El inesperado giro que tuvo el juicio del crimen de Paulina Lebbos dejó varias dudas y una sola certeza: en el caso se incorporó una pista que estaría vinculada al tráfico de droga. “No se puede descartar nada. Y más aún cuando sabemos que el fiscal Carlos Albaca no hizo nada durante mucho tiempo. Esto reafirma la trama de encubrimiento que venimos denunciando desde hace 12 años”, insistió Alberto Lebbos, padre de la joven.

Esa nueva hipótesis surgió con la declaración de la empleada doméstica Magdalena Karina Cruz. De un celular cuya línea estaba a su nombre, se comprobó que se establecieron comunicaciones con Virginia y Jimena Mercado, Gisela Rennis, José Luis Gómez -padre de Roberto Luis Gómez, único imputado por el crimen de la estudiante- y Walter “Chichilo” Acevedo (jefe de la barra brava de Atlético), entre otros.

Ella negó conocer a todas esas personas, pero reconoció que ese celular podría haber sido el que adquirió su empleadora, Macarena Bordato (que se hizo famosa por haber sido grabada protagonizando un incidente con hombres de la Policía de Seguridad Aeroportuaria en 2016) y que puso a su nombre.

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También dijo que fue citada por la Justicia Federal porque desde ese número se había llamado a, según le habían explicado, a un narco muy importante. “Me mostraron una foto de un hombre que estaba parado delante de una camioneta muy grande y que tenía un sombrero puesto. No sabía quién era”, declaró. Además señaló que fue su patrona la que le buscó un abogado para que la asistiera en ese momento.

Una alta fuente del fuero federal le confirmó a LA GACETA que es prácticamente imposible determinar en qué causa declaró Cruz. Y que con seguridad, respondió las preguntas acompañada por un defensor.

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“El sistema no nos permite establecer por qué caso fue convocada a aclarar su situación. Entonces, tampoco podemos sospechar de qué posible narco se está hablando”, dijo. Desde las fuerzas de seguridad nacionales tampoco pudieron brindar información. Ese silencio también se puede estar generando porque aún se está investigando el caso.

“Se puede decir muchas cosas, pero lo más importante es que en esta causa se incorporó un elemento muy importante. Ahora no hay que descartar que el móvil sea una cuestión que tenga que ver con drogas”, aseguró Gustavo Morales, defensor de Eduardo di Lella, ex secretario de Seguridad.

Otra pista

A todas las partes les llamó la atención otro detalle que surgió con los testimonios del denominado Grupo del Abasto. La mayoría de ellos, cuando declararon ante el tribunal, destacaron que Paulina era ajena al grupo y que sólo estuvo con ellos porque Virginia Mercado la había invitado. Y justamente, esta última, su hermana y Rennis, de acuerdo a la información que se maneja, habrían mantenido comunicación telefónica con el celular que sería de Bordato. Inclusive, esas charlas se produjeron meses después de que la estudiante fuera asesinada.

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“Lo único que puedo decir es que ella quería ir a bailar, como cualquier chica de su edad. También pienso que las Mercado no dijeron todo lo que saben. Pero no lo hacen porque están amenazadas desde hace mucho tiempo”, conjeturó Lebbos.

¿Cree que Paulina pudo haber visto algo o escuchado que no debía y por eso fue asesinada?, se le preguntó al padre de la joven asesinada. “A esta altura no podemos descartar nada, pero nada. De todas maneras, hay que esperar porque pueden surgir más novedades”, respondió.

Cruz, la testigo clave en el giro de esta investigación, también puso en la escena a Diego Nieva, el remisero trucho que llevaba y traía gente desde Raco. Su nombre apareció en la causa por haber sido uno de los primeros en estar en el lugar donde hallaron el cuerpo de la estudiante. En ese tiempo conducía un Fiat Duna. Por esa razón, los fiscales Diego López Ávila y Carlos Saltor le pidieron al tribunal que Virginia lo tratara de identificar.

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La medida se realizó ayer sin suerte, porque otra vez ella no estaba del todo segura, a causa de su falta de memoria. “De los cinco que se ubicaron, descartó tres y entre los dos que quedaban, estaba Nieva. Pero al final terminó eligiendo a un empleado de tribunales y no al remisero”, explicó una fuente.

“Hay que esperar bastante todavía. Esta es una nueva investigación y pueden surgir nuevos elementos. Todos estamos ansiosos porque, como cualquier tucumano, queremos que se esclarezca el crimen”, comentó Carlos Posse, defensor de Rodríguez.

Encubrimiento

El cambio de la línea de investigación no altera las creencias de Lebbos. “El plan de encubrimiento quedó más firme que nunca. Y no vamos a parar hasta probarlo”, explicó. Mucho antes de que comenzara el juicio, el fiscal de cámara Carlos Sale, en un fallo, opinó: “Haciendo un mínimo análisis de lógica fáctica y jurídica, llama la atención que por Gómez, un perfecto desconocido, se encuentren policías condenados y funcionarios involucrados. El debate oral será la antorcha que quizá ilumine el camino de la verdad, poniendo a los demás responsables en el lugar que efectivamente corresponde”.

Y el tiempo parecería darle la razón. En la audiencia surgió la posible presencia de un narco que podría haber realizado cualquier tipo de maniobra para encubrir un crimen que lo podría complicar.