"Estamos tranquilos y confiados, pero no relajados”, subraya una y otra vez el profesor Hernán Puerta. Es la línea que el cuerpo técnico viene transmitiéndole desde hace una semana a los jugadores y parte de reconocer que durante el partido de ida Atlético fue superior a El Nacional, lectura que surge de la cantidad de situaciones de gol generadas. “Y eso que no jugamos brillante, porque cometimos errores. Pero ellos tuvieron un solo córner a favor. Por eso, si la revancha fuera en el llano, aún de visitantes, tengo cero duda de que el partido es nuestro”, sostiene el preparador físico. Pero el duelo no será en el llano, sino en la altura de Quito, circunstancia que convierte a Puerta en el hombre a consultar.


“Con la altura no hay nada de mito, es una realidad -enfatiza Puerta-. Cuando jugás ahí la capacidad parcial de oxígeno va disminuyendo. Tenés menos transporte de sangre y cuando pasás los 2.000 metros lo sentís. Por supuesto que cuando más arriba vas, más lo padecés. No es lo mismo jugar en los 2.700 metros de Quito que en los 3.600 de La Paz o en los 4.000 de Potosí. Ahora bien, no todos los seres humanos son iguales. Por ejemplo, hay jugadores con distintos umbrales de dolor, y eso no está ni bien ni mal. Son organismos. Hay gente que come muy sano y tiene los triglicéridos altos porque es una cuestión genética. No hay reglas matemáticas, porque la medicina del deporte no es matemática”.

- ¿Cuáles son las medidas específicas que se planificaron para este emcuentro?

- Lo que hacemos es suplir los efectos de la altura con alimentación, con descanso, con hidratación y con el recaudo de llegar el mismo día del partido. Haciéndolo uno o dos días antes no hay tiempo de adaptación, para eso se necesitan 10 días. Hay quienes hablan de 15. Llegamos justo antes del partido porque el mal de altura comienza a las seis o siete horas en su pico más crítico, aunque apenas llegás ya sentís ciertas diferencias. Pero después hay que jugar al fútbol. Yo no pongo 11 jugadores de bajo nivel a 3.600 metros y le ganan a un equipo profesional. Por más altura que haya, gana el que juega mejor.

- ¿Por dónde pasan esas claves futbolísticas?

- Pasa por plantear una táctica inteligente, realizar el menor desgaste posible y, con tus armas, doblegar al rival. El que jugamos en Tucumán fue un partido atípico, porque en 10 minutos podíamos haber sacado tres goles de diferencia. Se dio de otra manera, listo, fue 2 a 2. No perdimos. Lo importante es que depende pura y exclusivamente de nosotros. Ganando por el resultado que sea pasamos, no hay que hacer tres goles ni esperar lo que ocurra en otro estadio. Es fundamental el convencimiento de los jugadores y en ese sentido el grupo está muy bien, porque es un plantel maravilloso, muy profesional.

- ¿Qué encontraron cuando eligieron trabajar en Tucumán?

- Un grupo unido, de esos que llamo un grupo de hombres, que tiene objetivos muy bien planteados. Son 31 jugadores subidos a un colectivo que va para el mismo lado. Para mí fue excelente el trabajo hecho durante las temporadas anteriores, hasta llegaron a pelear por jugar las instancias finales del torneo. En ese sentido, hubo una gran tarea del cuerpo técnico encabezado por Azconzábal. Siempre digo que lo más importante es el jugador, porque es el que sale a la cancha y toma las decisiones, pero en Atlético las cuatro patas de la mesa -junto a cuerpos técnicos, dirigencia e hinchas- están muy bien puestas. Por lo general uno entra a un club en la mitad de un torneo por culpa de los malos resultados y este no fue el caso. Ahora el desafío es mayor, la vara quedó muy alta.

- Todo en el marco de un fútbol muy especial…

-Hoy lo grupal supera ampliamente a lo individual, si no los equipos con mejor presupuesto saldrían campeones siempre y no es el caso del fútbol argentino. Acá sale campeón Boca o River, pero también Lanús, Banfield y Arsenal. Ni hablemos de equipos como Estudiantes o Central. Cualquiera puede dar pelea. Atlético ganó en la cancha de Boca; les ganó a River, a Independiente, a San Lorenzo. Por ese tipo de cosas me gusta la liga argentina, otras se me tornan aburridas porque terminan festejando los mismos.

- ¿Cómo se siente en Tucumán?

- Tuve la suerte de participar desde adentro del escenario en un Newell’s-Central y siempre dije que el clásico que venía después es Atlético-San Martín. Y no me equivocaba, porque desde que llegué a Tucumán lo sentí de esa manera. Por eso digo que Tucumán es como un Rosario chico, por la pasión con la que se vive el fútbol. Se lo nota en la calle, en el folclore con la gente.