El viernes por la noche llegaban a los celulares las últimas encuestas. No estaban dispuestas a contradecir mucho a sus colegas anteriores. Los teléfonos inteligentes (de los otros ya no hay en la plaza) y los sondeos fueron los grandes protagonistas de esta campaña acelerada.

Las encuestas pusieron en juego el prestigio de muchos de los expertos que ponen su cara detrás de los números. Ellas tuvieron una potencia inusitada, hasta el punto de que se utilizaron para hacer marketing, para amenazar y para sembrar dudas. No fueron las estratégicas herramientas que ayudan a construir un candidato o para diseñar una campaña. No había tiempo.

La clave de estos comicios tucumanos fue el adelantamiento de los comicios. El reloj electoral estaba perfectamente calibrado para que en la mitad de agosto les sonara el despertador a 1,225 millón de tucumanos que debían salir a votar. Sin embargo, el oficialismo manzurista consiguió un amigo que acudió a la Justicia para que declare la inconstitucionalidad de otro artículo de la Carta Magna tucumana. El fallo que obtuvo mostró debilidades, pero ya era tarde. El gobernador utilizó sus mejores dotes histriónicas para sostener que siempre haría lo que le dijera la Justicia. Y la “señora de los ojos vendados” y un juez conocido le dijeron: “si usted quiere, puede adelantar los comicios”. Y el gobernador quiso, aunque podría no haberlo hecho. Y además de ensayar sus habilidades actorales, puso en marcha un proceso electoral que tomó a todos desprevenidos. Ninguno de los otros ocho candidatos que compiten hoy por el sillón de Lucas Córdoba estaba en condiciones de iniciar la campaña. A unos les faltaban candidatos, otros carecían de socios y no faltaron los que ni siquiera sabían qué hacer, pero por las dudas se anotaron. Fruto de la improvisación y del apuro salieron las postulaciones.

La jugada del oficialismo estaba dirigida principalmente a José Alperovich, pero los desacomodó a todos. Ganarle a Alperovich en las urnas es un objetivo similar al de esos hijos que se independizan de los padres y logran la autonomía para vivir solos. No es fácil sacarse de encima, livianamente, el estigma de ser el hombre que José inventó.

Alperovich, acostumbrado a ser el padre de la criatura y de cuanto espacio osara querer algo de poder en Tucumán, sólo tiene sed de venganza. No sabe vivir en el llano y menos aún sentir que otros tienen el juguete que él más quiere.

Los celulares también se ocuparon de transportar videos poco serios; mucho menos esclarecedores o motivadores. Fue una de las campañas más agresivas. Allí dieron el ejemplo los espacios que menos plata invirtieron en este proceso, con lo cual quedó claro el teorema de la maldad: “cuanto más dinero tengo, más daño estoy dispuesto a hacer”. Eso se tradujo en una violencia inusitada que empezó pintando perros que andaban por la calle y que finalizó metiéndose en la vida íntima de los postulantes. Más de uno borró con el codo mientras mandaba mensajes de WhatsApp.

Cara y ceca

La elección se mueve en dos planos absolutamente diferentes. Por un lado, está la cara transparente del candidato y de su propuesta. En este lado de la moneda caben los sueños y las ilusiones de los candidatos. Muestra cierta candidez. En cambio, del otro lado aparece la ambición desmedida por el negocio político, por el poder ilimitado. Es la mano negra que se mete en las “cuevas”, rapiña dinero oscuro para que no se vea en qué lo gasta y hasta seca la plaza. Hoy mismo habrá muchísimos millones en la calle para asegurar el voto. Quien hoy gane habrá tenido un hábil manejo de las dos caras de la moneda. La política de hoy tiene una degradación tal que con un solo lado no alcanza.

El adelantamiento de los comicios fue un golpe harto certero. La izquierda lo experimentó durante toda la campaña. El discurso de unidad fue una carga pesada que no pudieron sacarse de encima. Lita Alberstein y Ariel Osatinsky encontraron discursos para diferenciarse, pero en el fondo de sus convicciones saben que los votos que obtengan se dividirán en dos como si un huracán devaluador los hubiera atravesado en el camino a este 9J.

Comicios paralelos

Si Manzur no gana y aún perdiendo Alperovich, el peronismo se irá en busca de otro líder. Está en juego quién se sentará en el sillón de Lucas Córdoba, pero también hoy se está subastando quién se quedará con todo el PJ.

