“Al regalar un muñeco damos un amuleto cargado de amor”

“El deseo de crear es uno de los anhelos más profundos del alma humana” refiere una frase que se viraliza a la velocidad de la luz en los tableros de Pinterest. Al reflexionar sobre el tema, hay pensadores que hablan de la creatividad como un don que nos permite mirar el entorno con ojos de niño. No obstante, para que las grandes ideas funcionen, debemos saltar a los hechos.

Seducidas desde hace un tiempo por la nobleza de la madera y la cultura pop, María Espejo y Eugenia Hourcade decidieron arrancar a principios de mes con un emprendimiento destinado a la confección de muñequitos 100% artesanales. El distintivo es que las piezas (pintadas con una delicadeza absoluta) nos transportan al mundo de nuestras series, películas o libros favoritos.

En su Instagram (@wooditucuman) aparecen los personajes de la trilogía “Volver al Futuro”, un Buzz Lightyear (“Toy Story”) con expresión de concentración antes del “hasta el infinito... ¡y más allá!” y La Chilindrina (“El Chavo del 8”) que llora ante alguna macana que se mandó Quico.

También hay superhéroes y famosos que fueron leyenda como “El Potro” Rodrigo o Sandro (a tono con la clásica bata roja y pelo en el pecho). “Empezamos por los personajes que nos llevaban a nuestra infancia, pero después nos dimos cuenta de que las posibilidades en Woodi son infinitas y seguimos con músicos, personalidades argentinas y la recreación de profesiones”, comenta el equipo.

En otras escenas, el diseñador Karl Lagerfeld está en un set de moda y pintores como Vincent Van Gogh (sin oreja), Andy Warhol, Salvador Dalí y Frida Kahlo conversan sobre estilos artísticos. Al final, todos los muñecos encuentran un dueño oportuno.

“El propósito de este producto depende de quién lo compre. Puede ser un juguete para un niño, un objeto decorativo o parte de una colección... Sabemos que existen los funkos, pero no surgió de ahí la inspiración, porque buscábamos algo más cálido. Con el valor que tienen las cosas hechas a mano, en contraposición a lo industrial”, explica María.

Otra parte divertida es que muchos pedidos son personalizados. Y es ahí cuando las emprendedoras arrancan a ser mitad detectives, y a observar fotos para ver lunares, dibujar minimascotas o vestir la pieza de madera con el outfit ideal que le imprima la esencia del destinatario.

“Creemos que el contexto actual de la pandemia nos hizo a todos volver un poco más a lo simple, a buscar cosas con valor sentimental”, agrega Eugenia.

Alma tejida

Al pensar en los inicios del proyecto, Luisina Viscido recuerda las dos horas diarias que pasaba sentada -ovillo de hilo en mano- mientras su hija estaba en el período de adaptación del Jardín de cuatro. En ese entonces, tenía la convicción de que aprendería a coser para llenar a Pía de peluches y fue así que acabó por ser experta en amigurumis. Una palabra japonesa que describe los muñecos confeccionados a crochet.

“Este tipo de peluches forma parte de la cultura kawaii: estética en la cual los objetos son tan adorables que nos recuerdan que tenemos un niño interior. Una característica de los amigurumis son los rasgos faciales (dados por apenas unos puntitos en lugar de ojos y, muchas veces, sin bocas). Tan simples que estimulan el juego libre y la expansión de la imaginación”, relata la creadora de “Dulce Pía”, para quien el hobby de tejer se volvió parte de su economía.

PORCELANA. Anyi Nicolás hace llaveros y dijes temáticos de películas, mascotas y comida.AMIGURUMIS. Desde hace 4 años, Luisina Viscido “rompe el patrón” con sus muñecos tejidos a crochet.

El segundo distintivo llega al apapacharlos y sentir el relleno suavecito (e hipoalergénico). Los “ahhh” internos que brotan al ver conejitos ruborizados con vestido, zorros envueltos en diminutas bufandas u ositos con pilotín amarillo y botas de lluvia son incontenibles.

A esta altura, Luisina ya tiene un top 3 de personajes que sí o sí son tejidos cada mes. ¿Adivinan? El primero es Harry Potter, seguido de Sailor Moon y El Principito. Entre los trabajos más curiosos, sus redes sociales (@dulcepia_tejiditos) muestran a Abel Pintos, Sigmund Freud, el personaje de Nacho Libre (cura mexicano y luchador enmascarado de la película homónima), paltas y un mate sonajero.

“Fue un regalo para un bebé cuyos padres eran misioneros y fanáticos del mate. También una peluquería me pidió darle vida a su logo. Y así apareció un amigurumi con varios ruleros en la cabeza y bigotes”, expresa la tejedora.