La Casa Histórica fue el epicentro de la fiebre de celebración del Bicentenario: este año recibió más visitantes ilustres y anónimos que nunca, pese a que estuvo cerrada algunos meses. Quizá por ello o por el cambio de Gobierno o por la suma de ambas circunstancias más otras que resultan menos evidentes, la Casa Histórica culmina 2016 con aflicciones que opacan el protagonismo alcanzado. Una serie de posibles irregularidades y dudas detectadas en el manejo del edificio llevó al Ministerio de Cultura de la Nación a tomar medidas que, si bien no pueden ser definidas ni como una intervención ni como una auditoría ni como una investigación administrativa, parecen encaminadas a revisar el desempeño de la Dirección del museo y de la Asociación de Amigos. Por lo pronto sólo puede hablarse de un fortalecimiento de los controles.

La cartera a cargo del ministro Pablo Avelluto desembarcó en la Casa Histórica por medio de un veedor, función encomendada al letrado tucumano Arturo Lazarte. En simultáneo, relevó a la Asociación de Amigos del manejo de los fondos provenientes por la venta de entradas y otros servicios que prestaba en la vivienda originaria de Francisca Bazán de Laguna. En paralelo, estableció la gratuidad tanto para el acceso del público como para el uso del tercer patio decorado con los bajorrelieves de Lola Mora. Eso sí: las autoridades nacionales vedaron el consumo de alcohol en las reuniones y actos organizados en ese ámbito, y dispusieron que las actividades sean autorizadas desde la Ciudad de Buenos Aires. Antes, para alquilar el tercer patio bastaba con el visto bueno de la directora interina Patricia Fernández Murga, y el pago de un precio calculado en función de la concurrencia y de la tarifa de la entrada ($ 40). Si por ejemplo estaba previsto que 100 personas fuesen al cóctel del XVII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva (31 de agosto pasado), los organizadores debían afrontar un canon de $ 4.000.

Familiares despedidos

La Nación asimismo decidió dar otro destino al espacio que la Asociación de Amigos tenía en la Casa Histórica. Esta batería de pautas nuevas incluyó la contratación de un empleado para que controle el ingreso del público y verifique que la entrada sea libre. Fuentes del Ministerio informaron que el objetivo de esa incorporación es determinar por sus propios medios la afluencia de visitantes.

Los cambios, que comenzaron a ser ejecutados en octubre, generaron preocupación e inquietud, y también cierto clima de malestar. La decisión de cerrar las fuentes de ingresos obligó a la Asociación de Amigos a despedir a siete empleados, entre ellos cuatro parientes de Fernández Murga. En 2015, la entidad habría recaudado alrededor de $ 3 millones. El presidente Eduardo de Zavalía dijo que el Gobierno nacional no había compensado aún la disposición de la gratuidad con el envío de fondos suficientes para el mantenimiento de la propiedad, cuyo único recinto original es la Sala de la Jura (se informa por aparte). Esa “sala de partos de la Nación” se mantiene en pie desde finales del siglo XVIII. La directora interina prefirió no hacer comentarios concretos sobre las políticas aplicadas por Cultura, pero sí señaló que los dos últimos años habían sido muy agitados para la Casa, con marchas y contramarchas ligadas a los ciclos políticos (se informa por separado).

Conjeturas y parecidos

“Vamos a avanzar con la normalización de la Casa Histórica y de la Asociación de Amigos, y con el nuevo espectáculo de luz y sonido”, prometió Avelluto a partir de una consulta de LA GACETA. En una declaración enviada por correo electrónico, el funcionario del Gobierno de Mauricio Macri expresó que, tras tomar conocimiento de eventuales irregularidades, el Ministerio de Cultura intervino para transparentar la situación. La producción de este informe coincidió con modificaciones de responsables en la Secretaría de Patrimonio Cultural de la Nación: Américo Castilla concretó el paso al costado durante la semana pasada y todavía no había asumido su reemplazante, Marcelo Panozzo. A la vez Rocío Boffo, titular de la Dirección Nacional de Museos, salió de vacaciones. El veedor Lazarte, por su parte, se excusó de opinar porque su contrato con Cultura acaba de vencer y aguarda las instrucciones del secretario Panozzo.

Las eventuales irregularidades detectadas por la gestión de Avelluto habrían consistido en excesos reñidos con el valor e importancia del museo. Los desbordes parecen ligados al calendario intenso de la Casa Histórica, donde este año hubo acontecimientos casi todos los días (cócteles, actos, vinos de honor, ceremonias oficiales, aperturas y cierres de convenciones, etcétera). En principio, llegaron quejas sobre la prolongación hasta la madrugada de algunas reuniones; sobre los ruidos molestos y sobre el potencial empleo inapropiado de las instalaciones. “Nos dijeron que en algunos casos hasta hubo pistas de baile: entendemos que la Casa Histórica no puede ser usada para ese fin”, ilustró una fuente. También llamó la atención el criterio amplio empleado para alquilar el tercer patio: en principio, Cultura sería de la idea de circunscribir la cesión del lugar a actividades vinculadas de una forma u otra con el proceso independentista, el Congreso de 1816 y la historia argentina.

Pero también hay dudas relativas a los montos de dinero recaudados en el pasado y la rendición de esos fondos en teoría destinados al mejoramiento edilicio. Distintos interlocutores y conocedores de la institución refirieron la versión de “un boletero infiel”. Por cuerda separada, la Provincia negocia con la Nación la restauración del espectáculo tradicional de luz y sonido suspendido en abril, en ocasión del inicio de la refacción por los 200 años de la Declaración de la Independencia (se informa por aparte). A ello hay que añadir diferencias surgidas a propósito del equipamiento de la Sala de la Jura y el inminente llamado a concurso del cargo de Fernández Murga. No se sabe hacia dónde lleva esta coyuntura compleja y difusa, donde intereses diversos coinciden con sospechas de anomalías y reproches de centralismo, pero sí que el presente de la Casa Histórica se parece mucho a la Argentina que festejó el Bicentenario.