El virus de la hepatitis C (VHC) causa infecciones agudas o crónicas. Por lo general, la aguda es asintomática y raramente se asocia a una enfermedad mortal. Según la OMS, entre el 15 y el 45% de las personas infectadas elimina el virus espontáneamente en unos seis meses, sin necesidad de tratamiento. Pero el restante 55-85% desarrollará infección crónica, y en estos casos el riesgo de cirrosis hepática 20 años después es de entre el 15 y el 30%.

Sólo se contagia por contacto con sangre infectada, pero bastan pequeñas cantidades para que haya riesgos. Y como hasta ahora no se han podido desarrollar vacunas, hay que estar atentos. Las vías de contagio más frecuentes son la reutilización o la esterilización inadecuada de equipo médico y odontológico, especialmente jeringas y agujas; las transfusiones de sangre y de productos sanguíneos sin analizar.

“También están en riesgo quienes se hacen tatuajes y se colocan piercings, y, aunque en nuestro país no es tan frecuente como en Europa, quienes consumen drogas inyectables, porque es frecuente que compartan y reutilicen jeringas”, destaca la hepatóloga Ana Palazzo, del hospital Padilla. Resalta que entra la población de riesgo hay que incluir a quienes deben ser sometidos a intervenciones hospitalarias con frecuencia.

No provoca síntomas

“Cuando uno se infecta con la hepatitis C no se entera ni el momento ni el día ni el cómo”, resalta en una nota con BBC Mundo Javier Brahm, ex presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio del Hígado.

“Por eso es indispensable hacerse el análisis”, resalta Aída Chaile, unas de las tucumanas que ya logró curarse. “Entre otras cosas, porque uno tiene que cuidar a los demás; si uno está infectado, tiene que ser responsable”, añade, y se permite soñar con que pronto -“urgente”, dice- no haya que estar grave para poder curarse.