Lic. Silvina Cohen Imach

Docente de la Facultad de Psicología UNT

Quizás se pueda pensar estos episodios como “actos de banda”. El adolescente de la actualidad se enfrenta a una realidad con cambios físicos, fisiológicos, hormonales, emocionales y sociales por lo que se plantea una segunda vuelta, un segundo momento de estructuración psíquica. Se enfrenta a la tarea, difícil, de despegarse de sus padres y su cuerpo de la infancia, para encontrar un nuevo lugar y modo de ser en el mundo, sobre todo atravesado por los mandatos del mercado, la imagen y la tecnología. En este tránsito, generalmente no sin turbulencias, el adolescente a veces es “dejado en banda” y la mayoría de las veces hace bandas. Este último episodio de violencia no habría ocurrido si los jóvenes estaban cada uno sólo. La fuerza de violencia adolescente, sean rugbiers o de cualquier otro grupo (colegio, club, deporte), es tomada de la banda. En la banda el sujeto no piensa, no evalúa, no critica; sólo actúa en masa. De allí el riesgo de estos comportamientos. Por temor a quedar fuera de la banda, se cometen estos actos de vandalismo. Por el deseo de pertenecer al grupo de referencia, que en este tramo resulta más esencial que los propios padres.

Rugby: de nuevo la mirada nublada