La unidad del radicalismo, en tanto, quedó circunscripta al plano de lo onírico de esta campaña y eso puso en una extraña candidatura a Ariel García, quien se vio robustecido por la compañía de Aurora Pisarello.

Silvia Elías de Pérez fue otra de las afectadas con la aceleración oficialista. Cuando se decidió que los comicios se adelantaban dos meses ella ni siquiera sabía que iba a ser candidata. Le llevó más tiempo ordenar sus filas que calibrar el discurso necesario para requerir el voto que no estaba cautivo.

El peronismo buscará hoy definir su dueño. Pero, cualquiera sea el resultado, el vicegobernador Osvaldo Jaldo y Juan Manzur empezarán a mirarse de otra manera. Si pierde, Manzur deberá dar un paso al costado; y, si gana, sabe que ya no tiene más hilo en el carretel gubernamental.

Silvia Elías de Pérez también juega una doble partida. El triunfo la catapultará a convertirse en la estrella de los comicios, pero una derrota la hará blanco de todos los dedos acusadores. Uno de los que más le va a doler puede ser el de Germán Alfaro, quien si corre con más suerte que Elías de Pérez empezará a querer caminar solo, sin la tutela de otros dirigentes, y menos aún del padrinazgo nacional.

Pero no sólo para el peronismo y la oposición hay una doble elección. También Ricardo Bussi deberá afrontar otras contiendas simultáneas. Si le va mal (esto es sacar menos votos que en los comicios de 2015) deberá empezar a pensar en la jubilación. Si ocurre lo contrario, como referente de un sector de la derecha tucumana tendrá que encontrar rápido cierta alineación nacional que hoy ha perdido.

Los políticos tucumanos no tendrán tiempo de vacaciones ni de descanso. El miércoles finaliza el plazo para inscribir las alianzas electorales de las PASO y una semana después deberán estar los candidatos (a diputados en el caso de Tucumán). Volverán las oscuras reyertas.

Laboratorio

En esta columna se ha repetido hasta el cansancio el valor que siempre ha tenido Tucumán para la atenta mirada de la Comunidad Europea. La anécdota de una visita de un ex veedor se ha explicitado más de una vez. Ocurrió a fines del siglo pasado cuando se comentó que Tucumán ha sido siempre un laboratorio para entender algunos fenómenos sociales de la Argentina. “Es que muchos fenómenos adelantan en esta provincia”, fue la explicación. En ese estante de la historia se anota la lucha de la guerrilla que después se propagó por varias provincias del país. También la aparición política de militares de la dictadura que después recibieron las mieles de los votos de la democracia. Así a Antonio Bussi lo siguió Aldo Rico, entre otros. Antes se dio la instalación de “outsiders” en la vida política como el caso de Ramón “Palito” Ortega. La fea experiencia de 2015 le sirvió a Cambiemos para fiscalizar de otro modo los comicios. Después fueron los sublemas y acoples que pavimentaron las colectoras en otros lares. Este 2019 no da indicios aún de qué experimento tucumano puede instalarse en la vida argentina.

En Jujuy, no obstante, Gerardo Morales apuesta a que si triunfa, casi inmediatamente, esta misma noche si es posible, intentará empezar a sumar peronistas en la estructura de Cambiemos para mirar con más optimismo los comicios de octubre. Eso ya ocurrió en Tucumán cuando se creó el Acuerdo por el Bicentenario que ya se desacordó. El jujeño va a tener que revisar la historia tucumana antes de empezar a anudar.

La gran responsabilidad

En la madrugada que viene, cuando el lunes se siga llamando domingo electoral, ya se sabrá quien tendrá el poder en los próximos cuatro años, pero se seguirá discutiendo quiénes son los que se sentarán en las bancas de la Legislatura. Por fin los tucumanos no tendrán la escribanía acostumbrada ni el control tan simple que vienen ejerciendo los presidentes de ese poder. Los augurios de esta división electoral que promueven los nueve candidatos a gobernador prometen una auténtica democracia donde el disenso y el acuerdo redunden en mayor bienestar para los ciudadanos.

Hoy, de 8 a 18, harán caber en un papelito dividido en cuatro la ilusión, los sueños, el trabajo, las frustraciones, las preocupaciones y el futuro. Lo dejarán dentro de una caja de color. El mejor lugar -el único- en el que se puede encerrar la libertad.