“Empiezo la dieta el lunes”. ¿Cuántos de nosotros no hemos dicho (o al menos, pensado) esa frase ante la cifra que arrojó la balanza, la imagen que devolvió el espejo, o la indicación del médico? ¿Cuántos nos hemos hecho caso a nosotros mismos? Y, más importante aún: ¿cuántos hemos logrado el objetivo final?
Para hacer este balance quizá sea importante empezar por definir el objetivo final, y de su mano, pensar por qué suele ser tan difícil lograrlo.
“Una herramienta básica, pero con frecuencia descuidada, es hacer foco en estados emocionales que permitan sostener los hábitos de cuidado”, destaca la endocrinóloga y coach Olga Escobar. Es que -lo sabemos los que siempre empezamos los lunes- controlar lo que uno come y hacerlo saludablemente no es una cuestión de mera voluntad. Y muchas veces, resalta la especialista, las personas deben enfrentar una suerte de autoboicot. ¿Cómo salir de ese círculo? “Muchas veces se hace cuesta arriba -agrega-. En esos momentos, conviene parar y preguntarse ‘¿qué necesito, por qué no estoy pudiendo?’”.
Las palabras cuentan
“No es lo mismo hacer dieta que buena alimentación, que es uno de los pilares básicos de la vida saludable -advierte por su parte Guillermo Omar, nutricionista, psicólogo y cocinero-. Tampoco es sinónimo de comer mejor. Y la palabra ‘dieta’ suele ser el primer obstáculo, porque con lo primero que ocurre es que se la asocia con restricción. Ese pensamiento dificulta pensar en el largo plazo, en cambios de hábitos, que son la clave”.
“Pensar en cambios que nos hacen bien no sólo lo plantea desde lo positivo, sino que nos permite ir más allá del ‘no consumir lo que nos gusta nunca más en la vida’; por el contrario: según hacia dónde se quiere llegar, permite elegir qué cosas dejar por un tiempo, cuales reducir, qué cambiar de la alimentación...”, añade.
“Arrancar desde la restricción no permite penar en las posibilidades, entonces se pierde el disfrute. Y es importantísima la cuota de placer para mantener el equilibrio entre la alimentación y la salud fortalecida”, destaca y recomienda, en lugar de pensar la situación como algo que nos limita, nos quita, es una ayuda pensar en que se trata de un cambio para ganar.
“En la vida, para ganar hay que resignar algunas cosas... Si quiero hacer carrera universitaria, tengo que dedicar muchas horas al estudio y resignar ocio; con la alimentación sucede lo mismo”, ejemplifica.
Lo individual y lo social
“Los hábitos son una construcción individual; cada persona es diferente. Emociones como el entusiasmo, la autoestima, la serenidad son los pilares para sostener las conductas saludables -resalta Escobar-. Pero esas emociones se construyen en la relación con otros, frente a una cultura (publicidad, sedentarismo, discriminación) que atenta contra ellos”.
“En esto de los hábitos -agrega Omar-, intervienen muchos factores, que van desde los económicos y los sociales, a las costumbres familiares, e incluso, la negación. Y es importante evaluar también por qué queremos iniciar ese cambio: no es lo mismo que sea una forma de castigarnos (pensemos en los casos extremos de los trastornos alimentarios) que un modo conectarse con un futuro prometedor”.
Motivación y ayuda
“Sostener los cambios en el tiempo es un gran desafío -señala Escobar-, y el enemigo número uno para lograrlo son los pensamientos, los juicios, las opiniones de los propios pacientes acerca de aquello que tanto cuesta sostener”.
“Por eso las motivaciones son tan importantes. ¿Por qué inicio los cambios? ¿porque lo manda el médico, o porque se recibieron comentarios negativos sobre el cuerpo, o por la publicidad, en la que la delgadez está asociada al éxito y ofrece modelos difíciles de alcanzar....? Es importante poner en claro nuestros cuestionamientos, y los pensamientos que nos dirigen hacia ese lugar”, reflexiona Omar .
“Y plantear las necesidades que tenemos para poder sostener cambios a largo plazo es muy relevante para lograr el éxito”, agrega Escobar, y destaca que en general es muy difícil lograrlo solos.
“Hay que ayudar a estas personas a darse cuenta de estos ‘enemigos’; ponerles freno y lograr actitudes como pedir ayuda adecuada. Y no sólo profesional, también en el ámbito familiar”, agrega-. El pedido adecuado a la persona adecuada en el momento adecuado permite compromisos con un otro que pueda acompañarnos a lograr objetivos. Cumplimos más fácilmente los compromisos cuando lo hacemos con otro”.
Autoestima y límites
“Es importante ser muy responsables con las elecciones, y tomarlas en consonancia con nuestras necesidades físicas y mentales -advierte Omar-; si preocupa sólo el peso, es probable que en cuanto este se consiga, el esfuerzo se abandone, y se vuelva a comer como antes, o peor”.
“Y eso genera, además de cuestiones físicas, (rebotes en el peso, pérdida de masa muscular), una profunda sensación de fracaso, y gran impacto en la autoestima”
“‘No voy a poder’,‘ siempre empiezo y dejo’, ‘yo soy así’, ‘nunca voy a lograrlo’: estas conversaciones internas son cotidianas y provocan un estado de ánimo de resignación y frustración que no permite accionar forma distendida”, advierte por su parte Escobar. y resalta que también importa aprender a decir ‘no’, ‘basta’, ‘suficiente’, porque permite acciones diferentes e involucrarse, ser los protagonistas del propio cambio. Y hace falta estar dispuestos a decidir, empezar y no abandonar; también a equivocarse y volver a empezar inmediatamente, sin dejar pasar tiempo”.