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Las claves del éxito de “La casa de las flores”, la telenovela que conquistó a los millennials

Con una historia que desafía a los tabúes, la serie de Netflix se garantiza público joven.

Por Julio Marengo

09 Sep 2018

Y un día la telenovela de la siesta volvió con todo, y con mucho más. Retornó con un liviano traje de siglo XXI, en donde todo se cuestiona, todo tiene una segunda o una tercera mirada y el llanto constante de los melodramas del siglo pasado se convierte rápidamente en risa. Los malos no son tan malos, y los buenos tampoco. Hay gente que vive, se equivoca, tiene otras oportunidades, muere y engaña. Acá nadie se escandaliza y el escándalo se desvanece en carcajada.

Todo lo demás (propio de la novela de manual) está presente y esa es la gracia: la mansión, la familia perfecta, el lujo, los cheques sin fondo. La doble vida, el lado B de cada uno de los personajes que va develando en sus 13 capítulos. Al final, nadie es capaz de tirar la primera piedra; ni siquiera de alzarla del suelo. Quizás eso explique el éxito rotundo de “La casa de las flores”: de una forma u otra todos estamos en ese circo absurdo y adorable en el que se convierte de a ratos la vida.

El personaje principal, Virginia de la Mora, está en el cuerpo de Verónica Castro, diva de las telenovelas mexicanas que reaparece en esta tira de Netflix tras una década de ausencia. Siempre al borde del desmayo, es la regia matriarca sobre la que caen como rocas una tras otra las verdades familiares. Ella también tiene sus secretos; entonces, las sumas y las restas se cancelan y no hay una víctima al final de la cuenta.

Uno de los temas que se presentan (más actual imposible y aterra en silencio a buena parte del público) es el de la viralización de videos íntimos en internet. Una ex novia enojada convertirá a Julián De la Mora (Dario Yazbek Bernal, hermano de Gael García Bernal) en trend topic en las redes sociales como Lord Dámelo Todo... Nada para enorgullecerse, pero tampoco para avergonzarse.

Es una serie corta, con episodios de media hora porque trata temas tabúes como la bisexualidad o la transexualidad; desdramatiza situaciones que pasan en todas las familias, con más o menos escándalo; los juicios morales se resbalan y desaparecen ni bien asoman; y tiene mucho humor. Las respuestas de los que se enamoraron de “La casa...” hacen pensar que se trata de una novela hecha para y por millennials. Pero lo cierto es que, en mayores o menores dosis, sus tópicos han estado presentes tanto en las telenovelas clásicas como en la “telenovela nueva”, nombre acuñado por la especialista tucumana Mercedes Borkosky para describir las producciones realizadas a partir de los 90.

Telenovela nueva

“En los años 50 estalla la telenovela en Latinoamérica, es un boom, un furor. Hasta ese momento los contenidos eran más o menos los mismos: la campesina que llega a la casa de los ricos y termina siendo parte de una familia de altísima alcurnia, inalcanzable. Entre los 70 y los 90, cuando van cayendo las dictaduras en Latinoamérica, con los procesos de democratización, comienzan también a cambiar los relatos de las telenovelas. Al llegar a los 90 podemos hablar de una telenovela completamente rupturista de las tradiciones, y es por eso que la llamamos ‘telenovela nueva’”, sintetiza Borkosky.

Esta profesora en Letras consiguió su doctorado con una tesis que analiza la telenovela latinoamericana entre 1990 y 2002. Ese trabajo luego se desdobló en dos gruesos libros sobre la materia: “Del teatro a la televisión: historia del melodrama” y “Telenovela nueva: nuevas lecturas”.

“A los temas tradicionales de los melodramas, la telenovela nueva incorpora la realidad sociopolítica actual; habla de cosas que le pasa a la clase media; pierde la solemnidad; los héroes y las heroínas dejan de ser virtuosos y perfectos. Una protagonista se prostituye, se presentan temas tabúes como la homosexualidad o el incesto, aparecen mujeres transgresoras que tienen amantes jóvenes...”, describe la investigadora.

Todos esos recursos, más un humor que remite a las películas de Pedro Almodóvar y una producción con todo el estilo Netflix, han hecho que “La casa...” esté causando un furor inesperado, principalmente en públicos que no eran los habituales de las telenovelas, sobre todo para esos jóvenes para quienes Castro es una figura completamente ajena y anacrónica.

“Ella es una de las pioneras de la telenovela nueva, que ha hecho llorar a todo el planeta con novelas como ‘El derecho de nacer’. Y lo de todo el mundo es literal, porque las novelas mexicanas y latinoamericanas se veían hasta en Rusia. La circulación de las telenovelas de nuestra región es un tema con peso propio del que se ha hablado mucho. En general, es el género más producido en el mundo y la latinoamericana en particular logra una circulación enorme”, ilustra Borkosky.

En esto último tampoco será pionera “La casa...”, pero de seguro que haber sido pensada desde el primer momento como un producto de Netflix instalará la telenovela latinoamericana definitivamente en las pantallas de todo el planeta.