¿Puede hallarse algo nuevo al leer a o al escuchar hablar sobre Borges, a más de 120 años de su nacimiento y a 35 de su muerte? Sí, claro que sí. ¿Por qué continúa siendo objeto de ensayos, papers, artículos, lecturas colectivas, talleres, ponencias, subrayados, recomendaciones, citas indefinidas? Por eso mismo: porque es un bien intangible del patrimonio literario autóctono y universal; el rescoldo perenne, una precipitación sostenida. Un jardín público, sí, pero a la vez el secreto del cual rescatar una nueva gema cada día.

Con la pandemia y el consecuente paso a la virtualidad (en la inmortalidad ya lo damos por hecho), tres festivales rescataron su figura con una nutrida cantidad y variedad de actividades. Todo llega y todo pasa, en estas épocas, por las plataformas digitales. Borges también.

Del 18 al 22 de agosto se llevó a cabo la tercera edición del Borges Palooza (nombre tomado de festival de rock surgido en Estados Unidos, que se diseminó al mundo), organizado por el escritor y periodista Daniel Mecca. Se transmitió en simultáneo por Twitch y YouTube, y allí se dieron cita Sylvía Saítta, Pablo De Santis, Carlos Gamerro, Claudia Aboaf, María Negroni, Walter Sosa Escudero, Federico Jeanmaire, Santiago Craig y María Rosa Lojo. Aquellos que quieran revisitar las actividades pueden hacerlo en el canal del festival.

Ni bien finalizado éste, del 23 al 28 de agosto se desarrolló el Festival Borges, dirigido por Vivian Dragna y Marisol Alonso. De las charlas participaron Margarita Díaz de León, Santiago Llach, Martín Kohan, Pablo Gianera, Darío Sztajnszrajber (la relación entre Borges y la filosofía), Aníbal Jarkowski (la ciudad de Buenos Aires, la real y la mítica), Sylvia Iparraguirre (las claves básicas de ingreso al universo borgeano), Pedro Mairal (sus tres primeros libros de poemas), Patricio Zunini (Borges en la Biblioteca Municipal Miguel Cané) y María Negroni (la conexión islandesa). En los talleres se trabajó sobre cuentos como “Funes el memorioso”, “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”, “Tema del traidor y del héroe”, “La muerte y la brújula” y “Hombre de la esquina rosada”.

El CCK, junto al Ministerio de Cultura de la Nación y la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, también hicieron lo suyo, conjugando lo presencial y lo virtual, dividido en dos grandes bloques. Por un lado, la sección Borges y el cine, donde se proyectó el documental Borges, el eterno retorno, de Patricia Enis y Fernando Flores Maio, encabezado por una charla abierta entre María Kodama y Pablo de Vita. Por el otro, la doble jornada “Borges poeta”, con paneles y conferencias, donde se analizaron desde sus primeros poemas de corte vanguardista, hasta su producción en la era de la madurez y el retorno a las formas clásicas.

En fin: que Borges sigue dando que hablar, ahora, como canta Indio Solari, a través del invierno de las pantallas.

Abordajes diversos

Daniel Balderston, director del Borges Center, presentó parte de su impresionante archivo. Con su tono anglosajón del castellano, hizo una descripción detallada de los manuscritos, que podían verse en pantalla (oh, signo de los tiempos), sus diferentes versiones y el proceso de composición, haciendo foco en los primeros borradores.

El cineasta, escritor y docente venezolano Luis Bond habló, de manera muy dinámica, aunque a veces forzando las relaciones, de la influencia de Borges en el cine de Christopher Nolan, conectando “El jardín de senderos que se bifurcan”, “El milagro secreto”, “Las ruinas circulares” y “Tema del traidor y del héroe” con películas como Memento y la saga de Batman.

La de Carlos Gamerro fue una, si no la mejor, de las intervenciones. Trabajó sobre la relación entre Borges y los clásicos, el contraste entre leer en idioma original y traducciones (recordemos que Borges leyó el Quijote en inglés antes que en castellano), Homero, La divina comedia, las diferencias entre inmortalidad y eternidad, la memoria, la reinterpretación y reescritura borgeana de esos autores canónicos y cómo ha cambiado la manera en que nosotros los leemos, como bien propone el mismo Borges en “Kafka y sus precursores”. Ante la pregunta de si Borges es ya, también, un clásico, afirmó que nadie que se diga literato, escritor o aspirante a escritor puede desconocer su obra.

© LA GACETA

Hernán Carbonel – Periodista, escritor y bibliotecario. Su último libro es Sedimentos (La Papa, 2021).