Con el ascenso lejos de su alcance, San Martín comenzó a sentar las bases para el futuro con una carta de presentación que puede darle grandes resultados. Esos que está disfrutando en la actualidad al convertirse en un visitante insoportable. A los empates en San Luis y Adrogué, y al triunfo en Campana, el “santo” le sumó ayer una victoria en donde nunca había ganado, Floresta. Allí acumulaba cuatro derrotas y un empate en el historial.

El 2 a 0 llegó después de un partido bipolar, con un segundo tiempo que estuvo de más (de hecho la barra local rompió el alambrado en el descuento y el árbitro Pablo Díaz decidió terminarlo antes de tiempo), pero tras un capítulo inicial taimado, una de esas tardes en las que primero hay que sobrevivir y después, si se puede (y sólo si se puede), jugar.

En un campo más propicio para un picnic que para el fútbol (el pasto alto y desparejo; muchos pozos, barro y algo de arena), los primeros 30’ se parecieron a una copia del rugby que los Juguares jugaban a pocas cuadras de Floresta, en Liniers: la pelota por el aire, a pegarle para arriba y avanzar, un ecosistema en el que Alexis Ferrero y Rodrigo Moreira se sentían en éxtasis. En ese desorden, con All Boys más decidido (pero no más apto) y con San Martín a la espera (agazapado para el contraataque, como un tigre escondido detrás de un árbol), los dos equipos tuvieron varias chances para romper el cero. El partido era de una paridad tal que cualquier equipo que hubiese convertido, All Boys o San Martín; los relatores habrían dicho: “El 1 a 0 es merecido”.

Pero el gol lo hizo San Martín, después de un gran pase de Leonardo Rizo y una mejor definición de Juan Galeano (elegancia pura, acomodó la pelota de izquierda y definió de derecha), y aunque recién iban 38 minutos del primer tiempo, en cierta forma fue como si el partido hubiese terminado de repente. Súbitamente, al “Santo” se le abrieron las puertas de la victoria como las aguas del mar Rojo a Moisés. Anestesiado por la desventaja, con su público en llamas y el promedio de descenso comiéndole los tobillos, All Boys salió groggy a jugar el complemento. Y como San Martín rima con festín, enseguida llegó el 2 a 0. Leonardo Acosta cabeceó tan solo como esos goles de los partidos homenajes en que los hijos del ídolo entran sobre el final.

Entonces el partido se desvirtuó, y aunque el palo salvó a César Taborda en un litro libre de Juan Manuel Vázquez, San Martín estuvo más cerca del 4 a 0 e incluso del 5 a 0 que del 3 a 0: Acosta jugó un gran partido pero es posible que anoche haya soñado con tantas chances que despilfarró.

Fue la única cuota de generosidad de un visitante que cada vez se porta peor cuando sale de la Ciudadela.