MANUEL RIVA
LA GACETA
Un 4 de agosto de 1912 nuestro diario comenzó a andar su camino llevando las noticias y los sucesos hasta los hogares tucumanos. Ya llevamos juntos 107 años. Por nuestras páginas pasaron hechos tan trascendentes como la Primera y Segunda Guerras Mundiales, la llegada del hombre a la Luna, el Centenario y el Bicentenario de nuestra independencia... De todos modos, por cuestiones de fechas, no pudimos publicar hechos relevantes de aquel entonces, como la aprobación de la ley Sáenz Peña (10 de febrero), la caída de la Piedra Movediza de Tandil (29 de febrero), el reconocimiento del gobierno chino a nuestro país (13 de febrero), el hundimiento del Titanic (14 de abril) o la llegada al Polo Sur de Roald Amundsen (14 de diciembre de 1911, con cinco semanas de antelación a Robert Scott, que llegó el 17 de enero de 1912).
En la calle Mendoza
“LA GACETA acaba de inaugurar su casa propia, después de instalar en ella su rotativa cuádruple, que le permitirá llenar en lo sucesivo las exigencias de su circulación cada día mayores proporciones”. De esta manera, nuestro diario anunciaba oficialmente inaugurada su nueva y propia sede en Mendoza 654, donde anteriormente había funcionado la casa Bahamonde, en octubre de 1929. Nuestro diario tuvo su primera oficina en 9 de Julio 115 y las ediciones se imprimían en la imprenta Suizo Americana de Haug y compañía, en La Madrid 322. El costo de aquellas ediciones, que aparecían los domingos, fue de 125 pesos por 2.000 ejemplares de cuatro páginas. Y se sumaban 15 pesos más por cada 1.000 de aumento. Apenas tres meses después de su nacimiento, LA GACETA dejó de ser semanal para transformarse en diario. Al mismo tiempo duplicó la cantidad de páginas de cada edición. En agosto de 1913 “alquilamos, para la instalación de los talleres y de nuestras oficinas, la casa de la calle Las Heras (hoy San Martín) esquina Rivadavia (hoy Virgen de la Merced), de propiedad del señor Elías Vera que hemos ocupado durante 16 años y varios meses”, según el relato publicado el 12 de octubre de 1929.
Además, se informaba que allí funcionó hasta el 28 de setiembre de ese mismo año “la máquina rotoplana que acabamos de reemplazar por la rotativa”. En referencia a aquella primera máquina se decía que la recordamos siempre con cariño y con cierta melancolía, ya que con ella alcanzamos el grado de progreso que nos enorgullece”. En aquella edición de recordación se decía que “al aparecer esta hoja, su personal de redacción se reducía a su director-propietario don Alberto García Hamilton y su cronista don José Argañaraz. Un año después asumió el cargo de redactor don Germán García Hamilton que desempeñó esas funciones hasta que se radicó en Buenos Aires”.