“Vivo en un frasco”, le dice el periodista de La Nación Hugo Alconada Mon a Alejandro Fantino en una de las primeras entrevistas televisivas que brindó fuera de su medio o de programas especializados en temas políticos. Así respondía a la pregunta sobre cómo mantenía la tranquilidad para escribir y denunciar a ricos y poderosos en sus investigaciones periodísticas.

La entrevista con Fantino sucedió en 2016 cuando habían acusado que el trabajo de investigación sobre los Panama Papers había sido publicado para beneficiar a Mauricio Macri en las elecciones a presidente. “Todavía hay gente que repite esa mentira; fueron patrañas y fuimos víctimas de lo que hoy se conoce como Fake News”, recuerda en diálogo con LA GACETA el periodista Alconada Mon. “Quise salir a explicar cómo hacía mi trabajo y de qué se trataban los Panama Papers”, dice haciendo referencia a la investigación en la que trabajó junto a un gran grupo de periodistas de diferentes países sobre una filtración informativa de documentos confidenciales de la desaparecida firma de abogados panameña Mossack Fonseca. La información estaba “embargada” y se presentó simultáneamente el 3 de abril de 2016 en 109 medios de comunicación que incluían periódicos, canales de televisión y plataformas digitales de 76 países.

Más allá de las intenciones del periodista, esa entrevista con Fantino que todavía puede verse en YouTube, terminó siendo una clase abierta de periodismo de investigación. “Eso es mérito de Fantino que más de una vez logró bajarme las revoluciones y poner en palabras lo que yo quería decir. Para mí fue muy beneficiosa porque era una forma de que todos pudieran entender cómo trabajo.” ¿Y cómo lo hace? Persiguiendo pistas que pueden acercarle los “arrepentidos” u observando las “alarmas” que se van encendiendo en torno a los poderosos. Investigaciones que duran cuatro años, otras que pasan los siete y todavía no se han publicado porque las piezas están “sueltas”.

Alconada Mon tenía muy claro desde adolescente que quería ser periodista. En el último año del colegio asistió a varias charlas de profesionales que admiraba. Al finalizar, se les acercaba, no para una foto o una firma en un libro, sino para hacerles la siguiente pregunta: “Quiero hacer lo que usted hace, ¿qué me recomienda estudiar?”, les decía. Y ahí recibió el mejor consejo, según sus propias palabras: “si querés se periodista, estudiá primero otra cosa, como Derecho o Economía, y después dedicate al periodismo”, le dijeron. Y eso hizo. Actualmente es abogado; magister por la Universidad de Navarra y se desempeña como prosecretario de Redacción de La Nación.

Sus libros, que se publicaron desde 2009, fueron el resultado de las investigaciones que realizó como periodista para el diario La Nación. En cada uno de ellos volcó su trabajo de meses en lo que se convirtieron causas emblemáticas de corrupción de nuestro país. “A veces la realidad en Argentina supera a la ficción”, dice.

Los secretos de la valija; Las coimas del gigante alemán; La raíz (de todos los males); La piñata; Boudou, Ciccone y la máquina de hacer billetes; Pausa 1 y Pausa 2 son los siete libros publicados por el periodista, ganador de múltiples premios nacionales e internacionales y participante activo de la red de periodistas internacionales que descubrió los Wikileaks y los Panama Papers.

Mirando al futuro

Sus últimos dos libros, Pausa 1 y 2, recopilan entrevistas y ensayos con líderes mundiales que analizan, en medio de la pandemia por la covid-19 y saliendo de esta, cómo será nuestra nueva vida. “No vimos venir la pandemia. O no quisimos verla. Hubo advertencias y alertas; sin embargo, preferimos ignorarlas. Ahora sabemos que estaba todo dado para que ocurriera. Nos sorprendió porque dejamos que nos sorprendiera. Fue demasiado tarde. Un virus recorre el mundo. Y ahora, ¿qué otra cosa no estamos viendo? ¿Una nueva pandemia? ¿Un colapso económico peor que el crac del 29? ¿Un rebrote autoritario? ¿El estallido de la desigualdad social? ¿El cambio climático? ¿Cómo impactará esta distopía en nuestras vidas en los próximos años? ¿Se aprende de la experiencia?”, son algunas preguntas que hizo a referentes de América, Europa, África, Medio Oriente y Asia. Angelina Jolie, Jared Diamond, Nicholas Bloom, Isabel Allende, Fernando Savater, Ha-Joon Chang fueron algunos de sus entrevistados. “Mis preguntas buscaron conocer qué lecciones aprendieron ellos, en términos teóricos y en carne propia. Porque todos los entrevistados estuvieron o aún están confinados en sus casas. Y varios de ellos perdieron seres queridos, víctimas de la Covid-19. A la luz de ese trasiego — y en ciertos casos, de ese dolor— también quise saber si ven algo positivo en lo que estamos sobrellevando. ¿Sienten — les pregunté— que hay algo para rescatar y valorar? ¿Algo esperanzador? Lo notable es que todos enumeraron un amplísimo abanico de rasgos valiosos, muchos de ellos señalaron aprendizajes y nuevas oportunidades, incluso aquellos que se encontraban en pleno duelo. Resulta alentador”, reflexiona el periodista en el prólogo del primer libro.

-¿Qué enseñanzas te dejaron tus últimos dos libros, Pausa 1 y 2?

