Una caminata por el cerro alumbrados por la luz de la luna. Correr por los senderos naturales, siguiendo huellas o rastros en medio de la selva. El contacto con la naturaleza. La pandemia lo convirtió en una necesidad. Y en una moda. Lo cierto es que después de los meses encerrados en cuarentena, empezamos a valorar más los espacios verdes, abiertos e infinitos. Y nos volcamos a ellos. El aumento de las visitas a los parques y cerros prueban que estos lugares al aire libre se convirtieron en un valioso refugio para la gente.

Quienes trabajan en los parques nacionales se acostumbraron a ver caminantes a toda hora. Fue la actividad deportiva que más creció desde 2020. Mucha más gente se interesó por el senderismo, el trekking, el ciclismo de montaña y otras variantes, que en Tucumán tienen a los cerros como escenario favorito.

Esto debería ser una buena noticia porque genera un hábito saludable y más turismo interno. Sin embargo, el boom de excursionistas plantea una serie dilemas: por un lado está el impacto que genera al medio ambiente y, por otro lado, está el mayor riesgo de extravío o de accidentes, ya que muchas personas lo hacen sin preparación o sin guías habilitados.

Manuel Pachado, guardaparque nacional del Parque Sierra de San Javier, celebra que por la pandemia se haya fortalecido la necesidad de las personas de estar en contacto con la naturaleza. Pero al mismo tiempo reconoce que hay más descuidos y situaciones de imprudencia que se dan especialmente los fines de semana por la cantidad de gente que recorre los cerros y otros espacios naturales.

“La gente ha empezado a visitar masivamente las áreas naturales; no solo excursionistas, también van muchas personas a pasar el día. Cualquier actividad humana dentro de las áreas naturales o de los sitios agrestes genera un impacto. Por ejemplo, en el suelo: cuanto más se pisotea, más se degrada”, observa.

“Estamos trabajando para ver la forma de minimizar ese impacto, para tratar de regular un poco las actividades. El parque Sierra de San Javier tiene habilitados senderos de uso público y sectores también como camping. Tenemos que evaluar el impacto, medir la capacidad de carga en estos lugares, la cantidad de público que pueden admitir y así definir cuáles espacios abrir y cuáles limitar”, apunta.

Otro impacto, según el integrante del cuerpo de Guardaparques de la UNT, tiene que ver con la flora y la fauna silvestre. “Por eso estamos tratando de ver cómo regulamos el tema de las visitas nocturnas, unas de las modalidades que gana cada vez más adeptos. No hay que olvidar que la fauna trata de evitar cruzarse con el humano, y que por eso sale a la tarde y a la noche”, aclara.

Respecto de los guías que hacen excursiones, cuenta que están trabajando junto a la provincia para capacitar y habilitar guías que se desempeñen en las áreas protegidas para que cada paseo sea un mensaje, no solo recorrer una zona. “Hace falta una fuerte educación ambiental para minimizar el impacto y que estas actividades se desarrollen de una forma sustentable. Necesitamos guías intérpretes. Los bienes ambientales son cosas intangibles: escuchar el canto de las aves, sentir la brisa y los distintos aromas. No es algo que se pueda cuantificar, pero sí valorar de otra forma”, evalúa.

Récords de rescates

La gran afluencia de gente no capacitada para el desarrollo seguro de las actividades en los cerros ha llevado a récords de rescates en los últimos meses, apunta Carlos Figueroa, presidente de la Asociación de prestadores de turismo activo de la provincia.

El experto señala que Tucumán tiene una ley que regula la actividad de turismo aventura, pero que no siempre se respeta. Según esta normativa, los guías deben estar preparados, habilitados por el Ente Tucumán Turismo (ETT), deben contar con un seguro para las excursiones y un plan para evacuación para contingencias. “El problema es que más del 90% de los que trabajan en esta actividad, que se ha vuelto un boom, no está registrado”, dice.

Según la página oficial de Turismo (https://www.tucumanturismo.gob.ar), hay 25 prestadores habilitados para desarrollar actividades de turismo en aire, agua y tierra. Pero según Figueroa, en los hechos son más de 400. “Las consecuencias las hemos visto en el último año: mucha más gente perdida en los cerros, personas que fueron abandonadas o que terminaron lesionadas. Quienes están en regla están preparados para todo tipo de emergencias, conocen bien el terreno, llevan botiquines adecuados, e incluso saben hacer rescates o actuar ante una lesión o picadura de animal ponzoñoso, entre otras cosas, señaló. “Hace falta más control y concientización”, señala.

Renzo Di Berto, que forma parte del grupo “Caminantes de Montaña”, coincide con Figueroa. “Lo barato te puede salir muy caro cuando contratás un guía sin habilitación y sin un seguro. Tenemos cerros en los que de repente baja la neblina y no te podés ver ni las manos. He participado de varios rescates de personas que la pasaron muy mal por contratar servicios de gente improvisada. Se perdieron, tuvieron miedo, algunos se lastimaron y se terminaron enojando con la montaña”, detalla.

Virginia Zerrizuela, referente de Turismo Activo y de Naturaleza de la Dirección de Desarrollo del ETT, reconoce que la actividad tuvo una verdadera explosión. En Tucumán hay 700 sendas, y casi todas necesitan de un guía que conozca el terreno. “Muchas personas no son conscientes de la importancia de contratar un guía habilitado por el ente. Y lamentablemente se llevan más por el costo de una excursión que siempre será más barata para quienes no pagan un seguro para la actividad o no tienen la suficiente capacitación. Entonces, vemos las consecuencias”, explica.

Según describe, los guías turísticos ilegales se promocionan en las redes sociales. “Nosotros recibimos denuncias todo el tiempo y actuamos para desalentar esa actividad”, cuenta.

Para cerrar, Alejandro Brown, director de la Fundación ProYungas, sostiene que es muy positiva esta creciente necesidad de la gente de conectar con la naturaleza. “Además, tenemos un cerro pegado a la ciudad, y que es un área protegida. Pienso que el gran desafío es ordenar bien las cosas, brindar más seguridad y concientizar a los usuarios sobre la importancia de cuidar el medio ambiente, pero hacerlo desde la mirada amable. Hay que correrse de esa postura que tienen en muchos parques nacionales, donde consideran a las visitas un mal necesario, que no pueden regular”, concluye.