que generar un vacío de poder a Manzur, que también ha padecido la frialdad de algunos ministros que no le respondían abiertamente por aquello de “Juan 23”. Ambos sostienen públicamente que la sintonía es la de siempre y que uno necesita del otro para consolidar a la coalición oficialista, pensando en el test electoral que se viene y que será por toda la parada. El tiempo para las correcciones es muy corto. Apenas arranquen las elecciones en las provincias comenzará a observarse si el plan de reestructuración le dio el suficiente oxígeno para pelearle en las urnas a la oposición y a la desilusión de la sociedad. El dólar, la inflación, la caída del poder adquisitivo, la desaceleración de la actividad y el resto de los desequilibrios económicos estarán en la hoja de ruta de la otra etapa que no es nueva. La cuestión de fondo es saber si el Gobierno tendrá el combustible suficiente para llegar al puerto con el menor daño posible en el barco y cruzar la tempestad.