En tiempos de pandemia, la industria resultó muy golpeada. Pese a que se recuperó respecto de mayo, en junio, la actividad cayó 10,7% en la Argentina y la utilización de la capacidad instalada fue del 53,5%, en el promedio nacional. “La dispar recuperación sectorial y regional, el desigual acceso al crédito entre las empresas y las distintas capacidades para enfrentar las nuevas exigencias operativas y adecuación a los protocolos, son algunos de ellos”, había señalado la Unión Industrial Argentina (UIA) cuando dio a conocer aquellos datos. Tomando como referencia aquella disparar recuperación regional, el presidente de la Unión Industrial de Tucumán, Jorge Rocchia Ferro, señala que, pese a la prolongada cuarentena, la industria local ha funcionado casi con normalidad y que las principales actividades han mostrado señales de recuperación por encima del promedio de otros distritos. En una entrevista concedida a LA GACETA, al conmemorarse hoy el Día de la Industria, el también presidente de la Compañía Azucarera Los Balcanes, afirmó que Tucumán es una suerte de burbuja, en la que no afectan en demasía los problemas que ha traído la covid-19 a otras industrias de la Argentina.


-¿Cómo llegan a este día tan especial para los industriales?

-La industria tucumana está funcionando bien. Y esto no lo digo por percepciones, sino por lo que podemos observar a diario. Los ingenios están moliendo caña a buen ritmo. El precio del azúcar está sostenido. Si miramos al citrus, algo está repuntando, más allá de algunos inconvenientes. No ha sido un mal año para ellos. Las otras industrias, como la metalmecánica, también están en la buena senda. Frente a ese panorama, estimamos que la capacidad instalada en Tucumán está funcionando al 75%.


-¿Cómo proyectan el futuro?

-Naturalmente que habrá dificultades propias de ersta situación que nos ha puesto la pandemia del coronavirus para del normal desarrollo de las actividades. Pero, debemos destacar que hay algunas medidas que han contribuido a mejorar el rumbo de la industria. Una de ellas es el programa de Asistencia al Trabajo y a la Producción (ATP), más allá de que sea destinado a pagar los sueldos de los trabajadores, y también la línea de créditos a tasa cero. Debemos mencionar, además, otros programas por más de U$S 200 millones; parte de esos fondos fueron distribuidas en algunas industrias radicadas en Tucumán. Me parece que, dentro de todo, esto aclara el panorama que se viene, tomando en cuenta que hemos caído en un pozo muy profundo para la economía con una problemática sanitaria que ha tenido derivaciones en distintas actividades.


-¿Cómo se están cumpliendo los protocolos en el sector industrial?

-Los establecimientos están funcionando en base a protocolos que tienden a cuidar al capital humano. Se está trabajando con responsabilidad y, poco a poco, vamos a salir de toda esta situación. Siempre digo que Tucumán es una tierra bendecida porque tiene sus actividades madres, azucarera y citrícola, funcionando en un momento crítico para la economía nacional. Y esto también vale para otras como la frutilla y el arándano. El trigo, a su vez, atravesó una seca importante, aunque la fábrica de fideos funciona muy bien. Creo que deberíamos mirar más el vaso medio lleno y mirar con optimismo el futuro económico tucumano, porque en otras zonas del país, la caída ha sido tremenda. Tenemos la suerte de que la cuestión sanitaria está bien manejada en la provincia.


-¿En qué sustenta el optimismo frente a las luces de alerta que la pandemia ha encendido en esta pandemia?

-Tucumán está dentro de una burbuja. Hay plena ocupación en los ingenios, como la hubo en la temporada del limón y en la metalmecánica. Dentro de lo malo, no estamos tan mal. Tenemos otra realidad sanitaria que Jujuy, Salta o el AMBA. Dios y la Virgen quiera que esto se mantenga para terminar la zafra. Tengo mi corazoncito puesto en la actividad azucarera que, a mi juicio, está de pie, más allá de la pandemia.


-Pero el Gobierno nacional sigue con algunas materias pendientes para la diversificación azucarera...

-No tengo dudas de que se decretará otra prórroga para la Ley de Biocombustibles y que el Gobierno nacional atenderá nuestro reclamo de recomposición de precios del bioetanol.


-¿Se pueden proyectar inversiones en este contexto de incertidumbre?

-Estamos viendo que se están proyectando inversiones en distintas actividades industriales. En nuestro caso, estamos ampliando la destilería a un millón de litros de alcohol y también nuestros trapiches. Seguiremos con la cogeneración con el desembolso de una inversión estimada en U$S 10 millones. Y este capital lo volcamos porque creemos en el azúcar, en el alcohol, en la Argentina y en Tucumán.


-¿Cómo observa la crisis?

-Esa palabra tiene más de 3.000 años y surge de dos signos chinos: peligro y oportunidad. Tenemos que creer que ese peligro nos da aquella oportunidad para empezar a mirar al Tucumán de los próximos 10 años. La industria azucarera, la citrícola, la de autopartes, la textil, la cervecera o cualquiera de las que funciona en la provinica miran hacia adelante. Todas están tecnificando e invirtiendo, a distinto ritmo. No desconozco que muchos tenemos problemas de financiamiento, pero tenemos que poner el pecho a la realidad, con esperanza y sin bajar los brazos. Creo que el poder político y el poder económico están frente a la posibilidad de llegar a consensos porque, más allá de nosotros, hay una necesidad imperiosa de sacar de la pobreza y darle más educación a un 50% de la población que la está pasando mal. En ese sentido, creo que los planes sociales deben seguir, pero paulatinamente, deben ser reconvertidos al trabajo. En ese debate, debemos incluir a todos, porque sin educación no se sale de las crisis.