Tenía que ganar, a San Martín no le quedaba margen para otra cosa. Y lo logró. Eso es lo que vale, más allá de la forma cómo se metió tres puntos de “oro” en el bolsillo. En La Ciudadela volvió a aparecer una vieja disyuntiva en el mundo futbolero. ¿Ganar a cualquier precio o hacerlo con juego atildado y llenando los ojos de sus fanáticos?

San Martín necesitaba un triunfo para demostrar que la mejoría en Tandil no había sido una casualidad. Sus jugadores querían pagar la deuda jugando contra su gente y sumar otra victoria esperando que venga de la mano con resultados ajenos.

Y así fue. El “Santo” jugó con el corazón en la mano, dejando para otro momento el buen fútbol. Corrió, metió, especuló cuando la ocasión lo ameritaba y golpeó de contra para sacarse de encima a un rival “bicho”, mañero y que vino a Tucumán con la idea fija de estropearle a San Martín la oportunidad de acomodarse en la tabla de posiciones.

Quizás el juego se habría dado de una manera totalmente diferente si Gonzalo Rodríguez elegía bien a los 20’’, cuando no supo habilitar a Claudio Bieler. O si “Turbo” hubiese conectado hacia abajo el cabezazo casi en la línea de sentencia, antes de los 5 minutos.

Pero es al vicio hablar de supuestos, y lo cierto es que el “Santo” falló de entrada y dejó agrandar a un rival que parecía 
“apichonado”.

Así, el “Torito” sacó pecho y comenzó a hacer su juego: hacer uso y abuso de la tenencia en los primeros metros de la cancha. El arquero Leandro Requena y sus cuatro defensores tocaban la pelota esperando a un San Martín que no se preocupaba muy mucho de ir a presionar en la salida.

Los bonaerenses intentaban “sacarlo” del partido al “santo” pero nunca lo lograron. En parte, porque Rubén Forestello de a poco va imprimiéndole su sello a un equipo q ue sabe lo que quiere y se pasa de “estudioso”.

Sabiendo que los defensores visitantes no eran virtuosos con la pelota, San Martín dejaba que la tuvieran. En cambio sí asfixiaban cuando la bola llegaba por Christian Gómez, Facundo Mater o Alexis Vázquez, los generadores de fútbol de Chicago.

Ahí comenzó a ganar el juego un San Martín que ahora es un equipo ordenadito, que respeta a rajatabla el libreto establecido para cada juego y corre, mete y muestra ganas de alcanzar el máximo objetivo.

Para colmo, las jugadas de “pizarrón” le vienen saliendo al pie de la letra. El primer tiempo se moría cuando Ignacio Arce descolgó un córner a favor de la visita y, con un pelotazo milimétrico habilitó a Matías García. “Caco” hizo el resto: se metió al área, enganchó para su pierna más hábil y le puso tiza a la cara interna de su botín. Golazo: 1-0 y a descansar.

El complemento fue un calco de la etapa inicial. Chicago tenía la pelota y San Martín le cerraba los espacios. Hasta que acertó otra contra mortal.

El ingresado Sergio González puso segunda, tercera y cuarta; dejó en el camino a su marcador y definió fuerte y cruzado para comenzar a definir el pleito.

Y pese al descuento de Favio Brizuela, de penal, en tiempo adicionado, La Ciudadela se estremeció con un triunfo clave, que llegó acompañado del empate entre Aldosivi y Atlético de Rafaela que lo deja al “Santo” a un paso de la cima.

Es cierto que San Martín no jugó un fútbol exquisito, pero a los hinchas le importó poco eso. Se vio un equipo que sabe lo que quiere, que sabe cuáles son sus virtudes y que reconoce sus defectos. Y eso no es poca cosa.

Tenía que ganar y lo hizo, después tendrá tiempo para ir puliendo detalles.