La contundencia fue la llave. San Martín golpeó dos veces, en momentos justos. No llegó mucho al arco de Flandria, pero Lentini está de vuelta. En el penal, fue vivo para buscar lejos de Griffo, y después hizo lo que mejor sabe: meterla desde el área chica, a lo Palermo. Casi se lleva la pelota del partido con una contra cerca del final, pero igual ya había cumplido con su cuota.

Los fantasmas de Mendoza y de La Ciudadela se disiparon en Jáuregui. Esta vez no hubo infortunios de último momento por los que se escurriera una victoria segura. También se sufrió, pero Taborda respondió con grandes tapadas y en general estuvo firme. Una solidez que no tuvo la zaga central, a la que le ganaron siempre la espalda: en particular a Moreira al que le costó hacer pie en el campo.

El primer cuarto de hora fue todo de Flandria. A San Martín le costó meterse en el duelo. Y el local aprovechó el tembladeral de la zaga rival, sobre todo con remates desde afuera. Pero el “Canario” está

en horas bajas y le cuesta aprovechar lo que genera. Más sin su goleador Pablo Bueno. Y además, la seguidilla de derrotas en fila (cinco con esta) ha minado la confianza del equipo de Jáuregui.

Después de cada gol, el ímpetu de Flandria se vino abajo. Entonces sobrevinieron los mejores momentos de San Martín, al que le faltó juego asociado y le costó manejar la pelota. De ahí los sofocones. Pero lo que le faltó en conexiones entre jugadores de buen pie, lo tuvo en profundidad con sus laterales: los desbordes de Catalán y Goicoechea en ambos goles, lo prueban.

En los inicios de ambas etapas San Martín fue un equipo largo, con un mediocampo de poca contención e incapaz de neutralizar la presión contraria. El cambio de Mamaní por Abregú en el último cuarto de hora tuvo que ver con este diagnóstico, al igual que el ingreso de Serrano por Rodríguez, tirando al veloz Catalán unos metros más arriba. Incluso, el ex San Lorenzo casi grita al final.

La mentalidad de San Martín fue clave. Por que en una “final” por engordar el promedio, y de visitante, fue consecuente de principio a fin con lo que manda su historia. Quiso los tres puntos y los embolsó con carácter, más allá de una tarde en que no le sobró fútbol. La contundencia de Lentini, el poder de ataque de sus laterales, la solidez de Taborda, lo hicieron por fin sumar de a tres.

ANALISIS

Un triunfo que vale mucho más que tres puntos

Marcelo Androetto - Especial para LG Deportiva

¿Cuánto valen estos tres puntos para San Martín? El lugar común habla de seis, teniendo en cuenta el hilo invisible que lo une a Flandria: son los únicos que dividen puntos por partidos de una sola temporada.

Pero también podrían valer más, a futuro. Porque la victoria 2-0 del equipo de Diego Cagna tiene otros aditamentos: extendió a nueve su racha invicta, volvió a ganar de visitante tras casi dos meses, y además se sacó de encima el lastre de los cuatro puntos que había perdido in extremis en los dos partidos anteriores.

De merecimientos, mejor no hablar. No porque no haya tenido unas cuantas virtudes, y un puñado de rendimientos individuales altos, sino porque su juego no fue demasiado confiable. Incluso un equipo que anda de capa caída como Flandria, último en la tabla de promedios, lo puso en jaque en varios momentos. Pudo pagar caro San Martín su arranque con pulso débil y su enemistad de a ratos con la pelota.

Está claro que el “Santo” necesita seguir mejorando. Incluso el cero en arco propio se debió más a César Taborda que a la firmeza de los defensores. Pero ahora la tabla de posiciones –ni hablar la del descenso- le hace un guiño.

En José María Jáuregui, tierra de industrias textiles, San Martín demostró que, pese a todo, tiene tela para mantener la categoría. Y quizá hilo en el carretel para coser algún sueño.