En el Instituto de Investigación Animal del Chaco Semiárido (Iiacs) del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Leales estudian los aportes del sistema silvopastoril a la producción ganadera y maderera, para lograr que los árboles, el pasto y las vacas se asocien para producir en forma sostenible más carne.

Como una de las alternativas de los sistemas pastoriles surge la posibilidad de implantar arboles sobre pasturas. En el norte argentino se trabaja mucho en ganadería que se hace en tierras donde antes había pastizales o bosques nativos.

A diferencia del sistema silvopastoril, que se logra desarbustando el bosque nativo, en el Iiacs se implantó en 2017 un ensayo de un sistema silvopastoril con algarrobo blanco seleccionado por INTA junto a una pastura de Grama Rhodes que ya tenía siete años desde que se sembró.

“Uno de los objetivos de este ensayo con una superficie de 12 hectáreas, es ver cómo se maneja la implantación y la poda de la plantación de algarrobo desde el inicio. El diseño de plantación es de ocho metros de distancia entre líneas de algarrobos y de tres metros de separación entre árboles”, explicó Alejandro Radrizzani, investigador del Iiacs y responsable del ensayo.

Pregunta disparadora

¿Bienestar animal igual a mayor producción de forraje y carne?, se preguntaron los investigadores. El manejo del ambiente con la meta de ofrecerle al ganado un espacio confortable y analizar los parámetros de comportamiento animal y el estrés, en relación a la producción de carne -comparando un sistema con y otros sin árboles, forma parte de los estudios que se hacen en el Iiacs.

“La importancia de establecer sistemas alternativos con árboles, en este caso implantados, es lograr que los animales tengan sombra, uno de los bienes más valiosos en una región con tan altas temperaturas. Esto es bueno para el bienestar de los animales”, explicó el investigador.

Y añadió que la sombra genera un microclima favorable para el crecimiento de la pastura que mejora el balance hídrico, reduce el estrés térmico de las plantas forrajeras -que se ven más verdes y turgentes-, y favorece a una mejor utilización de los nutrientes del suelo, con mayor mineralización de nitrógeno, ambiente que resulta favorable para producir mejor calidad de forrajera y, por ende, más producción ganadera”, señaló Radrizzani.

Árbol, variable productiva

El ensayo además contempla la eficiencia productiva en lo que a producción forestal se refiere. Debido a ello se implementan técnicas de manejo, lo que incluye plantación y podas de formación y mantenimiento.

“En la parte forestal, nos propusimos llegar a producir 100 fustes de dos metros de altura por hectárea, que con prácticas poda y raleo (sacar la mitad de los árboles para que no compitan por luz, quedando los árboles en un marco de 8x6 metros) permitiría alcanzar una propuesta comercial de venta de madera”, apuntó el investigador.

Mediciones

Bien conocida es la emisión de metano a la atmósfera por parte del ganado bovino, ítem que también está incluido en el ensayo.

“Estamos evaluando cómo evoluciona a medida de que crecen los árboles, el balance de carbono del sistema. Analizamos cuánto carbono se secuestra en madera y cuánto en el suelo, que balancea el metano que emiten los animales, lo que mitiga los gases de efecto invernadero del sistema. También medimos el ciclado de nitrógeno en el sistema, debido a que el algarrobo tiene la capacidad de capturar nitrógeno de la atmósfera mediante la fijación simbiótica. Esto aporta nitrógeno al suelo, que después es utilizado no solo por el árbol, sino también por el pasto, lo que termina repercutiendo en una mayor calidad de forraje para los animales”, prosiguió Radrizzani.

En las 12 hectáreas del ensayo destinado a la evaluación de varios parámetros productivos y ambientales, también se estudia qué sucede con la dinámica de la napa freática, para confirmar si se cumple con la meta de bajar la napa con la implantación de árboles.