Desde Ann Arbor, Michigan, Estados Unidos, el físico tucumano Alberto Rojo, aplaude el reconocimiento de la Academia Real Sueca a sus colegas. Con uno de ellos, Gérard Mourou, compartió un proyecto de investigación en la Universidad de Michigan.
Ciencia ficción hecha realidad: las pinzas ópticas pueden manipular el interior de una célula vivaAhora Rojo trabaja como docente titular en la Universidad de Oakland. LA GACETA conversó con él sobre el premio Nobel.
- ¿Qué te sorprende de estos descubrimientos?
- Si bien no son un gran paso en la comprensión de un fenómeno nuevo, ambos significan un gran logro para la física aplicada. Tanto el de las pinzas ópticas como el de los pulsos de láser de alta intensidad y baja duración son logros impresionantes de física y a la vez de ingeniería.
- ¿En tu vida profesional has conocido a alguno de ellos?
- Sí, a Gérard Mourou. Trabajé con él en el departamento de Ingeniería en la Universidad de Michigan. Le dimos vuelta a una idea que él tenía de aplicar su descubrimiento a algo llamado creación espontánea de pares de materia y antimateria. Hice varios cálculos pero no llegamos a nada publicable. Igual fue lindo trabajar con él. Aprendí mucho y, a nivel humano, compartimos buenos momentos. Jugábamos al squash juntos y hablábamos de cine (recuerdo que en esos momentos yo le quería mostrar películas francesas a mi hija y él me recomendó ‘La Gran Ilusión de Jean Renoir’), de música (él toca el violín) e incluso de cocina. Es una persona muy interesante y competitiva. Siempre fue amable y generoso conmigo, y tiene una personalidad muy fuerte. Dejamos de jugar al squash cuando no me podía ganar más (ríe). Pero eran otros tiempos, ahora ya no corro tanto.
- ¿Había otro argentino en esa universidad?
- Sí, me parece interesante mencionar que el trabajo de Mourou está apoyado fuertemente por un físico argentino, Oscar Martínez. Curiosamente, Martínez está actualmente en el departamento de ingeniería de la UBA.
- En que estás trabajando actualmente?
- Trabajo en cuestiones relacionadas con la física cuántica y a algo llamado sistemas no holonómicos. Además tengo mucho interés en la divulgación y en la historia de la física. Este año publiqué un libro (el cuarto) en Cambridge University Press titulado “The Principle of Least Action, History and Physics”, sobre un tema que me fascina: la idea de que la naturaleza “busca” el camino óptimo, o, para decirlo más técnicamente, el camino crítico.
- ¿Te sorprendió el premio a la científica? ¿En qué influye la cuestión de género?
- Me sorprendió que lo saque Gérard porque directamente no lo esperaba. Pero sí había pronosticado que este año lo iba a sacar una mujer. Aunque mi apuesta no era por Donna Strickland sino por Lene Hau, de Harvard, que también trabajó en temas de óptica. Quizás le toque el año que viene. La cuestión de género influye siempre. Hay muchas mujeres que deberían haber tenido un reconocimiento que nunca tuvieron, incluido el premio Nobel, como Lisa Meitner, o Rosalind Franklin, o Emy Noether, que son las primeras que se me vienen en mente pero hay varias más.