“No terminó de estudiar”, dice un muchacho en la puerta externa de arribos del aeropuerto “Benjamín Matienzo”. “Eh, no lo mandés al frente”, reclamó otro chico. “Es campeón del mundo, no importa si estudia o no”, estableció con voz elevada otro joven. Todo tiene carácter de broma porque lo único que hay en el ambiente de ese sector de la terminal aérea es felicidad. Ignacio Nardolillo, campeón mundial con Los Leoncitos, retornó a su provincia.

Los amigos de la Escuela Normal y los compañeros de Primera división de San Martín fueron los protagonistas de ese ida y vuelta de frases. A los de la institución educativa tuvo que abandonarlos hace un par de años de forma presencial, y la educación a distancia fue la alternativa. Así que el chiste de su amigo que lo fue a esperar en el aeropuerto queda sólo en eso, porque Nardolillo estudia y es campeón mundial. A los del club “santo” también los abandonó, pero menos que los de la escuela. Las convocatorias y viajes al Cenard obligaron a que “Nacho” se desarraigara varias veces de Tucumán. Pero... “Desde chico lo soñé y busqué. Me entrené mucho y sacrifiqué varias cosas y hoy se dan los resultados”, explicó con satisfacción el joven de 18 años.

La victoria ante Alemania por 4 a 2 en la final del torneo que se jugó en la ciudad de Bhubaneshwar, India, fue el fruto máximo hasta ahora. Y también ese esfuerzo al que se refiere trajo otros efectos que se plasmaron en su arribo. “Soy la bisabuela”, apenas puede identificarse Amanda De Driemel. La elegante dama hace fiesta con maraca blanca en mano, mientras saca fotos con su celular. Al mismo tiempo, cuidadosamente, se baja apenas su barbijo para que las lágrimas no le estropeen el maquillaje.

Hay otros que también andan llorando a las escondidas haciéndole mérito a esa concepción de “los hombres no lloran”. “Sacate los anteojos de sol. No quiere que se le vean las lágrimas”, grita alguien de voz gruesa entre risas. Eso sí, el campeón del mundo no tiene dramas en reconocerlo. “Nos quebramos entre lágrimas cuando llegué”, admitió Nardolillo sobre el momento en que cruzó la puerta de arribos y se encontró con sus padres.

“Me habían dicho algo, pero no me imaginaba todo esto”, admitió Nardolillo. Bombos, redoblantes, mucha espuma, papeles, globos y una bandera gigante, adornaron el recibimiento en el aeropuerto. En el complejo “Natalio Mirkin”, al que llegó en la caja de una camioneta de la “Patrulla de Protección Ciudadana”, se agregaron un par de fuegos artificiales. “Nacho” siempre, aunque uno de sus cuatro hermanos se la exigía todo el tiempo, llevó la medalla colgada. “Estoy muy agradecido a todos los que me vinieron a apoyar y a darme un mensaje muy lindo”, dijo con alegría el autor del gol que fue elegido como el mejor del Mundial Junior.

“El sueño de todo deportista es vestir la celeste y blanca y se hizo realidad. Los sueños están para cumplirlos y por eso, más que nunca, hay que festejar”, arengó el Leoncito campeón del mundo.

Cierre

Nardolillo regresará en dos semanas a Buenos Aires. Será el momento del festejo oficial, el cierre de ciclo y los primeros indicios de cómo seguirá el proyecto.