“Lo bueno es que la cardiología ha avanzado muchísimo en las últimas décadas. Hay un arsenal de medicamentos de última generación muy amplio y eficiente, y un enorme desarrollo biotecnológico que permite advertir las señales precozmente”, destaca el cardiólogo Sergio Perrone, que participó en Tucumán del XII Weekend de Insuficiencia Cardíaca (IC) e Hipertensión Pulmonar y Jornadas Internacionales Calchaquíes de Cardiología. Al hablar de los avances, mencionó como ejemplo un sensor que se instala en el pulmón y permite al paciente desde la almohada y con un clic enviar sus parámetros al médico.

“Como la hipertensión pulmonar es el primer síntoma, permite prevenir cuando el paciente no sintió nada raro”, explica y cuenta un “notición”: junto con especialistas de la tucumana Universidad San Pablo-T están desarrollando un dispositivo -del cual no puede hablar demasiado- que permitirá monitorear síntomas sin necesidad de que el paciente haga nada: “ni ponga el dedo en el celular, ni se acerque a un detector... Será como un “gran hermano del cuerpo humano -cuenta entusiasmado- Todos estos desarrollos permiten que ahora hagamos menos transplantes, porque la prevención da resultados”.

“Ser solo especialistas no permite tratar a los pacientes. Hay que tomarse tiempo para conocerlos y entender qué y por qué padecen”, resalta. Y en su especialidad esa postura es indispensable: la IC puede ser disparada por un montón de motivos (hipertensión arterial, obesidad, tabaquismo, diabetes, taponamientos de arterias... y la lista sigue) y hace falta estar atento a todos.

“Como su nombre lo indica, la IC significa que el corazón no da abasto; no le alcanzan las fuerzas para bombear la sangre. Y en la gran mayoría de los casos, la causa es el infarto del músculo cardíaco”, explica para todo público, y enumera síntomas a los que hay que estar atentos para no llegar al infarto: falta de aire, fatiga fácil, hinchazón de piernas, cambio de ritmo diurético...

Perrone, a quien la Municipalidad de la capital lo nombró ayer ciudadano ilustre, “creció” con René Favaloro. El gran cardiólogo argentino no solo operó a su papá (también médico) sino que fue su maestro. “Además de sus valores éticos, su mejor enseñanza fue dejarme hacer”, cuenta. Y entonces Perrone hizo: se especializó en transplante intratorácico y actualmente es, entre otras muchas, muchísimas cosas, asesor del Fleni, del Sanatorio de la Trinidad Mitre y del Instituto Cardiovascular Lezica; y dirige el Departamento de Cirugía Cardiovascular y Trasplante del Hospital Italiano de Mendoza (donde en su momento operó a Sandro) y el programa de trasplante intratorácico en el Hospital de Alta Complejidad en Red El Cruce, de Florencio Varela, Buenos Aires. Y, lo mejor de todo, nunca dejó de ser “médico”.