-Yo quise abrir una ventana de ideas, pensamientos y reflexiones con algunos de los genios y genias más grandes del planeta. Y me llamó mucho la atención que ninguno vino a decirme: ‘mirá, la tengo clara, la cosa es así’. Al contrario. Todos decían: ‘yo pienso que…’, ‘quizás, una posibilidad es…’. Entonces me di cuenta de que cuanto más arriba estaban estos genios, más humildes y cautos eran en sus afirmaciones. Si tuviera que decir un mínimo común denominador es ese.

Otra cosa es que a las consecuencias de la pandemia la vamos a arrastrar durante décadas. Por ejemplo en lo económico, en lo social, con la brecha de inequidad social que se agudizó, la brecha educativa, el mundo del trabajo, el tipo de salario que van a recibir va a ser muy distinto. También está medido que hay una correlación entre educación y expectativa de vida. Estos chicos que ahora están largando el colegio van a vivir menos, en vez de morir a los 72, 73 años, van a morir antes. Con lo cual, en 50 o 60 años vamos a seguir lidiando con el impacto de la pandemia. La pandemia fue como una lupa, que agiganta lo que ya estaba allí, lo bueno y lo malo.

-¿Cómo llegaron a ser libros los casos de Antonini Wilson y Amado Boudou, por mencionar algunos?

-Los primeros casos de Antonini Wilson, el caso Siemens o el de Amado Boudou, fueron investigaciones particulares y un episodio de corrupción específico en cada caso. Cuando vas cubriendo el tema es como armar un rompecabezas y uno que lo sigue lo tiene en su cabeza pero el lector no. Yo en cada publicación en el diario iba mostrando cada pieza y cómo encajaban. En los libros pude mostrarles a los lectores el rompecabezas armado, el inicio y el final de una investigación. Los libros te permiten hacer como una película y al final, ‘chan, chan’, el caso completo.

Con La Piñata ya abarqué la corrupción “de la A a la Z” en el gobierno kirchnerista, pero ahí me di cuenta de que hay algo más sistémico y estructural sobre la corrupción. Entonces de ahí fue el salto a decir: esto excede a un gobierno o a un espacio político. Con La Raíz de todos los males intenté explicar esto, la corrupción estructural.

-¿Qué es lo que más te sorprendía de esos casos de corrupción tan groseros?

-Lo que me llamaba la atención es que la realidad supera a la ficción. Yo volvía a la redacción del diario con datos concretos y hablaba con colegas analizando qué y cómo íbamos a contar las cosas y parecía de locos. Yo pensaba: “la gente no nos va a creer, estamos desvariando”.

Y lo que sucedía también era que, a veces, los casos se disparaban por una cuestión tonta. El caso de la valija con 800.000 dólares del empresario venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson no empieza con una conspiración galáctica. Fue mucho más sencillo y estúpido: el vuelo salió demorado de origen, en la aduana de Ezeiza aguardaba otro turno de controladores –esa es mi hipótesis-. Al bajar, mientras debían ser controlados una chica llamada Ruth Behrens maltrató a otra, María Luján Telpuk, quien enojada decidió demorarlos revisando cada una de las valijas. Ahí aparece el dinero no declarado. Telpuk se sintió correctamente maltratada y ahí surgió todo. Por eso digo que la realidad supera la ficción.

-¿Y qué pasa en otros países con la corrupción?

-Creo que existe una sobredosis de impunidad. La primera vez que alguien hace “una macana” trata de hacerlo como una tarea de inteligencia: tengo que entrar a cierta hora, llevar las cosas de esta manera, mostrar determinados documentos, esconder esto, mostrar lo otro. No miro ni me detengo. Pero cuando se hace varias veces ya uno entra como “Pancho por su casa”, se te caen los papeles, llamás la atención y ahí es cuando se cometen los errores. Es la sobredosis de impunidad que hace que salten las alarmas.

No es necesario que haya un arrepentido para que se conozcan estos casos de corrupción. Pero sí hay ocasiones en las cuales sin un arrepentido es muy difícil reconstruir el rompecabezas porque hay casos muy complejos porque incluyen operaciones contables en diferentes países con reglas que no son las mismas, por mencionar un ejemplo como el de Panama Papers.

-¿Te desvelan estos temas?

-Literalmente, alguna vez me he levantado a mitad de la noche -de puro compulsivo- pensando si algún dato que tenía lo había verificado o no. Después me daba cuenta de que estaba chequeado y seguía durmiendo.

Pero con respecto al país y estos temas creo que sí, que me desaniman. Porque entiendo que si modificamos de manera sistémica y estructural el tema de la corrupción vamos a seguir tropezando y teniendo casos como estos. A veces siento que uno está concentrado persiguiendo a un conejo y no ve el desfile de elefantes rosas que hay delante, mueven el piso y hacen que tiemble. Esa es la sensación que tengo que uno sigue un determinado caso de corrupción pero detrás hay cientos.

La sensación de injusticia es grande, porque a veces yo tengo declaraciones en off que cuando van a declarar en la Justicia lo niegan; entonces uno se pregunta: ¿qué sucedió? Los casos que quedan impunes también generan frustración.

Pero también siento que uno hace su aporte desde su lugar como periodista, señalando, mostrando, porque, en definitiva, yo sigo laburando por mis chicos, porque este no es el país que quiero para ellos.

Bio

Hugo Alconada Mon es abogado y periodista; prosecretario en La Nación, abocado a investigaciones sobre corrupción. Publicó Los secretos de la valija (2009), Las coimas del gigante alemán (2011), Boudou, Ciccone y la máquina de hacer billetes (2013), La Piñata (2015) y La raíz (2018). Maestro de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y miembro del equipo que difundió Wikileaks y del International Consortium of Investigative Journalists que difundió las investigaciones globales Panamá Papers y Paradise Papers